XV Domingo del tiempo ordinario (C)

Homilía del
Card. D. Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

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S.I. Catedral Basílica de Santa María, Valencia
Martes 10 de julio de 2016

Muchas veces nos preguntamos, ¿Qué es ser cristiano? ¿Dónde radica lo fundamental del ser cristiano? Las lecturas de hoy nos ofrecen la respuesta. En nuestro catecismo que estudiamos de niños, decíamos que `soy cristiano por la gracia de Dios´ y que ser cristiano es ser discípulo de Cristo. Pues eso es lo que nos dicen las lecturas de hoy. Somos don de Dios, Dios ha puesto en nuestro corazón por pura gracia suya la verdad de lo que somos y hemos de hacer, que, en definitiva es: somos obra de Dios por amor, hechura suya, imágenes y semejanza suya, criaturas suyas por amor, porque El nos ha hecho a semejanza de su corazón, y ha sembrado en nuestros corazones la ley de su amor, el amor con que él nos ama para que nos amemos así. Y esto nos lo ha dado a conocer y palpar en su Hijo, Jesucristo.

Hemos escuchado a San Pablo en la lectura proclamada, que Jesús, es la imagen de Dios, y que conforme a esa imagen nos ha creado. Jesús es el primogenitito de todo lo creado, es nuestra cabeza, cabeza de la Iglesia, el Hombre nuevo enteramente, todo tiene consistencia en Él, a Él se refiere todo, Él es nuestro sentido y el punto donde converge todo, en Él se esclarece todo. Por eso dirá el Vaticano II que al revelarnos Jesucristo el misterio de Dios, nos ha revelado también e indisolublemente al hombre el misterio del propio hombre y nos ha desvelado la grandeza de la vocación a la que hemos sido llamados: la de ser santos e irreprochables ante Él por el amor, que es Cristo mismo.

En el pasaje evangélico que hemos proclamado, le preguntan a Jesús por lo primero y principal: Jesús responde: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y al prójimo como a ti mismo”. Con la lógica del que preguntaba y que iba a ponerlo a prueba, vuelve a preguntarle: “Y ¿quién es mi prójimo?”. Jesús responde con la parábola del Buen Samaritano, que es como responder, “Mírame, ese Buen samaritano soy yo; haz tú lo mismo”. ¿Por qué? Recordad una vez más a San Pablo cuando en la carta a los Filipenses dice: “Tened los mismos sentimientos de Cristo, el cual siendo de condición divina… “. Así es Dios, Él es la imagen, el rostro de Dios: Siente lástima y compasión del hombre malherido, engallado, robado, tirado en la cuneta del camino, abandonado, la gente pasa de largo, da rodeos para no tropezarse con las heridos, los escolios y la exclusión. Pero Dios, no, se acerca, tanto se acerca que se hace uno más de nosotros, asume y se identifica con nuestras heridas y miserias, y sus heridas, originadas por su amor, nos curan; con el bálsamo de su amor, de su caridad, nos cura y nos lleva donde hay calor y cobijo de hogar, donde se prolonga la sanación, en su Iglesia.

Por eso, Jesús, que como hemos escuchado en la segunda lectura, es el modelo y la imagen conforme a la que hemos sido creados, nos dice haz tu lo mismo, o como en la carta a los Filipenses, tened los mismos sentimientos de Cristo: despojarse de sí mismo, tener y sentir compasión y misericordia, no pasar de largo ni dar rodeos, ni aludir pretextos, no tener miedo de acercarnos a las heridas de nuestros hermanos, no hacer teorías sobre las heridas, ni fabricar ideologías sobre las heridas, los heridos, sino hacerse pobre con los pobres de manera real y eficaz, asumir las heridas con las que nuestros hermanos, y curar con la medicina que únicamente puede sanar: la del amor, la de la caridad, la de la misericordia. HAGAMOS LO MISMO, ahí está todo, ahí está la plenitud de la norma de conducta. Vengo de Turín donde he ido a visitar el cenáculo de Madre Elvira para traerlo aquí a Valencia para curar a drogodependientes y heridos por otras heridas y adiciones con los que la vida los ha dañado profundamente, para llevarle la curación de sus heridas con el bálsamo de la caridad que viene de Dios y se obtiene en la oración. Lo que he visto es el amor y la acción de Dios, la acción de Jesucristo, que hoy sigue sanando con la sanación posible que surge de la caridad, obra de Dios, rostro de Dios que vemos en Jesucristo, el Buen Samaritano que se acerca a nosotros y no desdeña de llamarnos hermanos.

Estamos en pleno Año de la Misericordia, del Cáliz de la Misericordia, y no podemos pasar de largo sin escuchar la voz del señor, que identificado con los heridos de nuestro tiempo, nos está gritando no paséis de largo, ved mis heridas, y haced lo mismo que yo hago, curar las heridas, practicad la misericordia. Por eso pido desde aquí a toda la diócesis que nos conceda que vengan aquí a la diócesis estas Comunidades del Cenáculo de la madre Elvira, para curar las heridas de tantos y tantos jóvenes heridos y destrozados por las heridas ocasionadas por esta sociedad nuestra permisiva sociedad que hiere y abandona dejándolos tirados en la cuneta. Pedid de todo corazón para que esta comunidad del Cenáculo pueda estar en medio nuestro próximamente. Son muchos jóvenes y muchas familias las que lo están necesitando. Es una manera de hacer como Jesús nos dice lo mismo que Él y a Él: Tuve hambre… Y también como Pablo nos exhorta, tened los mismos sentimientos de Cristo. Y que confesemos con nuestras obras, que Él es nuestro primogénito en quien nos fijamos y de quien nos fiamos, siguiéndole. Esto es la Eucaristía, se aproxima a nosotros dándonos su Cuerpo y su sangre, su amor, para que amenos como Él mismo nos ha amado, y hagamos lo mismo, lo que celebramos en el sacramento de la caridad, del Amor de los amores.

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