Acercar el don de la misericordia de Dios a nuestro pueblo

Carta de
Mons. D.  Carlos Escribano Subías
Obispo de Calahorra y La Calzada–Logroño

escribanosubiascarlosmanuel

Domingo 18 de septiembre de 2016

La Misericordia de Dios, que es siempre más grande que cualquier pecado, debe llegar a los corazones de todos los creyentes, también al tuyo y al mío, y debe iluminar, a través nuestro, a tanta gente que peregrina a nuestro lado en el camino de la vida. Este Jubileo extraordinario de la Misericordia convocado por el Papa Francisco es un tiempo propicio para que esto ocurra: es un tiempo de gracia y conversión.

El pasado 8 de diciembre comenzamos a vivirlo con la apertura de la Puerta Santa, por el Papa Francisco, en la Basílica de San Pedro en Roma. Pero el Papa ha querido aproximar a todo el Pueblo de Dios la posibilidad de vivir muy de cerca el don del Jubileo de la Misericordia, acercando la celebración del mismo a todas la diócesis. Para ello ha pedido que también en todas las Catedrales del mundo se prepare y abra la Puerta Santa de la Misericordia. Esta apertura es un signo que nos recuerda que, ante la realidad del pecado, Dios responde siempre con la plenitud del perdón. Así, cada Iglesia diocesana se siente especialmente comprometida a vivir este Jubileo como un momento extraordinario de gracia y de renovación espiritual.

Nuestra diócesis cuenta con las Catedrales de Calahorra y Santo Domingo de la Calzada y la Concatedral de Logroño. Atravesar la Puerta Santa se convierte en una gozosa invitación a ser “misericordiosos como el Padre”. “La gran puerta de la Misericordia de Dios —y esa es una puerta hermosa—, que acoge nuestro arrepentimiento ofreciendo la gracia de su perdón. La puerta está generosamente abierta, pero es necesario un poco de coraje por nuestra parte para cruzar el umbral. Cada uno de nosotros tiene dentro de sí cosas que pesan. ¡Todos somos pecadores! Aprovechemos este momento que viene y crucemos el umbral de esta misericordia de Dios que nunca se cansa de perdonar, ¡nunca se cansa de esperarnos! Nos mira, está siempre a nuestro lado. ¡Ánimo! Entremos por esta puerta”. (Francisco, Audiencia General, 18-11-2015). Cualquiera que la atraviese debe experimentar el amor de Dios que consuela, que perdona y que ofrece esperanza. Es un momento de comunión y renovación espiritual. Atravesar la Puerta Santa requiere de una serena toma de conciencia. No es un gesto vacioo meramente formal. Es pedir a Dios que nos abrace con su misericordia, comprometiéndonos nosotros a ser misericordiosos con los demás.

El deseo del Papa es que el perdón y la gracia lleguen a todos los corazones. Por eso, y por primera vez en la historia en el contexto de un Año Jubilar, “a juicio del Ordinario, ella (la Puerta de la Misericordia) podrá ser abierta también en los Santuarios, meta de tantos peregrinos que en estos lugares santos con frecuencia son tocados en el corazón por la gracia y encuentran el camino de la conversión”. (Misericordiae Vultus 3). Por ello en nuestra diócesis, se abrió también la Puerta de la Misericordia en el Monasterio de Valvanera.

Los cuatro lugares son un una invitación a peregrinar y vivir con intensidad este año jubilar. “La peregrinación es un signo peculiar en el Año Santo, porque es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia. La vida es una peregrinación y el ser humano es viator, un peregrino que recorre su camino hasta alcanzar la meta anhelada. También para llegar a la Puerta Santa en Roma y en cualquier otro lugar, cada uno deberá realizar, de acuerdo con las propias fuerzas, una peregrinación. Esto será un signo del hecho que también la misericordia es una meta por alcanzar y que requiere compromiso y sacrificio. La peregrinación, entonces, sea estímulo para la conversión: atravesando la Puerta Santa nos dejaremos abrazar por la misericordia de Dios y nos comprometeremos a ser misericordiosos con los demás como el Padre lo es con nosotros”. (Misericordiae Vultus 14).

Peregrinar y pasar la Puerta Santa debe movernos a recibir el perdón de Dios, especialmente en el sacramento de la Penitencia y, con el corazón renovado por la misericordia de Dios, vivir con determinación tanto las obras de misericordia corporales como las espirituales.

Os animo a seguir viviendo este Año Jubilar y aprovechar la magnífica oportunidad de poder atravesar la Puerta de Misericordia en nuestra diócesis, para pedir con humildad el don de llegar a ser “misericordiosos como el Padre”.

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Carlos Escribano Subías
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

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