Misa por la asamblea anual de Confer-Coval y Diocesana

Homilía del
Card. D. Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

confer-int3

Parque Colegio Santa Ana, Valencia
Sábado 24 de septiembre de 2016

Queridos hermanos y hermanas que pertenecéis a CONFER COVAL y que hoy os reunís en Asamblea anual representáis a la vida consagrada, a la vida religiosa en diferentes carismas suscitados por el Espíritu Santo en la Iglesia, en congregaciones e institutos de vida religiosa; como CONFER sois órgano de comunión, coordinación, ayuda mutua, entre los diferentes carismas: Bienvenidos seáis todos cuantos esta mañana os habéis reunido en este encuentro. Representáis una porción muy cualificada del Pueblo de Dios que peregrina en esta Diócesis; representáis, en efecto, a aquéllos que, habiendo sentido la llamada del Señor a una vida de especial consagración y de seguimiento radical del Evangelio, con la gracia del Espíritu, tratáis de seguir el camino de los consejos evangélicos en la rica variedad de los carismas que embellecen a la Iglesia con los dones del Espíritu Santo y la preparan para desarrollar la misión universal del Evangelio; trabajáis en diversos campos pastorales: docente, sanitario, asistencial, misionero, o prestáis colaboración inmediata a la pastoral parroquial.

Os confieso mi gran alegría y satisfacción de recibiros y saludaros conjuntamente, os expreso mi gozo grande por este encuentro. Sabed que estoy con vosotros y que cuento enteramente con todos. Deseo aprovechar esta ocasión para agradeceros públicamente vuestra entrega apostólica y vuestra colaboración en la edificación de la Iglesia en Valencia. Mi aprecio, admiración y reconocimiento, como no puede ser de otro modo, es muy grande hacia la vida consagrada, tan fundamental en la Iglesia y tan necesaria en los momentos actuales, necesitados del testimonio de que sólo Dios y su Reino es necesario, de los consejos evangélicos, de una vida de comunidad que haga presente los signos propios de la comunidad cristiana en medio de los hombres, y de una vida consagrada al servicio de los más pobres y a la evangelización, que hoy ha de ser nueva y como en los primeros tiempos, con el mismo ardor, con la misma fuerza en el Espíritu y con la misma convicción que entonces. ¡Gracias por todo, por vuestra oración, por vuestro trabajo, y, sobre todo, por vuestra vida consagrada!

Nuestra sociedad necesita cada día más de vosotros y vosotras, consagrados y consagradas al Señor; nuestra sociedad tiene ciertamente necesidad de hombres y mujeres que, en una vida consagrada, den testimonio de Dios vivo ante un mundo que lo niega u olvida, que afirmen con sus vidas y su palabra, sin rodeos y sin complejos, el amor de Dios a todos y a cada uno, singularmente a los pobres y a los más pobres; que muestren los más altos valores espirituales, a fin de que a nuestro tiempo no falte la luz de las más altas conquistas del espíritu; que nos traigan a la memoria algo que solemos olvidar fácilmente que en el mundo venidero “Dios lo será todo en todos”. Vidas de hombres y mujeres consagradas son una de las señales más elocuentes de la presencia y soberanía de Dios en este mundo y de la libertas de sus hijos. Nuestro mundo tan cerrado sobre sí mismo a Dios necesita como nunca de estos testigos que representáis los que habéis seguido la llamada y, por el Espíritu, os habéis consagrado al Señor.

La vida consagrada, vosotros y vosotras, estáis en el corazón mismo de la Iglesia como elemento decisivo para su misión; constituís un don precioso y necesario para el presente y el futuro del Pueblo de Dios, porque pertenecéis íntimamente a su vida, a su santidad y a su misión; al mismo tiempo, indicáis la naturaleza misma de la vocación cristiana y la aspiración de toda la Iglesia a la santidad, es decir, a la unión con su Señor. Sois para el mundo lo reconozca éste o no el signo de una presencia viva y operante, la de la Iglesia, esposa de Cristo. Por todo ello, por todos vosotros y vosotras, quiero dar gracias al Señor. Por vuestra aportación a la Iglesia en Valencia. ¡Cuántas gracias habremos recibido por la oración oculta y fiel de tantas religiosas de vida contemplativa, que aunque no están físicamente aquí, se hallan tan unidas siempre, y en especial en esta mañana, al misterio divino que celebramos! ¡Cuánta energía espiritual y apostólica, procedente de vuestros diversos carismas, será la clave para entender la edificación de la Iglesia y de su fecundidad apostólica!

Permitidme una exhortación, salida de lo más vivo de mi corazón que os quiere y admira ¡Vivid con radicalidad vuestra consagración al Señor! Por vuestra vocación y especial consagración estáis llamados a expresar de manera más plena el misterio de la encarnación y redención de Jesucristo. A ser, unidos a Él y por El, luz que-alumbre las tinieblas de nuestro mundo, luz puesta en lo alto del monte para que alumbre a todos y sea faro y norte a dónde dirigir los pasos del hombre de hoy. Vivid, sencillamente, lo que sois: signo perenne de la vocación más íntima de la Iglesia, recuerdo permanente de que todos estamos llamados a la santidad, como Dios es santo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s