La Canonización de la Madre Teresa de Calcuta en el Jubileo de la Misericordia

Carta de
Mons. D.  Carlos Escribano Subías,
Obispo de Calahorra y La Calzada–Logroño

escribanosubiascarlosmanuel

Domingo 4 de septiembre de 2016

Este domingo, 4 de Septiembre, en el contexto del Jubileo extraordinario de la Misericordia, el Papa Francisco canoniza a la Madre Teresa de Calcuta, fundadora de las Misioneras de la Caridad. Es muy significativo este hecho, ya que el Papa nos propone el ejemplo de esta santa mujer que supo acoger en su vida el don de la misericordia de Dios, para llevarla de manera activa a la vida de los demás, especialmente a los más pobres de entre los pobres.

Toda la Iglesia se alegra en sus santos. Os tengo que confesar que yo lo hago de un modo especial por la mucha devoción que desde siempre he tenido a Madre Teresa. La conocí en 1994 en Roma, el 8 de octubre. Era entonces seminarista y mi obispo me envió a la ciudad eterna a completar mis estudios. Madre Teresa acudió como invitada al Congreso que se realizaba con motivo del I Encuentro Mundial de las familias convocado por San Juan Pablo II. Recuerdo que pasó acompañada con otra Misionera de la Caridad por el pasillo que conduce al Aula Magna de la Universidad Lateranense. Iba a disertar sobre la importancia de la familia cristiana para la sociedad. Al encontrarme con ella me dio una pequeña tarjetita mecanografiada en la que se leía una de sus oraciones más conocidas. El comienzo de su intervención será difícil de olvidar. Con aquella mano delgada, huesuda, blandiendo en ella el Rosario dijo una frase archiconocida pero que llenó de gratitud al auditorio que prorrumpió en un sonoro y dilatado aplauso: “la familia que reza unida, permanece unida”. Desde el tiempo del seminario, siempre me había cautivado la vida y la obra de Madre Teresa. Era una mujer conocida y reconocida. En 1979 había recibido el premio Nobel de la paz.

Después de su muerte y con la publicación de algunos escritos suyos tuvimos la oportunidad de profundizar en su mensaje. Madre Teresa entiende que su vocación es saciar la sed de Dios. De un Dios que no tiene mejor forma de expresar su deseo de ser amado que con la expresión “tengo sed”. Es más profundo que un mero “te quiero” o incluso un “te deseo”. Es como decir: “sin ti no puedo vivir”, “sin tu amor, sin tu compañía, sin tu consuelo, muero de necesidad”. Así, al menos, lo interpreta esta joven religiosa. Dios nos ama hasta el punto de no saber vivir sin nosotros. Por ello, su Hijo se encarna en el seno de María y toma la condición del hombre; por ello, su vida culmina con la entrega más absoluta que el hombre puede hacer: dando su vida en rescate por la nuestra. Y puesto que no es la sed de un hombre cualquiera sino que es la sed del Hombre-Dios, de Aquél que ha unido en su persona la naturaleza divina y la humana, esa sed es infinita, como es infinito su amor, su deseo de entrega, su decisión de salvar al hombre.

El corazón de Madre Teresa se siente cautivado por la experiencia de un amor que se ha ido acrecentando de manera paulatina. El sentimiento que surge en el corazón de la Santa de Calcuta ante la experiencia de la pasión de Cristo, le lleva a no soportar el dolor del amado crucificado y a querer paliar en la medida de sus fuerzas esos sufrimientos. La sed de Cristo que suscita su conocido “yo te saciaré”, en el fondo es expresión de una experiencia interior de amor que se concreta en su historia personal y en la historia de las personas a las que sirve, llevándola a una identificación prodigiosa entre Cristo que sufre y los pobres.

Pero ¿cómo saciar la sed de Dios? En el corazón de Madre Teresa toman fuerza las palabras de Jesús: “a mí me lo hicisteis”. “Porque tuve hambre, y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estuve desnudo y me vestisteis, era forastero…” (Mt 25, 31 – 40). Sí, Madre Teresa descubre que el modo concreto que ella va a tener para saciar la sed del Señor es saciar la sed de los pobres. Por ello el cuarto voto que realizan las Misioneras de la Caridad, es lo que define con más precisión la espiritualidad de saciar la sed de Dios. Si Cristo está presente en los pobres, hasta el punto de identificarse con ellos, el modo más inmediato de saciar la sed de Cristo que padece, es unirse al sufrimiento de quienes no tienen nada y ser para ellos presencia, caricia y misericordia de Dios.

Os invito a conocer su persona, su obra y su pensamiento. Puede ser una excelente guía en este tramo final del Año de la Misericordia que clausuraremos en breves semanas. ¡Santa Teresa de Calcuta, ruega por nosotros!

escribano_firma
Carlos Escribano Subías
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s