275º Aniversario de nuestro Seminario: Gracias Señor

Carta de
Mons. D. Jesús Murgui Soriano
Obispo de Orihuela-Alicante

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«Te Deum laudámus, te Dóminum confitémur». «A ti, oh Dios, te alabamos, a ti, Señor, te reconocemos». Estas palabras expresan la enorme gratitud que despierta en mí la consideración del gran acontecimiento que celebraremos durante este curso en nuestra querida diócesis: el 275 aniversario de la fundación del Seminario Diocesano de Orihuela. Y al hacer memoria, que es mucho más que recordar, contemplo la identidad profunda de esa Institución que ha llenado de vida la historia de nuestra iglesia diocesana. Y al contemplarla, le agradezco al Señor la gran misericordia que ha tenido con nuestra tierra al regalarle el Seminario, donde tantos sacerdotes han madurado su vocación, y se han formado enamorándose del mensaje y la persona de Cristo.

«Te Deum laudamus»
Una mirada agradecida al pasado

El Señor actúa a través de mediaciones humanas que, sabiéndose en sus manos y queriendo ser dóciles a su voluntad, se convierten en instrumentos de su gracia. Es el momento de agradecer la labor de todos los que han hecho posible la historia de nuestro Seminario.

El primero, el obispo Juan Elías Gómez de Terán. Con una fe inquebrantable y un corazón magnánimo, quiso llevar a la práctica el Decreto sobre la Fundación de Seminarios del Concilio de Trento (can.18 de reforma, ses.23). El lugar escogido, el monte de San Miguel en Orihuela. Año de la fundación, 1742.

Él quiso que cuatro imágenes dieran la bienvenida a los seminaristas en la hermosa fachada, en la puerta de acceso al Seminario. Fueron puestas allí para que el candidato al sacerdocio centrará su formación espiritual y ascética desde su llegada: la cruz, de donde viene la salvación; el corazón de Cristo, fuente y modelo de la vida sacerdotal; la Inmaculada, cuya devoción custodia la belleza de un alma que quiere ser totalmente de Dios; y San Miguel venciendo al diablo en forma de dragón, para que el futuro sacerdote se sienta protegido por el Mensajero de Dios de las acechanzas del Maligno. Estos iconos acompañarán a nuestros sacerdotes a lo largo de toda su labor ministerial. Los verán aparecer frecuentemente en la vida de tantos feligreses, y también en sus propias vidas. Con corazón agradecido me gustaría tener presente a cada uno de los sacerdotes que han configurado la fisonomía de nuestro Seminario. Pienso en los rectores, formadores, administradores, profesores. A lo largo de estos 275 años han sido tantos los sacerdotes que han dejado allí su juventud, su salud, su vida. Y con ellos también los desvelos de tantos obispos que han querido dedicar sus mejores esfuerzos al Seminario. También agradezco al Señor la labor sacrificada de tantas religiosas y personas seglares que han gastado su tiempo para que allí se respire un clima de serenidad, paz y alegría.

«Te Deum laudamus»
Una mirada apasionada al presente

Celebrar este aniversario no es sólo mirar atrás con memoria agradecida. Es percibir que este hermoso «árbol», plantado en el campo del Se- ñor, está en pie porque tiene raíces. Es verdad que sufre las inclemencias del tiempo. Es verdad que no siempre es primavera. Es verdad que el otoño y el invierno parece que duran demasiado. Pero este árbol tiene raíces y en esta diócesis siempre se ha trabajado, y mucho, para que esas raíces tuvieran el alimento adecuado para que el árbol diera frutos.

Celebrar este aniversario es querer aumentar en nosotros el amor por nuestro Seminario del presente, el que es «ahora». Porque es «ahora» cuando el Señor está actuando. Tenemos que vivir el presente con pasión porque el presente es el tiempo de Dios. Esto es precisamente lo que nos tiene que llenar de esperanza e ilusión para seguir trabajando por las vocaciones sacerdotales. El desaliento no es cristiano. Para Dios no hay nada imposible. «Pero el ambiente no ayuda», podemos pensar. «Es que cada vez la gente tiene más miedo al compromiso», solemos decir. Es verdad, pero el Señor sigue llamando «ahora», y su voz es más fuerte que los obstáculos. Este aniversario es una ocasión propicia para ilusionarnos todavía más por nuestro Seminario y por la pastoral vocacional. Ama más al Seminario y aumentará en ti el deseo de ayudar a descubrir la llamada al sacerdocio que algunos tienen dentro.

«Te Deum laudamus»
Una mirada esperanzada al futuro

¿Os acordáis de la escena? «Jesús desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: -«Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.» Simón contestó: -«Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.» Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: -«Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»» (Lucas 5,3-8).

El lago estaba lleno de peces, pero Pedro no pescó nada en toda la noche. ¿Por qué?. Porque no llevaba a Jesús en la barca. Ahora está con él. Pedro le escucha y le obedece… y ¡pesca abundante!

Confiemos. Si tenemos a Jesús con nosotros, si cuidamos los encuentros con Él, si le escuchamos en la oración, si le seguimos, el milagro volverá a producirse.

Pidamos al Señor que, con motivo del 275 aniversario de la fundación de nuestro Seminario Diocesano, dilate nuestro corazón, y lo haga magnánimo y esperanzado para poder realizar el gran sueño de Dios de una «pesca abundante». Donde no había nada, un obispo fundó un Seminario, y sus frutos los estamos disfrutando todavía. Ahora, si nos ponemos en sintonía con el Señor, entregándonos a Él con radicalidad evangélica, veremos florecer en nuestro Seminario la primavera deseada.

Todos los actos celebrativos de este Aniversario tendrán como objetivo despertar en nosotros el agradecimiento, la pasión y la esperanza por nuestro Seminario de Orihuela-Alicante. Os los iremos anunciando y recordando.

Que la Inmaculada y San Miguel nos ayuden a prepararnos bien para este acontecimiento eclesial.

Un abrazo. Con mi bendición.

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Jesús Murgui Soriano
Obispo de Orihuela-Alicante

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