Apertura del Año Judicial en la Provincia Eclesiástica de Toledo

Intervención de
Mons. D. BRAULIO RODRÍGUEZ PLAZA
Arzobispo metropolitano de Toledo
Primado de España

braulio-rodriguez-plaza

Toledo, 12 de febrero de 2016

Saludo cordialmente a los vicarios judiciales y a los jueces de los tribunales de la Provincia eclesiástica de Toledo, a los señores abogados y peritos que tan generosamente colaboran en la tarea diaria de la administración de justicia en la Iglesia y nos acompañan esta mañana; a las autoridades civiles, militares y académicas que han tenido la amabilidad de responder a nuestra invitación, y a todos los estudiosos del Derecho canónico que hoy nos honráis con vuestra presencia en este acto sencillo y solemne de la inauguración del Año Judicial.

Igualmente saludo con afecto a D. Roberto Serres López de Guereñu, Vicario judicial del Arzobispado de Madrid, que ha aceptado la invitación de ofrecernos sus reflexiones especialmente al inicio de la puesta en práctica del nuevo Motu proprio Mitis iudex Dominus Iesus.

1. La misericordia de Dios que se acerca al corazón de la familia.

Todos estarán de acuerdo conmigo al afirmar que la familia esta siendo una de las principales preocupaciones del papa Francisco cuando ha querido celebrar dos Sínodos, uno ordinario y otro extraordinario, dedicados específicamente a este campo de la pastoral de la Iglesia. El Santo Padre ha seguido la línea de sus antecesores deseando que la Iglesia se acerque a esta singular y principal “periferia” del mundo actual que en la mayoría de los casos es fuente de felicidad, de humanización y de maduración, pero que puede ser un mundo de dolor, de sufrimiento y de muerte.

La Iglesia siempre ha mirado a la familia como espejo de Dios Trinidad, Dios familia, que a través del Sacramento del Matrimonio, hace que su amor llegue a todos sus miembros. El Magisterio pontificio en este campo es riquísimo. El Concilio Vaticano II y los pontífices contemporáneos han hablado en múltiples ocasiones sobre las detalles y las oscuridades de la familia en la sociedad actual, dándonos sugerentes indicaciones, consejos pastorales y líneas de acción; y, sobre todo, ha animado a las mismas familias, y a tantos fieles, a profundizar y a vivir con gozo las abundantes gracias y beneficios que la institución familiar aporta a la Iglesia y al mundo. La familia no solo es cuna de la humanidad, sino también de la evangelización. El Magisterio ha venido a proclamar el Evangelio de la Familia como fuente de humanidad, de vida, de libertad, de cultura, de presencia de Dios; aún más, la misma doctrina y la liturgia llama a la familia “iglesia doméstica”, donde de alguna manera se hace presente la Iglesia con sus notas de unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad, impregnando de espiritualidad evangélica la vida conyugal y familiar. Así también lo ha expresado el Papa en su reciente discurso a los miembros del Tribunal de la Rota Romana: ‘’La familia y la Iglesia, en ámbitos diversos contribuyen a acompañar al ser humano hacia el fin de su existencia. Y lo hacen sin duda con las enseñanzas que transmiten, pero también con su propia naturaleza como una comunidad de amor y vida. Si la familia puede decirse “Iglesia doméstica”, la Iglesia se aplica correctamente el título de ‘’familia de Dios …Y debido a que es madre y maestra, la Iglesia sabe que, entre los cristianos, algunos tienen una fe fuerte, formada por la caridad, fortalecida por una buena catequesis y alimentada por la oración y la vida sacramental, mientras que otros tienen una fe débil, descuidada, no formada, poco educada, u olvidada’’.

En efecto, la Iglesia es consciente de las sombras que afectan a la familia. El papa San Juan Pablo II, en la Exhortación apostólica Familiaris consortio (nn. del 79 al 85), señaló los casos difíciles que ya se estaban dando en la pastoral familiar, previniendo a los agentes de pastoral y orientando un tratamiento más adecuado. El n. 84 de este documento es especialmente interesante, porque nos ofrece sugestivas reflexiones sobre temas que hoy son de palpable actualidad. Por su parte, el papa Benedicto XVI presidió la Asamblea Sinodal de octubre de 2012, sobre “La nueva evangelización para la transmisión de la fe”, tratando también los problemas actuales que afectan a la familia.

La actualidad está marcada por las dos asambleas sinodales de los años 2014 y 2015, donde el trabajo se ha centrado en la pastoral familiar en todos sus aspectos, y no exclusivamente sobre aquellos que los medios de comunicación han querido resaltar. En efecto, las reflexiones de los padres sinodales no se han centrado únicamente en los temas acerca de la irregularidad canónica de algunos esposos y su posibilidad de acercamiento a los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía. La vida de la familia y la pastoral familiar -aun siendo estos aspectos de trascendental importantes- es mucho más amplia y más rica, abarcando a todos sus miembros con sus peculiaridades, sus necesidades, sus aportaciones y riquezas; y a lo largo de toda la vida, desde la concepción de un nuevo ser hasta su muerte. El horizonte es grande y esperanzador; la vida eclesial y sacramental acompaña el devenir de toda la familia, integrándola en la gran familia de la Iglesia, amasando la vida de los auténticos discípulos y testigos del Resucitado. Por eso, el reto pastoral y evangelizador de la familia es extenso e ilusionante. Esperamos con avidez y deseamos la publicación del documento doctrinal que el Santo Padre nos ofrecerá como fruto de los citados sínodos, animándonos a trabajar con más ahínco en la pastoral familiar: ‘’La Iglesia, por tanto, con renovado sentido de la responsabilidad [dice el Papa], sigue proponiendo el matrimonio, en sus elementos esenciales -prole, bien de los cónyuges, unidad, indisolubilidad, sacramentalidad- no como un ideal para unos pocos, a pesar de los modelos modernos centrados en lo efímero y lo transitorio, sino como una realidad que, en la gracia de Cristo, pueden vivir todos los fieles bautizados. Y por lo tanto, con mayor razón, la urgencia pastoral, que atañe a todas las estructuras de la Iglesia, empuja a la convergencia hacia un propósito común encaminado a la preparación adecuada para el matrimonio, en una especie de nuevo catecumenado, tan deseado por algunos Padres Sinodales’’.

Cuando trabajamos en favor de la familia estamos construyendo el futuro, la humanidad y la sociedad. Fijarnos en los claros-oscuros que con tanta insistencia la opinión pública quiere hacernos creer, desenfocando y manipulando el auténtico mensaje eclesial y evangélico, no aporta esperanza y tampoco resuelve las dificultades conyugales y familiares. La tarea que merece la atención de la Iglesia es la de acercarse a las familias -a nuestras familias reales-, con las manos de la misericordia y la caridad, llevando a cabo lo que el Papa nos dice tan sugerentemente: “La Iglesia tendrá que iniciar a sus hermanos —sacerdotes, religiosos y laicos— en este «arte del acompañamiento», para que todos aprendan siempre a quitarse las sandalias ante la tierra sagrada del otro” (EG n. 169), la tierra sagrada de la familia, de sus miembros, de los esposos y de los hijos, de los mayores y de los recién nacidos, así como de los no nacidos, miembros también de una familia que no han podido conocer.

2. El Motu proprio Mitis iudex Dominus Iesus.

El pasado 8 de diciembre entró en vigor el Motu proprio Mitis iudex Dominus Iesus reformando los cánones del proceso especial para la declaración de nulidad del matrimonio, y añadiendo veintiún artículos cuyo fin es ayudar a los tribunales en la ardua tarea de juzgar. El Santo Padre afirma que es “el desvelo por la salvación de las almas,… lo que impulsa al Obispo de Roma a ofrecer a los Obispos el presente documento de reforma”, tutelando así la “unidad en la fe y en la disciplina” en relación con el matrimonio, “eje y origen de la familia cristiana”; de esta forma expresa su deseo de que la justicia en la Iglesia se convierta en una auténtica pastoral judicial, una verdadera pastoral de misericordia.

En la Exhortación apostólica Evangelii gaudium ya nos dio orientaciones preciosas para llevar a cabo esta tarea, invitándonos a acercarnos al dolor de los hermanos, acariciándolos con los sentimientos de Jesucristo, escuchándoles y envolviéndoles con caridad pastoral. A lo largo del texto encontramos afirmaciones que hacen referencia a las situaciones difíciles y complejas en el seno familiar. Por ello, el Papa, citando a San Ambrosio, dice que «Hay puertas que tampoco se deben cerrar. Todos pueden participar de alguna manera en la vida eclesial, todos pueden integrar la comunidad, y tampoco las puertas de los sacramentos deberían cerrarse por una razón cualquiera…” (n. 47), animando a toda la Iglesia a acercarse al prójimo en su realidad concreta, es decir, haciendo realidad la expresión en la que él tanto insiste: “una Iglesia en salida”.

El nuevo Motu proprio pone de relieve la potestad judicial del Obispo, “juez y médico”, animándole a acercarse al dolor de los matrimonios y las familias en la sociedad actual. Igualmente subraya también el carácter sinodal de la consagración episcopal como medio para ejercer su potestad en comunión con los demás Obispos de la Iglesia católica. La supresión de la duplex conformis, introducida por el papa Benedicto XIV y ahora abolida, supone el ejercicio de la sinodalidad y la unidad en la fe y en la disciplina, como garantía jurídica en los procesos de declaración de nulidad del matrimonio. Por otro lado, la introducción del proceso abreviado para los casos cuyas circunstancias históricas, documentales y testimoniales, hacen evidente la nulidad, al tiempo que los cónyuges están de acuerdo en iniciar el proceso, supone un auténtico y eminente ejercicio de pastoral judicial que mana de la misma consagración episcopal. Ahora bien, considero -y estoy convencido- que el final de todo el proceso, tanto por el camino abreviado como por el ordinario, no debería concluir con la sentencia firme y ejecutoria, sino que las instituciones eclesiales dedicadas a la pastoral familiar deberían acompañar a los cónyuges para sanar las heridas, posibilitar el encuentro con Jesucristo, así como la experiencia familiar en la Iglesia y el gozo de la participación plena en los sacramentos.

En el trabajo cotidiano de los tribunales eclesiásticos se experimenta con frecuencia el dolor y el sufrimiento de los que fueron llamados a vivir el amor esponsal con la específica vocación al matrimonio. La Iglesia, madre misericordiosa, debe y quiere dar una respuesta a todas estas situaciones, siendo el proceso de declaración de nulidad no un mero proceso jurídico, sino también un proceso de sanación, curación e integración plena en la vida cristiana de aquellos que, a causa de su ruptura matrimonial, dejaron o abandonaron la vida sacramental y eclesial. Estoy convencido que el ministerio que prestan los tribunales eclesiásticos es una verdadera obra de amor, de servicio de búsqueda de la verdad y de misericordia. De nuevo citemos las palabras del Papa Francisco: “Cuando la Iglesia, a través de vuestro servicio, se propone declarar la verdad sobre el matrimonio en el caso concreto para el bien de los fieles tiene presente, al mismo tiempo, que aquellos que, por elección libre o por circunstancias infelices de la vida viven en un estado de error objetivo, siguen siendo objeto del amor misericordioso de Cristo y por lo tanto de la misma Iglesia’’.

Dios quiera que esta reforma recientemente aprobada haga retornar a la plenitud de la vida cristiana a tantas personas y familias que por múltiples circunstancias, un día dejaron la Iglesia.

3. Los servicios que la Archidiócesis ofrece en la pastoral familiar.

Nuestra Diócesis de Toledo está empeñada en llevar a cabo un trabajo serio y de largo recorrido en la pastoral familiar que no sólo conlleva la formación y preparación de profesionales juristas, psicólogos y orientadores, sino que también pretende suscitar familias evangelizadoras que lleven a cabo el anuncia explícito del Evangelio a nuestros fieles y conciudadanos. Así pues, el proyecto “Yoentí” para adolescentes, jóvenes, novios y matrimonios, pretende profundizar en la dimensión afectivo-sexual de la persona haciéndole madurar en esta faceta tan importante de la vida; las Escuelas de Familias y los COF´s ofrecen la posibilidad para que cada familia viva su vocación específica, así como el proyecto Family Rock, cuyo objetivo es el acompañamiento pastoral de los recién casados; otros proyectos de evangelización directa como son Family Chef, Family Night, Grupos de oración de madres, etc. promueven el enriquecimiento que supone una fe entregada, testimonial y confesante, robusteciendo los vínculos conyugales y familiares, y haciendo crecer la fe y la gracia de estado que supone el Sacramento del Matrimonio. Por su parte, los proyectos en defensa de la familia y la vida, como es el Proyecto Mater, están posibilitando la atención espiritual y psicológica de las mujeres en dificultad durante la gestación, y sanando las profundas heridas que deja en las jóvenes el drama del aborto.

Todo este abanico de servicios pastorales que someramente he citado y que humildemente estamos ofreciendo, sacan a la luz una realidad rica e ilusionante que ofrece motivos de esperanza sin que por ello olvidemos el dolor y el sufrimiento de los que desgraciadamente no tienen esta experiencia. A ellos nos dirigimos para anunciarles el amor y la misericordia de Dios. Como el Buen Samaritano, la Iglesia quiere vendar sus heridas y llevarles a la posada, a nuestra casa: a la Iglesia. Nunca hemos desistido en el empeño, ni tampoco lo haremos ahora; sin embargo, la actualidad hace que la tarea sea más urgente y necesaria.

Dios quiera que el Año Santo de la Misericordia sea un tiempo de gracia para que la nueva reforma aprobada por el papa Francisco, haga real lo que hemos manifestado. Que este año de gracia suponga para nuestras familias una auténtica renovación que brota de la experiencia misericordiosa del amor del Señor.

4. Palabras finales

Termino mis palabras alentando a las instituciones diocesanas, tribunales, delegaciones, y agentes de pastoral, a continuar con entusiasmo y esperanza trabajando en la Iglesia y para la familia, que en el fondo es trabajar para que la sociedad sea más justa y más humana. Dios premiará todos estos trabajos como Él bien sabe hacerlo.

Santa María, madre de las familias, nos acompañe siempre. Que su solicitud maternal haga que su Hijo convierta el agua en el mejor vino de la boda.

Muchas gracias.

Declaro inaugurado el Año Judicial 2016 de nuestra Vicaría Judicial Metropolitana de Toledo 

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