Jubileo de los contemplativos

Carta de
Mons. D. Juan Antonio Reig Pla
Obispo de Alcalá de Henares

ReigPlaJuanAntonio

Queridas hermanas:

Concluida la cincuentena pascual con la solemnidad de Pentecostés, nuestra Madre la Iglesia nos invita a contemplar el misterio de la Trinidad Santa, en el día «pro orantibus» en el que toda la diócesis de Alcalá de Henares vuelve su mirada hacia los monasterios de vida contemplativa que nos ha legado la tradición.

Todos los católicos, cada uno con sus particularidades, comenzamos a caminar como cristianos atraídos por la gracia y puestos nuestros ojos en el Señor Jesús (Cf. Heb 12, 2). Es la figura de Jesús, del Hijo de Dios, quien ha dirigido nuestros primeros pasos y a quien queremos seguir e imitar. Sus palabras nos llenan de vida y de esperanza. La meditación de su vida es la que nos ha ido introduciendo en el misterio de Dios y nos ha llevado a conocerle como Padre. Desde niños nos hemos dirigido a Él con la oración del Padrenuestro y, casi sin darnos cuenta, nos hemos habituado a sentirlo cerca de nosotros y a confiar en su Providencia.

Al recibir las primeras enseñanzas en la familia y en la catequesis parroquial aprendimos a invocar a la Trinidad con la señal de la cruz y, con esos rudimentos, se nos conducía a penetrar en el misterio inefable de Dios. Creemos en un solo Dios, aprendimos a decir con el Credo, y el mismo Símbolo de la fe nos iba desgranando las verdades referidas a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Al tomar conciencia del recorrido de nuestra vida cristiana, hemos de caer en la cuenta de que es el Espíritu Santo, como maestro interior, quien nos enseña a invocar a Dios como Padre (Rm 8, 15) y es el mismo Espíritu quien nos lleva a confesar a Jesús como Señor (1 Cor, 12, 3). En definitiva, sin la gracia del Espíritu Santo, nuestro conocimiento de Dios sería muy limitado y nuestra vida cristiana no podría remontar el vuelo hacia la contemplación de la Trinidad Santa.

Olvidar la Trinidad o considerar este misterio como irrelevante para nuestra vida sería un déficit que no nos podemos permitir. Toda nuestra vocación como bautizados apunta a la meta de entrar en comunión con la Santísima Trinidad. No se trata de una verdad abstracta. Es lo más íntimo a nosotros mismos, es nuestra vocación fundamental. Jesús lo explicaba a sus discípulos diciendo: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él» (Jn 14, 23). Somos en nuestro cuerpo templos del Espíritu (1 Cor 6, 19) y por el Espíritu viene a habitar en nuestro corazón toda la Trinidad Santa. Dios es, por tanto, quien habita nuestro interior. La comunión amorosa de la Trinidad nos alcanza con el Espíritu Santo, el Amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones (Rm 5, 5).

La oración que suscita el Espíritu Santo en nosotros es el camino para adentrarnos en el misterio de Dios. Y esto, que es común a todos los cristianos, el Señor ha querido que quedara ejemplarizado en las almas contemplativas, aquellas que han sido arrebatadas por el Amor de Dios y quiere conducirlas al Tabor donde se puede contemplar la hermosura de Dios y la belleza del cielo.

Este es el servicio que prestáis, queridas hermanas contemplativas, en los distintos monasterios de nuestra diócesis de Alcalá de Henares, Hoy nosotros, todos los fieles diocesanos, os lo queremos agradecer orando con vosotras y por vosotras. De todas vosotras queremos aprender que el Señor, es lo único necesario (Lc 10, 42) y que su humanidad es el camino seguro para «andar en verdad» y no perdernos en la ruta hacia Dios. Todos los santos, queridas hermanas, han contemplado asiduamente la pasión del Señor y en el rostro del crucificado han podido descifrar la infinita misericordia de Dios. A ello nos invita también el Papa Francisco en este Año Jubilar que resonará de un modo especial el próximo domingo en cada una de las comunidades contemplativas que el Señor nos ha regalado.

Asistiendo a cualquiera de los monasterios de la diócesis, y con las condiciones habituales, los fieles pueden lograr en este Domingo de la Santísima Trinidad el don de la Indulgencia plenaria. Es ésta una ocasión de júbilo para nuestras hermanas contemplativas y es también un modo de manifestar con nuestra presencia el aprecio por quienes interceden por todos nosotros y nos recuerdan donde ha de estar depositada nuestra esperanza.

Queridas hermanas, me dais envidia. No os preocupéis, habéis escogido la mejor parte y no os será quitada (Lc 10, 42).

Con mi bendición.

firma reig pla
Juan Antonio Reig Pla
Obispo Complutense

Alcalá de Henares, 12 de mayo de 2016

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s