Saludo a la Iglesia que peregrina en Mallorca

Carta de
Mons. D. Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona
Administrador apostólico de Mallorca

taltavullangladasebastia

Barcelona, 8 de septiembre de 2016

Queridos hermanos y hermanas:

Cuando he tenido noticia del encargo que me ha confiado el papa Francisco como Administrador Apostólico de la Iglesia de Mallorca, me he puesto a disposición del Señor y de todos vosotros para acompañaros con humildad y fidelidad en el camino que estáis recorriendo como comunidad creyente en bien de la sociedad mallorquina, con el objetivo de hacer presente a Jesús y su Evangelio. La verdad es que lo hago con todo el amor de lo que somos capaces, pero también con el miedo de tener que responder a los retos que en estos momentos se nos presentan, tanto si estos retos son propios de la institución eclesial como si provienen del entorno humano y social que vivimos. Desde mi servicio pastoral, es con vosotros que quiero hacerlo bien.

Lo que sí creo que tengo claro es que el hoy de nuestra sociedad y de los cristianos dentro de ella, es fascinante y entusiasmador para hacer que nuestra vida de creyentes en Cristo sea palabra y gesto que atraigan, interpelen y animen a cualquier persona, sea creyente o no. No somos una entidad privada que se recluye en ella misma, si no que queremos ser esencia de transformación evangélica. En este momento, percibimos que hay muchas personas que dudan, pero también hay muchos otros que dudan de sus dudas, y tanto unos como otros quizás buscan sinceramente un sentido que oriente su vida, un acompañamiento que los aliente, una amistad que los haga entrar en sintonía, que los integre socialmente y cree ataduras de buena vecindad y de comunión fraternal.

Me adhiero de todo corazón al papa Francisco cuando dice que “Jesucristo puede romper los esquemas aburridos en los que pretendemos cerrarlo y nos sorprende en su constante creatividad divina. Cada vez que intentamos volver a la fuente del Evangelio surgen nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovación significado para el mundo actual” (EG 11). Es a este intento que os invito: volver juntos a la fuente del Evangelio para captar qué novedad nos presenta cada día, asumirla y trabajarla. Qué bien si nos ayudamos mutuamente a descubrirlo, llevarlo a la oración, comunicárnoslo y celebrarlo. Lo que decimos y hacemos no es obra nuestra, sino que es Dios que nos ha amado primero, da vida y hace crecer.

Nuestra responsabilidad y alegría conjuntamente, es querer sembrar el bien, con buena intención y en medio del inmenso campo de nuestra realidad secular, ya que, como dice Francisco, “la alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie (EG 23). Es por esto que dedicamos más tiempo a “salir”, a anunciar el Evangelio a todo el mundo y no tanto a la discusión y entretenimiento enfermizo sobre cuestiones internas. Lo quiero decir con palabras que en este Año Jubilar toman un sentido muy especial: una Iglesia en salida “vive un deseo inagotable de brindar misericordia, fruto de haber experimentado la infinita misericordia del Padre y su fuerza difusiva (EG 24). El deseo es que “todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están” (EG 25). Tenemos que hacer que la misericordia sea el antídoto contra la indiferencia y contra toda obsesión individualista.

Mi salutación, que es para todos sin ninguna excepción –quiero tener la ocasión de hacerlo personalmente durante el tiempo que el Señor disponga- se une a la voluntad que mi ejercicio de pastor no sea nunca ni exclusivo ni excluyente. Todos y todas tenemos un papel específico que hacer, según la vocación a la que Dios nos llama. En la Iglesia no somos solo colaboradores, aunque esto conlleve una plena y generosa dedicación: más bien, todos somos corresponsables, la cual cosa quiere decir que estamos implicados como Jesús en su momento. He aquí el estilo que nos pide el papa Francisco que nos llevará al acompañamiento y a dar fruto: “La comunidad evangelizadora se hace con obras y gestos en la vida cotidiana de los otros, recorta distancias, se reduce hasta la humillación si hace falta, y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo” (EG 24). Por esto, arraigados a nuestra sociedad mallorquina, nos preocupa todo: la educación, la sanidad, la falta de trabajo, el ámbito de los jóvenes y de las familias, la indiferencia religiosa, las diferencias y la exclusión social, la violencia verbal y física, la preservación de los espacios naturales, el fenómeno del turismo, el compromiso político y la necesidad de diálogo constructivo, los agentes económicos, el mundo mediático, de la universidad y la cultura, cualquier irresponsabilidad propia y ajena… Y nos preocupa sobretodo como estar presentes y activos para poder influir positivamente desde nuestra fe, ofreciendo lo mejor del Evangelio hecho vida en nosotros y en tantos otros, con quien compartimos valores, sentimientos, convicciones y opciones. Disculpad que haya sido tan directo, pero es urgente que seamos fieles al mensaje que tenemos que comunicar y a los gestos que lo tienen que hacer creíble. Somos débiles, yo el primero, y en todo momento necesitaremos la ayuda del Señor y el apoyo mutuo como miembros de un mismo cuerpo donde nadie puede prescindir del otro. Hay un misterio de comunión que, queramos o no, nos tiene atrapados. La caridad me obliga a decir con el papa Francisco que “no quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que acabe clausurada en un lío de obsesiones y procedimientos. Si una cosa tiene que inquietarnos santamente y preocupar nuestra consciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesús, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y vida” (EG 49). Hagamos el esfuerzo de estar a su lado.

Todo tiempo es importante y de toda ocasión tenemos que sacar el bien. Hagámoslo siendo personas de buen trato. No demos lugar a rebajas sobre lo que tenemos que vivir y comunicar como seguidores de Jesús y como miembros de un cuerpo vivo del que todos formamos parte. Sepamos –como dice San Pablo- que cuando un miembro sufre, todo el cuerpo sufre con él i lo pasa mal; y cuando uno se alegra, todo el mundo se alegra con él. Qué bien si lo vivimos así. Desde este misterio, mezcla de debilidad y comunión que es la Iglesia, os pido que roguemos unidos para que se nos conceda aquella actitud sinodal –que significa voluntad de “andar juntos”- que haga posible realizar lo que el Señor hoy nos pide a todos como conversión pastoral y, a cada uno, como conversión personal.

Mi deseo de pastor es que en esta aventura nos sintamos gozosamente implicados y animados a hacerlo, regalándonos estimación y confianza los unos con los otros. Y mi recuerdo afectuoso por los pastores que he conocido y que me han precedido en esta Sede, el obispo Teodor Úbeda, el obispo Jesús Murgui y el obispo Xavier Salinas. Contaran siempre con mi plegaria y afecto fraternal. Para la intercesión del beato Ramon Llull, hombre de nuestra tierra, nos dirigimos con confianza filial a la Virgen de Lluc con esta plegaria: sed la luz divina que ilumine nuestro camino”. Y, pidiéndoos vuestra bendición, contad también con la mía que os hago llegar sobre cada uno y sobre esta tierra de Mallorca que Dios ama”.

Un abrazo fraternal en Cristo,

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✠ Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona
Administrador apostólico de Mallorca

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