Plan Diocesano de Pastoral

Carta de
Mons. D. Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

morgairuzubietacelso

Domingo 11 de septiembre de 2016

Queridos fieles,

Después de la pausa veraniega retomo la tarea pastoral como Pastor, con un deseo renovado de servir lo mejor que pueda a esta Iglesia de Mérida-Badajoz, que el Señor me ha confiado.

Estamos iniciando este año el Plan Diocesano de Pastoral que nos ayudará a trabajar todos juntos en la misma dirección, con unidad de intentos para extender y consolidar el Reino de Cristo en nuestra tierra extremeña. Sabemos por la filosofía y la teología y, sobre todo, por el sentido común, que el hombre se propone siempre fines y se proyecta en ellos. Proyectar el futuro, tanto a nivel personal como comunitario, es decisivo para vivir el presente. Esto, que es verdaderamente decisivo para la cuestión fundamental del ser humano como es el saber qué será del hombre después de la muerte, lo es también, a otra escala, para su trabajo y sus ocupaciones en este mundo; en nuestro caso, a nivel de Iglesia particular, para nuestro trabajo evangelizador.

Iniciamos este primer año del Plan Diocesano queriendo reforzar y consolidar la comunión eclesial. Este será el objetivo fundamental del primer año. Vivir la comunión eclesial y poner todo el empeño a fin de que se viva en nuestra comunidad eclesial, a todos los niveles, es fuente de vida cristiana para todos los que formamos parte de esta Iglesia particular de Mérida-Badajoz.

La comunión eclesial hace posible que la abundancia de la gracia de la Santísima Trinidad se difunda sin obstáculos entre todos los que formamos parte de la Iglesia y da la fuerza y la alegría para difundir el Evangelio propia de la unión entre hermanos y hermanas en Cristo.

Cada una, cada uno, debe sentirse, a pleno título, integrado en esta familia diocesana, formando parte de un proyecto común, que trae su origen del mismo Cristo Jesús, versos de un mismo poema. Si somos capaces, con la ayuda de la gracia de Cristo, de reforzar nuestra comunión eclesial nos sentiremos también más responsables, a nivel personal y comunitario, en la tarea común, sin que nadie se sienta desplazado, inútil o desaprovechado, sino ilusionado y ayudado para tomar parte en aquella tarea concreta que le ha tocado, para conseguir el fin común.

La comunión de los bautizados, que intentan vivir coherentemente la fe en Jesucristo, mediante el amor fraterno e intentan transmitirla a todos, es un Artículo de fe integrado en el llamado “Credo de los Apóstoles”: “Creo en la Santa Iglesia católica, la comunión de los santos…”. El Catecismo de la Iglesia Católica subraya cómo estas dos verdades del Credo -la Santa Iglesia católica y la comunión de los santos- en realidad no se distinguen, son la misma verdad de fe porque la comunión de los santos es precisamente la Iglesia (CIC, n. 946). Lo más nuclear del misterio de la Iglesia, entrelazada con su estructura jerárquica, según el capítulo III de la Constitución conciliar Lumen Gentium, es la unión, la comunión con Dios y con los demás fieles. De ahí que la expresión “comunión” sea reconocida por la teología contemporánea como una de las mejores, si no la mejor, para definir la Iglesia. Esta será nuestra tarea en este primer año pastoral del Plan diocesano: os pido de corazón un esfuerzo, con la gracia de Dios, por reforzar, vivir, gozar de la comunión eclesial. Como dice la Escritura, un hermano que ayuda a otro hermano es como una ciudad firme, consolidada, segura.

Con mi bendición.

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