Ordenación episcopal

Alocución de
Mons. D. JOSÉ MARÍA CONGET ARIZALETA
Obispo de Jaca

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S.I. Catedral de San Pedro, Jaca
Sábado 21 de abril de 1990

Aunque algunos tengáis que estar cansados por el mucho tiempo que lleváis de pie, y aunque el Nuncio ha dicho cosas muy bonitas, con una Catedral así, yo, en este momento, tenía que deciros algunas palabras.

En primer lugar un acto de fe: ¡Creo en la Iglesia! ¡La Santa Iglesia! Ha sido para mí una vivencia íntima todos estos días pero también un sentimiento profundo en esta celebración. Al veros a vosotros los obispos, que veníais imponiéndome fuertemente las manos invocando la presencia del Espíritu con el Evangelio que me cubría, queriendo que el Espíritu entrara y me hiciera un nuevo Evangelio de Jesús, y al sentir junto a mí a tantos sacerdotes amigos, los que me acompañáis desde Pamplona y me despedís, y a los que con tanto cariño me habéis acogido aquí. El saber que en muchos monasterios están rezando y que hay una presencia rica de religiosos y religiosas en este momento, y al veros a vosotros, al pueblo de Dios, apretados, muy apretados en esta Catedral que nos habla de la Iglesia que nace y vive en Jaca, cristianos de Aragón y Navarra en un fuerte abrazo de Iglesia, solo se me ocurre deciros: ¡Creo en la Iglesia!

Cuando me dijeron de parte del Papa si aceptaba el ser Pastor de esta Iglesia de Jaca, yo me acordé de la Virgen; la Virgen del sí a la que tantas veces hemos rogado, y dije como Ella, «amén» si, pensando que también a mí la sombra del Espíritu me iría acompañando, y desde ese día he sentido una fuerte comunión de los santos en el espíritu del Señor Jesús. Muchos os habéis alegrado y me habéis animado.

Mucha gente ha rezado por mi estos días; muchos habéis sentido el sabor agridulce del amigo que se va, pero no podíais protestar porque en esta marcha jugaba Dios. Desde mis feligreses de San Miguel que me regalaban el báculo y ponían una fuerte cantidad de dinero a los pies de los apóstoles, un buen aguinaldo para los pobres del tercer mundo, que enviaremos a través de Jaca. Hasta muchísimos fieles de la Iglesia de Santa Orosia que me habéis escrito, habéis rezado, me habéis animado; no me lo imaginaba yo. Había mucha ilusión en torno. Yo me quedaba un tanto perplejo. He recibido cartas de América, de África; hay aquí un grupo de amigos de Hyderabad, de la India. He tenido que sentir fuertemente la presencia del Espíritu y renovar mi fe en la Iglesia, que la tengo, y por eso he venido contento a Jaca dejando mi querido rincón de Pamplona.

Muchas gracias a todos. Cristianos de Jaca, el Señor es mi Pastor. Nunca entendáis mi báculo como el bastón de mando; al contrario, es signo del único Pastor. Que el Señor Jesús viva siempre entre vosotros y que yo sea ese signo humilde del Señor Jesús que viéndome revele constantemente al Padre de las Misericordias.

Cristianos de San Miguel, de San Fermín, de Estella ¿qué os diré? He sido muy feliz con todos vosotros. Yo os pediría en esta tarde, como ha dicho el señor Nuncio, que hagáis un «jumellage» de amistad con esta Iglesia de Jaca a la que ya desde este momento pertenezco. Amigos de Pitillas y de Tauste, la Virgen se llama de Ujué y de Sancho Abarca, y la de Estella Nuestra Señora del Puy. Es la Madre de Dios; la seguiremos queriendo siempre aquí y allá. En esta diócesis hay muchos rincones que le rezan a la Virgen con esos apellidos tan familiares como nosotros de siempre hemos rezado, y ha sido una bendición que sea hoy el día de la Virgen de Sancho Abarca, el que yo acceda a este puesto de servidor de la Iglesia en el episcopado.

Muchas gracias a todos. El señor Nuncio ha hablado a todas las autoridades: Aragón, Huesca, Zaragoza, Jaca, Tauste, Navarra, Pamplona, Pitillas… Me gustaría deciros una palabra a cada uno de vosotros; que os quiero a todos de todo corazón. Que seré colaborador noble en las acciones que la Iglesia tiene siempre por el bien común; que encontraréis un mí un buen Padre.

Gracias muy especiales al Papa Juan Pablo II. Lo hemos recordado en la misa; en este momento estará celebrando en Checoslovaquia. A los obispos que han querido venir, era bonito ver como se acercaban sintiendo fuertemente el signo de la Iglesia. Y al señor Nuncio que ha venido como representante del Papa.

Gracias a todos vosotros mis queridos hermanos y gracias al Señor. En definitiva, esta mañana cuando me he despertado lo primero que he dicho ha sido: «El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar». En esta confianza comienzo a vivir contento en esta Iglesia de Jaca, y en esta confianza pido a Santa María que nos ayude a todos para que seamos el verdadero pueblo de Dios. Muchas gracias.

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