“Aprende a conocer el corazón de Dios en las palabras de Dios”

Carta de
Mons. D. Julián Ruiz Martorell
Obispo de Huesca y de Jaca

Julian-Ruiz-Martorell

Domingo 24 de julio de 2016

Queridos hermanos en el Señor:
Os deseo gracia y paz.

San Gregorio Magno exhortaba: “Aprende a conocer el corazón de Dios en las palabras de Dios”. El lenguaje de Dios es lenguaje de amor. Solamente quien capta el texto de la Escritura como lenguaje de Alguien que le ama, llega a comprender el texto, a comprenderse a sí mismo y a conocer el corazón de Dios. La novedad de la revelación bíblica consiste en que Dios se da a conocer en el diálogo que desea tener con nosotros. Estamos ante el misterio de Dios que se comunica a sí mismo mediante el don de su palabra.

Dedicamos mucho tiempo a leer textos, informes, mensajes, libros recomendados. Y olvidamos el libro más recomendable; mejor, la historia más recomendable: la historia de la salvación, un magnífico conjunto de palabras enamoradas, de expresiones apasionantes, de melodías y ritmos, de profecías y acontecimientos, de poesía y oración, de narración y de imágenes envolventes; una secuencia de parábolas y de milagros, de anuncios y exhortaciones.

La Palabra de Dios es la única que expresa la verdad del hombre, la que desvela y revela su misterio más hondo. Para que el ser humano llegue a su plenitud debe recibir la luz de la Palabra, debe experimentar el fuego de su amor, debe escuchar el sonido de una voz profunda, nunca distinta ni distante, sino más íntima que su propia identidad.

El mensaje de Jesucristo, preparado a lo largo de los siglos y anticipado en la Antigua Alianza, no puede quedar reducido a su tiempo. La Nueva Alianza, definitivamente nueva y mejor, se prolonga en la historia y se actualiza en nuestros días en un anuncio perenne. En la Tradición viva, la Iglesia ha mostrado la unidad del plan divino en los dos Testamentos. El texto de las Escrituras desea alcanzar una meta fundamental: el encuentro con Cristo según el Espíritu. Escribe san Pablo: “nadie puede decir: “¡Jesús es el Señor!”, sino por el Espíritu Santo” (1 Cor 12,3). Cada una de nuestras jornadas debe estar marcada por el encuentro renovado con Cristo, Palabra del Padre hecha carne.

Es urgente escuchar la llamada apremiante y reiterada: “Buscad al Señor los humildes de la tierra, los que practican su derecho, buscad la justicia, buscad la humildad” (Sof 2,3).

Resulta conmovedor escuchar al Señor que nos dice, a través del profeta Zacarías: “Alégrate y goza, Sion, pues voy a habitar en medio de ti” (Zac 2,14). Y con palabras de Sofonías: “El Señor tu Dios está en medio de ti, valiente y salvador; se alegra y goza contigo, te renueva con su amor; exulta y se alegra contigo” (Sof 3,17).

Son muy conocidas las palabras de Isaías: “Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz, que anuncia la buena noticia, que pregona la justicia, que dice a Sion: “¡Tu Dios reina!”” (Is 52,7). Realmente, son dichosos nuestros pies de mensajeros si anunciamos la buena noticia contenida en la Sagrada Escritura, después de haberla escuchado con devoción, de haberla asimilado con pasión, de haberla vivido con intensidad y con la intención de comunicarla a través de una vida coherente.

Volvamos nuestros oídos y nuestra mirada a la Palabra de Dios. Pidamos al Señor que transforme nuestro corazón vacilante y temeroso. La escucha activa nos preparará para comunicar la luz de la Palabra divina con testimonio creíble, entrega generosa y amor evangélico.

Recibe mi cordial saludo y mi bendición.

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