Presentación al Plan Diocesano de Pastoral 2016 – 2020

Carta de
Mons. D. Fidel Herráez Vegas
Arzobispo de Burgos

fidel-herraez-foto-oficial

Con el renovado deseo de que sigamos anunciando con palabras y obras la Buena Noticia del Evangelio, os presento estas orientaciones pastorales que nos ayuden a caminar juntos en la tarea diocesana que el Señor, Buen Pastor, y la Iglesia nos confían.

Al poco tiempo de iniciar el ministerio pastoral en Burgos, manifesté el deseo de elaborar un nuevo Plan Pastoral que sustituyera al que iba a concluir en 2016 para seguir orientando la acción pastoral diocesana. El proceso ha sido el siguiente: se constituyó una comisión que redactó y presentó un primer borrador al Consejo pastoral diocesano en su sesión del 5 de marzo de 2016. Se abrió después un período de reflexión en los distintos organismos diocesanos, arciprestazgos y delegaciones; 32 de ellos enviaron sus aportaciones. Con todo esto, la Comisión Permanente del Consejo Pastoral elaboró un segundo borrador, que se sometió de nuevo a estudio por parte del Consejo Presbiteral (14 de junio) y del Consejo Pastoral diocesano (2 de julio). Con las nuevas aportaciones, la Comisión Permanente preparó un tercer borrador que pasó tanto a mí como al Consejo Episcopal para el estudio final.

Este Plan tiene en cuenta la lectura de la realidad actual que se recoge en el nuevo Plan de la Conferencia Episcopal Española 2016-2020 (“Iglesia en misión al servicio de nuestro pueblo”). En ella se hace hincapié en la cultura secularista que impregna nuestra sociedad y que prescinde y minusvalora las creencias religiosas bajo dos claves dominantes: el relativismo y el subjetivismo. Todo ello presente también en nuestra sociedad burgalesa. No obstante, las dificultades se convierten en oportunidades para un mayor vigor apostólico.

Se ha tenido también en cuenta la revisión del anterior Plan diocesano 2013-2016, realizada por el Consejo Pastoral diocesano. Sintetizando mucho, se decía que había servido para tomar conciencia de la necesidad de la nueva evangelización, aunque las experiencias aún eran pocas y muy localizadas. Como avances en líneas concretas se apuntaban algunos de los itinerarios de iniciación cristiana entendidos como momento evangelizador de chicos y padres, el plantear la pastoral sociocaritativa como parte de la dimensión evangelizadora, el acercamiento a las víctimas de la crisis económica, el acompañamiento de la religiosidad popular, las celebraciones diocesanas, el arte al servicio de la evangelización… Entre los retos y lagunas se decía que falta conciencia de que el sujeto agente de la evangelización es toda la comunidad cristiana, que estamos muy lejos de ser “Iglesia en salida” y seguimos haciendo lo de siempre lo mejor que podemos, que el Plan diocesano no había dado forma a las programaciones sectoriales y territoriales, que no se había avanzado suficientemente en la reestructuración de parroquias, y que faltaba acompañamiento y formación.

El presente Plan quiere entroncar con el camino iniciado en el Sínodo diocesano del año 1998 (“Poneos en camino”), cuyo fruto quizá más fecundo fue su misma realización, el espíritu de “sinodalidad” ejercido durante tres años, pero que adoleció de una recepción efectiva. Asimismo este Plan continúa el camino abierto por los dos últimos planes pastorales más recientes: “A vino nuevo, odres nuevos” (2008-2013), centrado en la iniciación cristiana, y “Seréis mis testigos” (2013- 2016), orientado de un modo especial a la nueva evangelización.

Es necesario aclarar qué entendemos por “Plan diocesano”. No se trata de un proyecto a muy largo plazo. Tampoco se trata de una programación concreta para un curso o para un sector; esta tarea ha de ser posterior a la publicación del Plan. El Plan diocesano se concibe como un esqueleto o tronco común en el que toda la Iglesia diocesana ha de verse reconocida y enviada durante los próximos cuatro cursos. Es un Plan sencillo y breve en su presentación; sin olvidar que la vida de la diócesis es mucho más amplia y rica que lo que en estas páginas se recoge, el Plan retoma y concreta algunas líneas que parecen más oportunas en el momento actual de nuestra sociedad y de nuestra diócesis. Es un Plan que indica algunos medios: unos más nuevos, otros más necesarios y otros más comunes; y señala los responsables diocesanos de animar las distintas líneas pastorales. Lógicamente, es un Plan que necesita una recepción inicial por cada organismo y comunidad diocesana: cada arciprestazgo, delegación, parroquia, movimiento y comunidad deberá leerlo, asumirlo y traducirlo posteriormente en programaciones concretas, que sean cuantificables y revisables periódicamente.

Finalmente, hay que recordar que “si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles” (salmo 127). La recepción del presente Plan ha de suponer previa y simultáneamente una actitud y un tiempo de escucha del Espíritu, de reflexión y discernimiento para ver cómo hoy y aquí somos una “Iglesia en misión al servicio de nuestro pueblo”.

Desde nuestras respectivas responsabilidades pastorales nos encomendamos a Santa María la Mayor, nuestra Madre y Patrona, para que Ella nos enseñe a vivir la fe con alegría y a proclamarla con esperanza a todos aquellos con quienes compartimos la historia de cada día.

Burgos, 1 de septiembre de 2016

fidel-herraez-firma✠ Fidel Herráez Vegas
Arzobispo de Burgos

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