La solidaridad de las almas

Carta de
Mons. D. Jaume Pujol Bacells
Arzobispo de Tarragona

PujolBalcellsJaume

Domingo 11 de septiembre de 2016

La última de las obras de misericordia espirituales no es la más pequeña: rezar por los vivos y los difuntos. Es la solidaridad de las almas, mediante la oración de intercesión por la que unos rezamos por los otros.

El Papa Francisco acostumbra a decir: «Recen por mí». No es una frase hecha, sino una necesidad que tiene de ser acompañado espiritualmente por el pueblo cristiano. Y a la vez comenta muchas veces: «Te encomendaré en mi oración.»

Esta donación, a veces intercambio, se basa en que formamos parte, de modo inefable, de este cuerpo de Cristo que es la Iglesia en el que no rige la ley del «sálvese quien pueda», sino la ley del amor.

Benedicto XVI señaló: “El hombre no dialoga en solitario con Dios; el diálogo cristiano pasa precisamente por los hombres, se da en el cuerpo de Cristo”.

Reflexionemos sobre lo que supone esta obra de misericordia. La caridad con el prójimo, que es el gran mandamiento que la Nueva Ley equipara al primero de «amar a Dios sobre todas las cosas», no se agota en dar comida, o ropa usada o dinero al necesitado; tiene también otra forma de solidaridad todavía más elevada: rezar a Dios por los demás.

Estas oraciones no van destinadas, como podría parecer, a ablandar el corazón de Dios, como si su amor necesitara de nuestro concurso para ser operativo, sino que en primer lugar ensanchan nuestro propio corazón, librándolo de las tentaciones de egoísmo; pero son además expresión de amor hacia las demás personas. ¿Qué mejor regalo podemos hacerles que tenerles en nuestra mente y hacer nuestras sus preocupaciones y necesidades?

¡Cuántas personas se han conmovido, y muchas se han convertido, al saber que otras rezan asiduamente por ellas, incluso que ofrecen sacrificios para su bien espiritual, y que, si es el caso, ofrecen sus enfermedades u otras penalidades para que otros sean felices en esta tierra y en el cielo.

La oración podemos ofrecerla también por los difuntos. El amor es más fuerte que la muerte, y la barrera del sepulcro no interrumpe la comunión de los santos. ¡Qué consuelo ofrece esta creencia basada en palabras del mismo Jesucristo! Cuando asistimos a una misa de funeral, el oficiante suele poner la resurrección de Cristo como prenda y garantía de nuestra propia resurrección. No son palabras de consuelo simplemente, sino expresión de fe en el poder de la oración y seguridad en la promesa de Jesucristo que para quienes aman a Dios la vida no termina, sino que se transforma.

pujol_firma
Jaume Pujol Bacells
Arzobispo de Tarragona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s