Clases de Religión y Ntra. Sra. de la Merced

Carta de
Mons. D. Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

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Domingo 25 de septiembre de 2016

Queridos fieles,

Hay dos temas que me gustaría tratar en este numero de Iglesia en camino. El primero se refiere a la educación. Acabamos de inaugurar un nuevo curso en los colegios de nuestra Archidiócesis y muchos jóvenes han vuelto a las aulas después del periodo estival. Quisiera transmitir a todos los profesores, educadores, alumnos mi deseo de un curso fecundo y sereno. Sueño con centros educativos que transmitan no solo conocimientos técnicos, sino que ofrezcan una autentica formación humana, formando hombres y mujeres con un desarrollo integral de su personalidad, capaces de asumir los compromisos que hagan posible una convivencia justa y pacifica en nuestra sociedad.

A este respecto me parece muy importante que la clase de Religión no sea maltratada. Por desgracia, y lo digo con dolor, nos hemos visto obligados los obispos de Extremadura a recurrir al Tribunal Superior de Justicia de Extremadura contra la reducción del horario lectivo de Religión prácticamente al 50% en dos de los cursos de Secundaria.

Pido a quienes rigen en estos momentos la Junta de Extremadura que recapaciten para desterrar toda beligerancia en esta materia. Se tata de una materia de libre elección, que dejaría de impartirse el día en que no fuese libremente solicitada. Este simple dato nos está diciendo que maltratar la clase de Religión, a la postre, perjudica a la democracia. A mí me parece simplemente una falta de consideración a esos padres que -repito- con libertad piden esa asignatura para sus hijos y, en nuestra región, su numero es alto; pero, aunque fuesen pocos, su elección merece todo el respeto y consideración, teniendo en cuenta que la asignatura de Religión ofrece unos conocimientos indispensables para conocer nuestra historia y cultura, pero además tiene unos valores altos para formar personas pacificadas con sí mismas y portadoras de un elevado sentido de la apertura a una convivencia social pacífica y abierta a las necesidades sociales a las que todos debemos prestarnos con generosidad.

El segundo tema es recordaros que el próximo 24 de septiembre es la fiesta de Nuestra Señora de la Merced. Celebraré la santa Misa en la cárcel el domingo 25. Iré llevando el amor de toda la Archidiócesis a estas personas. Hablando con ellos, a veces se constata que ya estaban privados de libertad antes de entrar en la cárcel; que hay personas reclusas sin delitos graves pero sí problemas de adiciones y de exclusión social.

Quiero agradecer de corazón la labor de Cáritas Diocesana y de los voluntarios que, junto a los dos capellanes de nuestra Archidiócesis, desarrollan una labor preciosa y perseverante también con las familias de los reclusos. Algunos de ellos llevan muchos años yendo regularmente a la cárcel para llevar, no solo consuelo y compañía, sino también formación humana y profesional que les pueda ayudar una vez que salen de la cárcel.

No me extiendo más, pero hemos de tenerles muy presentes, al menos en nuestra oración porque son los más vulnerables de los vulnerables.

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Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

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