Plan de acción de la Subcomisión Episcopal de Catequesis 2016-2020

subcomision catequesis

PLAN DE ACCIÓN DE LA
SUBCOMISIÓN EPISCOPAL DE CATEQUESIS
2016-2020

INTRODUCCIÓN

Al comenzar esta introducción al Plan de Acción de la Subcomisión Episcopal de Catequesis, no podemos evitar el tener presente la impresión que nos acaba de producir la lectura de algunas de las que hizo durante tantos años monseñor Estepa, el Cardenal de la Catequesis, y que aparecen en la obra recién publicada en la B.A.C. La catequesis en la misión de la Iglesia. Cada una de ellas nos ha parecido una pieza escrita por un verdadero maestro en sabiduría catequética. Lo mismo habría que decir de las que encabezaba nuestro anterior presidente, Mons. Javier Salinas. Estos precedentes hacen que los actuales obispos que formamos parte de la Subcomisión, junto a nuestro Secretariado, nos incorporemos con suma modestia a la responsabilidad de decir por dónde quiere ir el movimiento catequético en estos momentos y hacia dónde lo quiere llevar el Plan de Acción para el 2016-2020, que introducimos y que, como es natural, está inspirado en el Programa Pastoral de la Conferencia Episcopal Española, que lleva por título Iglesia en misión al servicio de nuestro pueblo.

Como se podrá comprobar al entrar en la lectura de la presentación que seguirá a esta introducción, la catequesis en España viene de un largo y fecundo camino en el que tanto en su inspiración como en sus objetivos y acciones nuestros anteriores Planes de Acción tuvieron como referencia obligada el Magisterio de los últimos Pontífices, que, fue especialmente rico en contenido y aliento catequético. Se puede muy bien decir que la transmisión de la fe ha ocupado la atención de los últimos Papas desde Pablo VI, pasando por el largo pontificado de san Juan Pablo II, por el del papa emérito Benedicto XVI, y ahora lo está ocupando el del papa Francisco, que le ha dado un nuevo impulso en su exhortación apostólica Evangelii gaudium y en algunas de sus intervenciones en el Jubileo de los Catequistas con motivo del Año de la fe (27-29 de septiembre de 2013).

No nos olvidamos, por supuesto, de otros hitos importantes y decisivos en el movimiento catequético de toda la Iglesia: el primero y fundamental fue la elaboración y promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica (8 de diciembre de 1992) y el segundo, la publicación de una nueva edición del Directorio General para la Catequesis (1997). El Catecismo de la Iglesia Católica está siendo el referente obligado para el contenido de la transmisión de la fe, sobre todo para la elaboración de los catecismos locales. El Directorio General para la Catequesis de la Congregación para el Clero (1997) es un instrumento extraordinariamente valioso que recoge el saber catequético en todas sus dimensiones. Este documento ha inspirado de un modo especial el quehacer de la Subcomisión Episcopal de Catequesis, pues su redactor principal fue el cardenal Estepa Llaurens.

1. La catequesis en la Conferencia Episcopal Española

La Conferencia Episcopal Española no ha estado, por tanto, ajena a esta corriente de la actividad catequética; al contrario, han sido años muy activos en su reflexión y acción. Sobre todo ha destacado en la elaboración de documentos, en los que se han ido ofreciendo oportunas orientaciones en torno a la catequesis de iniciación cristiana, al hilo siempre de la corriente teológica, pastoral, social y cultural de los últimos años –finales del siglo XX y principios del XXI–. A lo largo de estos años han visto la luz importantes documentos sobre la iniciación cristiana y el Catecumenado y se han elaborado, a la luz del Catecismo de la Iglesia Católica, los catecismos de iniciación cristiana, que se vienen utilizando en las diócesis en el itinerario catequético de niños y adolescentes.

Como resumen, se puede decir sin temor a equivocarnos que en un contexto de nueva evangelización, en el sector de la reflexión y acción de la Conferencia Episcopal Española dedicado a la catequesis, la iniciación cristiana ha sido la preocupación prioritaria. Se ha ocupado sobre todo de elaborar un diseño renovado del itinerario catequético, sacramental y espiritual para ese quehacer de nuestras comunidades cristinas, se ha enriquecido la identidad y la formación de los catequistas, y afortunadamente se ha podido completar también lo que se venía demandando como algo especialmente urgente y necesario: la elaboración de los catecismos para la iniciación cristiana. Ha sido un trabajo laborioso, y quizás para algunos también lento; pero con el catecismo Testigos del Señor ha quedado concluido.

Ahora, tras la satisfacción del deber cumplido, y según opinión mayoritaria «bien cumplido», estamos metidos de lleno en el proceso de presentación de los catecismos, para que sean conocidos y usados, al servicio siempre de la comunión en la fe. Poco a poco los destinatarios –sacerdotes, catequistas, familia y catequizandos– los van asimilando en su inspiración, su estructura, sus lenguajes y, sobre todo, en su contenido. Con la ayuda de algunos materiales que complementan pero no sustituyen el uso de los catecismos. Se puede decir que estos están cumpliendo en la catequesis de iniciación cristiana sobradamente la función que se le pide.

Para la presentación de los catecismos, la Subcomisión Episcopal de Catequesis preparó una instrucción pastoral que lleva por título Custodiar, alimentar y promover la memoria de Jesucristo (2014). Este documento, aprobado por los Sres. Obispos en Asamblea Plenaria tiene como objetivo situar los catecismos en el itinerario de iniciación cristiana. Con él se pretende también actualizar y enriquecer la reflexión de los responsables de la catequesis sobre esta tarea esencial de la Iglesia.

2. Un Plan de Acción para renovar las propuestas catequéticas

Si se ha incluido en la presentación del Plan de Acción este largo y fecundo informe del movimiento catequético en España es porque se ha querido hacer un análisis de camino recorrido. Esperamos no haberlo hecho con excesiva autocomplacencia. Pero se ha intentado hacer como un servicio de síntesis, que ayude a los más jóvenes y a los menos iniciados en la vida de la catequesis a conocerla, para que puedan situarse en lo que en este Plan de Acción se va a proponer. En realidad, se ha pretendido decir cuál es la situación de la catequesis hoy en España.

Se ha centrado en lo que se hace en las diversas etapas y situaciones de la vida: en la infancia y adolescencia, en la edad juvenil, en los catecúmenos adultos, en aquellos que no han recibido algunos sacramentos de iniciación y en los adultos bautizados que optan por hacer una catequesis de iniciación. A partir de cada una de estas situaciones se hace un análisis pormenorizado de cuanto hoy se hace en la catequesis en las diócesis españolas. Ha parecido útil hacerlo, porque desde tanta riqueza y creatividad en la acción podemos darle gracias al Señor. Pero también aparecen nuestras carencias en todo aquello que aún no estamos haciendo y deberíamos hacer, que siempre son un estímulo a la hora de plantear un Plan de Acción como el que se ofrece a continuación.

Antes, sin embargo, se ha querido también tomar conciencia de la situación social, cultural y religiosa en la que hoy se hace la transmisión de la fe. En primer lugar, se ha mirado con compasión a nuestro mundo, para descubrir cuáles son las necesidades que apreciamos y así poder acercar de un modo lo más coherente posible el mensaje de la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios. Se ha hecho una reflexión sobre las necesidades evangelizadoras de hoy junto a los demás organismos de la Conferencia Episcopal Española.

3. Para una catequesis en clave de misión e iniciación

Nuestro análisis de la realidad se ha convertido en examen de conciencia y, por eso, hemos querido echar una mirada a la catequesis en España, para situarla en el horizonte misionero de nuestra acción pastoral. Partimos de la invitación a la «conversión misionera» a la que nos llama el papa Francisco. Lo hacemos conscientes del papel esencial que tiene la catequesis en la misión de la Iglesia, y en especial la iniciación cristiana. Con modestia, entendemos lo que también han entendido otras conferencias episcopales de nuestro entorno: que una Iglesia que evangeliza es una Iglesia que ha de iniciar en la fe.

Queremos reafirmarnos en que la iniciación es la consecuencia lógica de la evangelización. Somos conscientes de que hoy no se puede aislar el kerigma del proceso evangeliza dor, ni se puede abandonar el kerigma, el primer anuncio, en el camino o itinerario de la evangelización. En efecto, siendo cierto que la vocación de la Iglesia es evangelizar, no es menos cierto que, en su papel de madre, acompañar el crecimiento de la fe de los hijos a los que ha engendrado, es otra de sus tareas esenciales. Como nos recuerda el Directorio General para la Catequesis, hoy estamos llamados «a evangelizar educando y a educar evangelizando». La «iniciación» es clave para la pastoral actual, junto a la «evangelización».

Por tanto, queremos hacer una catequesis en clave misionera y de iniciación

— Una catequesis que centra el proceso evangelizador de la Iglesia

— Una catequesis que inicia en una experiencia cristiana integral

— Una catequesis que se encamina por un itinerario de carácter catecumenal

— Una catequesis que tenga por seno la comunidad cristiana

— Una catequesis apoyada en una sólida estructura ministerial

4. Un Plan de Acción al ritmo de la edificación de la Iglesia al servicio del Reino

Siguiendo la propuesta de los obispos en el Programa Pastoral de la Conferencia Episcopal Española, del año 2016 al 2020, en este documento buscamos situar la catequesis en el impulso misionero de la Iglesia, de una Iglesia «en salida». Nuestro Plan de Acción se sitúa en su desarrollo en el esquema de las cuatro funciones eclesiales al servicio del Reino de Dios: un nuevo modo de amor y servicio universal (diaconía), una nueva forma de convivencia fraterna (koinonía), una palabra con fuerza de salvación y de esperanza (kerigma), una fe que se celebra como don en cada uno de los pasos de la iniciación cristiana (liturgia).

El movimiento catequético solo puede avanzar al ritmo de la propia edificación de la Iglesia al servicio del Reino, en la diversidad y riqueza de su misión. Es por eso que, en la medida de sus posibilidades, la Subcomisión Episcopal de Catequesis está desarrollando una labor permanente de animación de la acción catequética en las Iglesias locales, para que en ellas surjan cristianos que sean discípulos misioneros que, con una formación integral, se inserten en la Iglesia al servicio de la evangelización, que es el gran objetivo de su misión. Somos muy conscientes de que con la catequesis se asegura el futuro de la fe y, por tanto, de la misión de la Iglesia. Este Plan de Acción, al entrar en la riqueza y novedad en la que está planteado el programa de la Conferencia Episcopal Española, busca darle un nuevo impulso a la acción catequética a la luz de la integridad de la vida de la Iglesia en todas sus funciones.

5. Al servicio de la iniciación cristiana en el seno comunitario de la Iglesia

El Plan de Acción que estoy presentando se apoya en un gran objetivo general: Animar la renovación de la catequesis al servicio de la iniciación cristiana atendiendo a sus destinatarios, mejor dicho interlocutores, acompañando a sus agentes y clarificando sus ámbitos.

Desde este objetivo, el desarrollo del Plan de Acción va girando, como ya he indicado, en torno a cada una de las cuatro mediaciones de la vida eclesial. Es por eso que los objetivos particulares y las acciones que se proponen en cada una de ellas hay que contemplarlos desde la misión de la Iglesia como un servicio al Reino de Dios. Como la tarea de engendrar y modelar en la fe a las nuevas generaciones tiene lugar en el seno comunitario de la Iglesia, su fin coincide con el de la misma Iglesia: la vida del Reino y su crecimiento en la historia.

Eso significa que todo lo que se propone en este Plan de Acción, en sus objetivos y acciones, en el ámbito de la catequesis de iniciación cristiana, pasa por la iniciativa misma de Dios que, por la acción del Espíritu Santo, inspira, ilumina, guía y conduce al que es acompañado en su iniciación como cristiano. En este plan divino, la Iglesia se sitúa como mediación al servicio de la acción gratuita de Dios y de la libertad humana. Por eso, hay que apuntalar la catequesis en la conciencia clara de que todo lo que se hace en ese amplio y esencial campo de la acción misionera de la Iglesia está al servicio del Reino de Dios.

6. Catequesis en una Iglesia que se deja modelar por la comunión

En el año de nuestro Plan de Acción dedicado a la koinonía, se pretende que la catequesis se sitúe en una Iglesia que se construye en la comunión, al servicio de la fraternidad en el mundo. Hacemos la catequesis en una Iglesia que se deja modelar por la comunión trinitaria. Es más, sin la comunión no sería posible ni creíble ninguna acción concreta de la Iglesia. Todo en la vida de la Iglesia, y por tanto también la catequesis, ha de estar tejido por el Espíritu, que es quien trabaja en la Iglesia la comunión y la corresponsabilidad.

En nuestro Plan de Acción se busca renovar la convicción de que «la comunidad es origen, lugar y meta de la catequesis». Como decimos en nuestra motivación de este año de la koinonía: «La referencia a la comunidad parece hoy imprescindible; por ello se dice que no hay catequesis sin comunidad, que esta es su lugar y su meta». Por tanto, la comunidad es condición imprescindible para la catequesis, es su lugar natural, es su sujeto responsable. Pero también es la verdadera destinataria de la catequesis; la comunidad recoge a los nuevos cristianos en la riqueza de su vida comunitaria.

Entonces todo lo contemplaremos bajo el prisma comunitario pues, como dice su objetivo principal, se pretende «favorecer la comunión como don y potenciar la corresponsabilidad entre todos los responsables de la acción pastoral de la Iglesia a todos los niveles». De un modo esencial, ya en el campo específico de la iniciación cristiana, se pretende aunar esfuerzos para la coordinación de familia, parroquia y escuela.

7. Teniendo el kerigma como corazón del mensaje cristiano

En un paso posterior nuestro Plan de Acción busca situar la catequesis al servicio de la revelación de Dios y de la fe del hombre. Somos así conscientes de un modo especial de que el kerigma es el corazón del mensaje que hemos de ofrecer a los hombres y mujeres de este tiempo. Queremos situar en la acción pastoral y por eso también en la catequesis el kerigma como anuncio principal y primero. En realidad, la acción pastoral no estaría adecuadamente situada si no contara con la fuerza dinamizadora del primer anuncio, que es llamado «primero» porque lleva a la fe y conduce hasta el umbral en el que es posible la conversión. Como recuerda el papa Francisco: «Nada hay más sólido, más profundo, más seguro, más denso y más sabio que ese anuncio» (EG, n. 165). Así lo expresaba también un gran catequeta: «el primer anuncio es el punto más alto y extraordinariamente elevado desde el que se ve y se comprende todo. De ahí que la evangelización no sea solo la etapa de un proceso, sino como la luz constante de todo el dinamismo pastoral» (Cesare Bissoli, «El primer anuncio en las comunidades cristianas de los orígenes», en Catechesi, enero-febrero 2008-2009).

Nuestro Plan de Acción recuerda con razón que, para que todo tenga la fuerza dinamizadora del kerigma se ha de impulsar la presencia de la Sagrada Escritura en la catequesis de iniciación cristiana; es su fuente y es su fuerza. Todo lo que sea propiciar el contacto directo con la Biblia, favorecer su lectura en clave de Historia de Salvación e impulsar la lectio divina en los procesos de iniciación cristiana, será especialmente enriquecedor para la doctrina y la vida que se transmite y para la identidad cristiana que se cultiva.

8. Para celebrar el crecimiento de la fe a lo largo del año litúrgico

Es evidente que la dimensión celebrativa, la liturgia, es una referencia esencial para la catequesis, es por eso el Plan de Acción avanza en «promover y animar una más auténtica, fructuosa y activa participación de los cristianos, según sus diversas edades (niños, adolescentes, jóvenes y adultos) en las celebraciones litúrgicas, en la celebración de los sacramentos». De un modo especial, se anima la participación en la celebración de la eucaristía, sacramento culmen y meta de la vida del cristiano. No se olvida de que la iniciación conduce a cada cristiano a la vida eucarística.

Como muy bien recoge nuestro Plan de Acción, la celebración «responde a una exigencia profundamente radicada en el corazón del ser humano de celebrar la vida, de acoger y celebrar en el símbolo el don de la salvación y el misterio de la existencia rescatada y transformada». La iniciación cristiana ha de situarse en las necesidades más profundas de los destinatarios y, por eso, ha de crear espacios y tiempos en los que la vida y la historia se puedan celebrar. La eucaristía, los sacramentos, las fiestas y conmemoraciones diversas han de tener presencia en la iniciación cristiana apoyadas en el clima festivo de la comunidad, en especial en el que se celebra a lo largo del año litúrgico que ha de ser el que marque siempre su desarrollo. La liturgia y la catequesis han de ir de la mano a lo largo del camino de crecimiento de la fe que siempre ha de ser profesada, celebrada, vivida y rezada.

Es por eso que también la oración ha de impregnar todo el itinerario catequético. Con ella se fortalece de un modo especial la dimensión espiritual, que no puede faltar jamás en el desarrollo de la catequesis de iniciación cristiana. La oración en la catequesis se ha de promover como la meta de la fe que se educa. La oración, al ser interior a la vida, pues sin ella no hay vida en Cristo ni fe viva, es interna a toda la realidad del misterio de la fe que anuncia la Iglesia católica. La oración es un elemento esencial en el crecer y vivir como cristianos. En realidad, la celebración y la oración son siempre catequesis en acto.

Justamente por eso nuestro Plan de Acción propone en este paso de su desarrollo este objetivo principal: Promover y animar una más auténtica, fructuosa y activa participación de los cristianos, según sus diversas edades (niños, adolescentes, jóvenes y adultos) en las celebraciones litúrgicas y, más concretamente, en la celebración de los sacramentos a lo largo del año litúrgico.

9. El servicio es imprescindible en el diseño de la identidad cristiana

El último paso de nuestro Plan de Acción está dedicado a un elemento constitutivo del proceso de iniciación cristiana, la diaconía. En ella, en efecto, encuentra su criterio de autenticidad. En el diseño de identidad cristiana que propone la iniciación es imprescindible educar en la diaconía eclesial en todas sus implicaciones y niveles. En el itinerario de iniciación necesariamente ha de tener un espacio permanente el compromiso y el amor activo, siempre como integrante del anuncio cristiano y como elemento necesario para el desarrollo integral de la fe. Por eso se pide reavivar en los catequistas, padres de familia y en los mismos catequizandos, en las diversas edades, el ejercicio de la caridad, como expresión del Mandamiento nuevo de Jesús y signo de identidad cristiana. Como recordaba el Papa emérito Benedicto XVI al convocar en Porta fidei el Año de la fe: «La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino» (PF, n. 14).

Es imprescindible que el catecúmeno y el catequizando sepan percibir y aprendan a vivir la caridad del amor de Dios y la descubra como la mano tendida de la Iglesia en su servicio a los necesitados, los sufrientes. Solo si así sucede se convertirán en uno más de los que dan esperanza a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, especialmente para los más pobres material, espiritual y moralmente. Para eso, es imprescindible que, en la medida, el nivel, los instrumentos y métodos que sean necesarios en cada momento, en la iniciación cristiana esté muy presente la doctrina social de la Iglesia.

10. Abiertos a la sorpresa del Espíritu

En esta introducción se ha querido hacer una guía resumen de lo que año a año vamos a encontrar en el camino de la acción catequética según el Plan de Acción de la Subcomisión Episcopal de Catequesis. Lo que se propone en este documento está abierto a la sorpresa del Espíritu, que con seguridad nos dará algunas y nos enriquecerá, como hace siempre en nuestras torpes e incompletas programaciones. Nosotros, sin el Espíritu, nunca somos capaces de ver en profundidad todo el horizonte del movimiento catequético; pero él, si le somos dóciles, nos sitúa siempre certeramente en lo que en cada momento corresponde hacer al servicio de la fe y de la vida nuestros hermanos y hermanas.

11. Sin que falte nada para una catequesis en estado de misión

No obstante, parece que está todo lo que de la catequesis alcanza nuestra débil sabiduría. Nada de ella está ajeno en los objetivos y acciones que se proponen. Si los miramos todos en su conjunto, veremos cuanto hay que contemplar en este campo de trabajo imprescindible en la vida de la Iglesia: en él está una Iglesia que en su maternidad acompaña y educa el crecimiento de la fe; están los destinatarios en sus edades y necesidades; está la llamada a una imprescindible coordinación de todos en la acción catequética y la invitación a acoger los servicios comunes que se ofrecen desde la Subcomisión de Catequesis; está –¿cómo no?– lo que la Iglesia, en nombre del Señor, quiere decir, tanto en su contenido como en su estilo de diálogo catequético, renovado; está la invitación a un impulso de la presencia de la Sagrada Escritura en la catequesis, como su fuente imprescindible; está la llamada al cuidado de la celebración en la catequesis, así como la urgencia de situar la oración en la iniciación cristiana; está el servicio como propuesta esencial de la catequesis; está la familia como un reto esencial para el futuro de la iniciación, que sin ella no será posible; están los catequistas, siempre necesarios, pero hoy con mayor exigencia en su identidad cristiana, en su formación, en su compromiso; están todas las claves para un desarrollo integral de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada; están los materiales catequéticos, en un enriquecimiento continuo al servicio de la transmisión de la fe; está la coordinación de la familia, la parroquia y la escuela en el proyecto común de la iniciación cristiana; están las claves para un desarrollo integral de la fe.

Pero todo tiene un hilo conductor, todo está al servicio de la evangelización, todo enriquece el camino por el que la Iglesia hace cristianos discípulos misioneros, todo en definitiva está situado en una Iglesia en estado permanente de misión.

PRESENTACIÓN

Con ocasión de la primera visita apostólica del san Juan Pablo II a España (1983), se elaboró y publicó el primero de los planes pastorales de nuestra Conferencia Episcopal, bajo el título La visita del Papa y el servicio a la fe de nuestro pueblo. Hasta ese momento, y durante los diecisiete años de vida anteriores de dicha Conferencia, podemos decir que no se había dado a sí misma ningún plan pastoral en el sentido de lo que ahora normalmente entendemos con esta expresión. Los obispos sí habían reflexionado conjuntamente sobre las orientaciones emanadas del Concilio Vaticano II, habían buscado respuestas a las nuevas necesidades de la Iglesia en España, en tiempos tan significativos de su historia, y habían elaborado los documentos pertinentes [1]. Desde 1983 a 2016 se han elaborado y publicado nueve planes pastorales. Providencialmente el último, que lleva por título La Iglesia en misión al servicio de nuestro pueblo, parece estar en estrecha relación con aquel primero. Emanados de dichos planes pastorales, algunas comisiones episcopales y secretariados de dichas comisiones han venido programando sus respectivos «planes de acción» con objetivos, acciones correspondientes y calendario.

a) La Subcomisión de Catequesis hace memoria

En servicio a la verdad, tenemos que decir que la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis ha sido pionera en este quehacer, pues, desde su renovación a comienzos del 1978, consideró la necesidad de establecer un Plan de Trabajo para los tres años de cada mandato, que se apoyaba en dos coordenadas: las urgencias derivadas de la cambiante sociedad española y las necesidades concretas de la Iglesia y de las diócesis en el campo de la educación cristiana. Podemos poner como referente de aquellos comienzos el llamado Documento de Santiago: Una nueva etapa en el movimiento catequético, de julio de 1978, donde se formulan las nuevas perspectivas que habían aparecido en la vida de la Iglesia y de la sociedad española en aquellos años, a partir de las cuales dicha Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis, y más en concreto la Subcomisión de Catequesis, quiso encuadrar las orientaciones y líneas de acción de su actividad para los trienios correspondientes.

b) Magisterio pontificio, Planes pastorales y Planes de acción

Todos y cada uno de los nueve planes pastorales de la CEE, atendiendo a las mociones del Espíritu Santo y expresadas a través de los sucesivos testimonios y exhortaciones de los correspondientes Pontífices, han dejado su impronta. Así: san Juan Pablo II, testigo de la esperanza, que alentó de palabra y con hechos a los cuatro vientos la «nueva evangelización», nos regaló la exhortación Catechesi tradendae, la encíclica Redemptoris missio y, en el paso entre los dos milenios, puso a la Iglesia en estado de misión. Benedicto XVI, el teólogo de la fe, impulsó la evangelización definiéndola como «enseñar el arte de vivir» desde la raíz de los valores evangélicos; hacia dentro de la Iglesia, revisando los itinerarios catequéticos de iniciación cristiana, y hacia fuera de la Iglesia, ofreciendo el «atrio de los gentiles» para el diálogo con el hombre contemporáneo; él convocó el Año de la fe (2013), nos regaló la encíclica Deus caritas est, convocó el Sínodo de Obispos sobre La nueva evangelización y la transmisión de la fe cristiana y escribió «a cuatro manos», junto con el papa Francisco, la encíclica Lumen fidei. Francisco, apóstol de la caridad con rostro de misericordia, toma el testigo de la evangelización, clausura el Año de la fe y nos regala la exhortación Evangelii gaudium, la fuente de la que emana el actual Plan Pastoral de la CEE. Orientados por dichas enseñanzas y animados por el testimonio de los Pontífices, nuestros obispos han pergeñado los Planes Pastorales para dar respuesta a las preocupaciones y esperanzas de la evangelización en España hoy. Ofrecemos tres de ellos como ejemplo:

* A la luz del citado Plan Pastoral El servicio a la fe de nuestro pueblo (1983) tenía un objetivo primordial que estaba estrechamente vinculado a la catequesis en dos dimensiones complementarias: el ministerio del evangelio ofrecido a la Iglesia española y la educación de la fe del pueblo de Dios. La Subcomisión de Catequesis en su Plan de Acción para el trienio 1984-1987 se propuso como objetivo general «La catequesis para una comunidad eclesial evangelizadora en el mundo de hoy». Trataba de promover una catequesis que, manteniendo su carácter propio y en coordinación con las demás acciones pastorales, educara para la identidad cristiana en aquel contexto socio-cultural. En la base de todo el desarrollo de este Plan de Acción estaban los ecos y orientaciones de la exhortación Catechesi tradendae: proponer la catequesis como una oferta articulada y coherente dirigida a las grandes etapas de la vida (adultos, jóvenes, adolescentes y niños), una catequesis creadora de espacios comunitarios de talla humana en los que se eduque adecuadamente el sentido eclesial de la fe; para ello era necesario impulsar una catequesis abierta a la escucha de la palabra de Dios y a los signos de los tiempos, significativa para el hombre y con talante misionero, lo que conllevaba formar catequistas adecuados y cuidar su identidad, vocación y misión.

* A la luz del Plan Pastoral Impulsar una nueva evangelización (1990-1993), la Subcomisión de Catequesis elaboró el Plan de Acción para dicho trienio con el objetivo general de «Impulsar una catequesis al servicio de la nueva evangelización». En esta, la catequesis tenía un papel insustituible y prioritario, que era «iniciar a toda la vida cristiana» (CT, n. 33), educando con esmero las diferentes dimensiones de la fe. Se trataba de promover una pastoral de iniciación cristiana articulada y coherente, ofreciendo los diversos servicios a las diócesis, entre otros: establecer la catequesis de adultos, renovar con vigor la de jóvenes, cuidando el itinerario y celebración de la Confirmación, atender la catequesis de minusválidos (como se decía entonces) y contribuir a fortalecer la comunión eclesial.

* A la luz del Plan Pastoral Una Iglesia esperanzada. Remar mar adentro (2002-2005), recién estrenado el nuevo milenio, la Subcomisión de Catequesis elaboró el Plan de Acción con el objetivo general centrado en ofrecer orientaciones para que cada diócesis pudiese elaborar «un proyecto global de catequesis al servicio de la iniciación cristiana» que, en relación con toda la pastoral educativa, y vertebrado por los sacramentos de iniciación, propiciase una profesión de fe viva, explícita y operante en quienes han dado su primera adhesión al evangelio. Para conseguir dicho objetivo se propiciaban acciones significativas como: implantar la catequesis de iniciación cristiana, impulsar la instauración del catecumenado de adultos no bautizados, elaborar nuevos catecismos a la luz del Catecismo de la Iglesia Católica e intensificar la formación de catequistas al servicio de la iniciación.

c) Período 2011-2015

Comenzamos diciendo que, si bien es verdad que el Secretariado no formuló propiamente un Plan de Acción para este cuatrienio, podemos estar satisfechos de los objetivos y acciones felizmente realizados durante el periodo cuatrienal del Plan Pastoral La nueva evangelización desde la Palabra de Dios: «Por tu Palabra echaré las redes» (Lc 5, 5), que fue fruto de la acogida fiel y solícita de la llamada del papa Benedicto XVI para retomar con nuevo empeño el compromiso a favor de la nueva evangelización, tan presente en san Juan Pablo II desde el inicio de su pontificado. Acababan de tener lugar, además, algunos acontecimientos de gracia recientes: la creación del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización; los viajes del Santo Padre a España; la publicación de la Sagrada Biblia. Versión oficial de la CEE para uso en catequesis y demás ámbitos de transmisión de la fe; la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid; las publicaciones de la exhortación Verbum Domini de Benedicto XVI y la instrucción pastoral La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia de la CEE; por ello, los obispos españoles ofrecen iniciativas que promuevan la nueva evangelización desde el creciente aprecio por la Palabra de Dios. Además otros acontecimientos de gracia continúan enriqueciendo este cuatrienio: la convocatoria del Sínodo de los Obispos sobre La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana y la carta apostólica Porta fidei por la que el Papa convocaba el Año de la fe; finalmente, la renuncia de Benedicto y la elección de Francisco.

Desde este panorama tan rico y elocuente, el Secretariado de Catequesis, siguiendo el Plan pastoral arriba citado, puso especial empeño en «ayudar a redescubrir la relación existente entre las dos dimensiones del acto de la fe que han de ser cultivadas equilibradamente en la acción catequética en servicio a la transmisión de la fe: por un lado, la dimensión volitiva, del amor que se adhiere a la persona de Jesucristo y, por otro, la dimensión intelectiva, del conocimiento que comprende la verdad del Señor» (n. 25).

En este sentido, el Secretariado, animado y acompañado por la Subcomisión Episcopal, además de atender los servicios ordinarios, puso su atención preferente en tres aspectos:

1. Elaborar el catecismo Testigos del Señor, segundo catecismo para la iniciación cristiana de niños y adolescentes, y su correspondiente Guía (2014).

2. Colaborar estrechamente en la publicación de dos documentos de la CEE: Orientaciones pastorales para la coordinación de la familia, parroquia y escuela en la transmisión de la fe (2013), y la instrucción pastoral Custodiar, alimentar y promover la memoria de Jesucristo (2014).

3. Recoger todos los escritos del cardenal Estepa Llaurens, organizarlos por temas y publicar su obra La catequesis en la misión de la Iglesia. Escritos catequéticos 1960- 2010 (2015).

d) Plan de Acción 2016-2020

Pasamos a centrarnos ahora en lo más específico que nos ocupa: el Plan de Acción de la Subcomisión Episcopal de Catequesis para los años 2016-2020. Distribuiremos nuestro trabajo en tres partes: en la primera, presentamos una síntesis para comprender las claves del Plan Pastoral de la CEE sobre el que nos apoyamos; en la segunda, y siguiendo el criterio del citado Plan, ofrecemos una mirada comprensiva y misericordiosa sobre la situación de la catequesis en España hoy; y en la tercera, proponemos los objetivos y acciones catequéticas correspondientes para cada año pastoral de nuestra Subcomisión de Catequesis.

I
PLAN PASTORAL DE LA
CONFERENCIA EPISCOPAL
ESPAÑOLA (2016-2020)

1. Para comprenderlo

El día 22 de enero se convocó, en toda la Iglesia que peregrina en España, una Jornada de oración para prepararnos a recibir el nuevo Plan pastoral de la Conferencia Episcopal 2016-2020). Lleva por título Iglesia en misión al servicio de nuestro pueblo. Y ofrece, además de una Introducción y una Conclusión, dos grandes apartados, como dos caras complementarias de una misma moneda: por un lado, «Una mirada compasiva a nuestro mundo» y, por otro, algunas «Propuestas Pastorales», a la luz de los cuatro años que comprende. Lo desglosamos brevemente.

En la Introducción se nos invita a interiorizar el mandato misionero de Jesucristo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16, 15). Los últimos Papas han venido urgiendo dicho mandato de Jesús y ahora, más concretamente, el papa Francisco nos habla de una «una nueva etapa misionera marcada por la alegría» (EG, n. 1). Los obispos españoles han acogido filialmente esta llamada del Obispo de Roma y, coincidiendo con el Año Jubilar de la misericordia, proponen una triple conversión misionera: personal, pastoral e institucional. Este Plan pastoral se dirige a la propia Conferencia Episcopal en sus distintas comisiones y organismos, se ofrece a las diócesis que lo consideren oportuno como ayuda para elaborar los suyos propios y, finalmente, también a los diversos sectores pastorales como guía e instrumento de trabajo para las tareas evangelizadoras que llevan a cabo. Dicho Plan misionero tiene presentes en su orientación y diseño a tres grupos de personas:

— A los cristianos practicantes, pero rutinarios y conformistas.

— Al gran número de cristianos bautizados, pero no practicantes y, más o menos, alejados de la Iglesia.

— Al creciente número de conciudadanos que no han recibido nunca el anuncio de Jesucristo y viven, de hecho, al margen de la Iglesia.

2. Mirada compasiva a nuestro mundo

La evangelización, que viene de Dios, nuestro Padre, y nos lleva a Él, adquiere características diferentes según los lugares, las necesidades y las condiciones de las personas. Sin ser exhaustivos, en una primera parte del Plan, se hace un análisis de la sociedad y de la cultura en la que vivimos y donde tenemos que sembrar las semillas del Evangelio. Las claves más relevantes, se sintetizan en una especie de decálogo:

1. En nuestro pueblo, generalmente, se da poca valoración social de lo religioso. La mentalidad de hoy es pragmática («se vive al día») y mundana («vivimos como si Dios no existiera»).

2. Exaltación de la libertad individual y del bienestar material, que lleva a una cultura materialista en la que el programa ético y vital de las personas se reduce a tres convicciones: soy libre, tengo derecho a ser feliz y es conveniente respetar la libertad y felicidad de los demás.

3. Predominio de una cultura secularista, olvidando que somos peregrinos en este mundo y que caminamos hacia la vida eterna.

4. Del subjetivismo al relativismo. Lo religioso se quiere encerrar en el ámbito de lo privado («de la conciencia individual y de la sacristía») sin tener relevancia en la vida social y pública. El materialismo conduce a la dictadura del subjetivismo y al campo del relativismo, de los que tan acertadamente ha hablado el papa Benedicto XVI.

5. Una cultura del «todo vale», a conveniencia de la propia voluntad y de los propios sentimientos y deseos. Sin normas morales objetivas. Como si no existiera la ley natural ni la ley divina sino solo la «ley positiva» o ley pactada entre particulares o entre quienes ostentan el poder.

6. Olvido de los más pobres, porque cuando se organiza la vida y la sociedad sin Dios, se vuelve contra el hombre y, en especial, contra los más necesitados. Es la cultura del «descarte y de los sobrantes» de la que habla el papa Francisco.

7. Responsabilidad de los cristianos, que muchas veces no hemos dado ejemplo ni hemos sido coherentes entre lo que afirmamos creer y lo que en realidad vivimos. Por eso, necesitamos una nueva conversión. No se puede evangelizar ni misionar sin una conversión personal y comunitaria.

8. A pesar de todo, hay razones para la esperanza, porque la fidelidad de Dios y su amor misericordioso no nos fallarán ni nos abandonarán nunca. Donde puede haber desilusión evangelizadora, tiene que volver a reinar la alegría y la esperanza que brotan del Evangelio.

9. Tenemos que evangelizar con realismo y con confianza, siempre «en salida» hacia las periferias geográficas y existenciales, y en una actitud de acogida y de misericordia.

10. Fieles a la misión recibida del Señor, en el doble sentido de invitar a que nuestros contemporáneos redescubran a Jesucristo y anuncien la Buena Nueva del Evangelio. El Señor nos acompaña. Él es nuestra fuerza, «hasta el final de los tiempos» (Mt 28, 20). Es hermoso ser y sentirnos discípulos misioneros.

3. Algunas propuestas pastorales, por años

Los obispos españoles, a la luz de la exhortación apostólica Evangelii gaudium del papa Francisco, nos proponen subrayar las siguientes pistas pastorales:

1. Reflexión sobre las necesidades evangelizadoras de hoy y sobre cómo está siendo nuestra evangelización en todos los campos, teniendo en cuenta también los Planes de Pastoral anteriores. Están implicados en ello todos los organismos de la Conferencia Episcopal Española.

2. Presentar, en el año 2016, un rostro de «Iglesia anunciadora y que sea fermento del reino de Dios». La historia es el lugar de la realización del Reino de Dios y la Iglesia es servidora de la humanidad. Los objetivos se centrarán en revisar, a la luz de Evangelii gaudium (nn. 1-15), cómo realizamos nuestras actividades pastorales cuando se han cumplido 50 años de la constitución de la Conferencia Episcopal Española.

3. En el año 2017, revisaremos cómo se vive la «koinonía», es decir, la comunión y la corresponsabilidad para el servicio de la evangelización. También a la luz de Evangelii gaudium (nn. 19-49) revisaremos nuestras actitudes y comportamientos pastorales, de acogida y misericordia, para llegar especialmente a los jóvenes.

4. El «kerigma», es decir, anuncio de la Palabra de Dios, llenará el año 2018. Se potenciará la catequesis y el mayor conocimiento de la Palabra de Dios y de la Doctrina de la Iglesia. Se prestará especial atención y dedicación a los agentes de la transmisión de la fe: padres y catequistas, educadores y profesores, tanto sacerdotes como consagrados y laicos.

5. La «liturgia», es decir, las celebraciones religiosas, que serán el objetivo del año 2019, para promover una auténtica, fructuosa y activa participación de todos los fieles. Se cuidará la forma de celebrar los sacramentos y de revitalizar el domingo, día del Señor, sin olvidar el valor de la piedad popular.

6. En el último año, 2020, el objetivo se centrará en la «diaconía», es decir, el servicio de la caridad, para que personas y comunidades tiendan una mano a las necesidades, sufrimientos y esperanzas de los hombres y mujeres de hoy. En este sentido, conviene tener en cuenta las orientaciones de la encíclica Laudato si`, donde se habla de una ecología integral y de la defensa conjunta del medio ambiente y de los más pobres.

En el horizonte y mirando al futuro, se nos presenta el Año Compostelano de 2021, como tiempo privilegiado para afianzar la fe de la Iglesia que peregrina en España, a la luz de la tarea evangelizadora del apóstol Santiago. Para todo ello, los obispos, ya en su conclusión del Plan pastoral, piden que abramos nuestros corazones a la presencia y a la acción del Espíritu Santo, sabiendo que Él nos acompaña en nuestro caminar. La Virgen María, «reina y madre de misericordia», misionera por excelencia, nos enseñará a «hacer lo que Jesús nos diga» (Jn 2, 5).

II
SITUACIÓN DE LA CATEQUESIS
EN ESPAÑA, HOY

La catequesis en España hay que situarla más en torno a los campos en los que se desarrolla. Así:

a. Catequesis de la infancia y adolescencia, sobre todo.

b. Catequesis en la edad juvenil.

c. Catequesis con adultos no bautizados, es decir, catecúmenos.

d. Catequesis con aquellos que no han recibido alguno de los sacramentos de iniciación, sobre todo la confirmación.

e. Catequesis con adultos bautizados que optan por hacer una catequesis de reiniciación.

Naturalmente, como decimos, la incidencia mayor la tiene la catequesis de infancia y adolescencia. Es en ella donde nuestras comunidades cristianas ponen un mayor empeño.

1. Catequesis de infancia y adolescencia

En lo que se refiere a la catequesis infantil, se generalizan, afortunadamente, los itinerarios catequéticos de iniciación cristiana acompañados de los sacramentos de iniciación, que generalmente se reciben por este orden: bautismo, eucaristía y confirmación, y de unos procesos de conversión o vivencia cristianas. En muchas diócesis, la catequesis ya no es solo una preparación a los sacramentos sino una educación de la fe que se sitúa con naturalidad en un itinerario catequético-sacramental-vivencial de iniciación cristiana. Esto garantiza progresivamente la continuidad del proceso. Antes era habitual la interrupción del proceso tras la primera comunión y se reanudaba varios años después con la preparación a la confirmación, cuya celebración se retrasaba en orden a complementarla e integrarla en una pastoral juvenil.

Tras la reciente publicación del catecismo Testigos del Señor, con el que se completan los catecismos de iniciación cristiana, la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal acaba de aprobar la publicación de una instrucción pastoral, Custodiar, alimentar y promover la memoria de Jesucristo, en la que, tras situarlo en el contexto de la iniciación cristiana, recomienda para toda la Iglesia española un itinerario catequético-sacramental con el recorrido siguiente:

a. Etapa del despertar religioso (0-6 años).

b. Etapa de la iniciación sacramental (6-10 años).

c. Etapa de síntesis de la experiencia religiosa y de personalización de la fe (10-14 años).

Después de la publicación del Directorio General para la Catequesis (1997) y bajo la influencia de la reflexión catequética, en muchas diócesis y provincias eclesiásticas se han elaborado directorios de iniciación cristiana, que han marcado la renovación de la catequesis en España. Todos ellos se han ido fecundando unos a otros y, especialmente los últimos, han bebido del documento de la Conferencia Episcopal Española, La iniciación cristiana. Reflexiones y orientaciones, publicado en 1999.

En estos directorios se insiste mucho en un «análisis de la realidad socio-religiosa» en nuestro país y se anima a una «iniciación cristiana» que no dé por supuesta la fe, sino que cuide de modo especial el despertar religioso y que, a lo largo de todo el itinerario, propicie una catequesis bien situada en el proceso evangelizador en la que no falte en algún momento la presencia del kerigma, el primer anuncio. Se insiste también en estos Directorios en el papel activo de la comunidad cristiana, como «catequesis viviente», que acompaña todo el itinerario. Se insiste en una catequesis integral que consolide la vida cristiana de cuantos, a través de los sacramentos, se incorporan a Cristo, en su misterio pascual, y crecen en su identidad cristiana.

Aun siendo conscientes de las dificultades por las que están pasando las familias en España y que, justamente por eso, no garantizan siempre la transmisión y la educación de la fe de sus hijos, se insiste especialmente en el acompañamiento, a ser posible «intergeneracional», por parte de las comunidades parroquiales: familias, párrocos y catequistas. Es imprescindible vincular a los padres al itinerario cristiano de sus hijos. Sabemos que son muchos los abuelos y abuelas que en este momento están haciendo lo que no hacen muchos padres. Por eso insistimos que en la catequesis de iniciación de niños y adolescentes ha de estar presente la familia: «nada sin los padres, todo con la familia».

En un documento recientemente publicado por nuestra Conferencia Episcopal (2013), Orientaciones pastorales para la coordinación de la familia, la parroquia y la escuela en la transmisión de la fe, los obispos insisten en la necesaria coordinación entre la familia, la parroquia y la escuela en la educación de la fe. Se trata de una llamada a colaborar entre las tres instancias educadoras de nuestros niños y adolescentes. En estas orientaciones pastorales se han puesto las bases de un fecundo diálogo entre las tres instancias, coordinadas desde la parroquia, como responsable última del itinerario de iniciación cristiana.

En general, hay un alto nivel de participación de nuestros niños en la catequesis, sobre todo hasta la primera comunión. Baja bastante esa participación en la catequesis de confirmación, aunque en muchas diócesis se hace una catequesis de «repesca», sobre todo a partir de los veinte años y son muchos los adultos que se confirman, incluso en edades avanzadas.

2. Catequesis en edad juvenil

Si exceptuamos los movimientos apostólicos (Acción Católica Juvenil y otros movimientos de nuevo cuño) escasamente se garantizan en la edad juvenil procesos de formación coordinados. En realidad, no tenemos una orientación precisa sobre un acompañamiento catequético adecuado y coordinado en pastoral juvenil. Sí hay algunas experiencias diocesanas y parroquiales, pero de iniciativa particular. Es un periodo para el que lamentablemente no acertamos en una oferta catequética-pastoral significativa.

3. Catequesis en edad adulta

En lo que se refiere a la edad adulta, en muchas diócesis se tienen experiencias de catequesis de adultos, de reiniciación, pero no generalizada, sino que todo depende del dinamismo pastoral de las parroquias. Aunque hubo una época, por los años 90 de siglo XX, en la que la catequesis de adultos se promovió desde la Subcomisión Episcopal de Catequesis, sin embargo, el seguimiento no llegó a todas las diócesis españolas y en este momento no está realmente floreciente, aunque no faltan iniciativas. Hay una gran diversidad de materiales, los más conocidos son Para dar razón de nuestra fe. Formación en la fe con el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, del Secretariado de Catequesis, y el Itinerario de formación cristiana para adultos. Ser cristianos en el corazón del mundo, promovido por la Acción Católica.

Como síntesis, tenemos que decir que muchos no acaban de tomarse en serio este medio extraordinario de la catequesis de adultos como servicio de renovación de la vida cristiana de nuestras comunidades. No acaba de verse la necesidad de dicha catequesis como referencia para la de las otras edades por su valor paradigmático y ejemplar. Algunas diócesis, como ya se ha dicho, sí que han hecho experiencias dignas de tener en cuenta. No obstante, aún queda un largo camino por recorrer y es mucho lo que hay que cambiar, sobre todo de mentalidad en obispos, sacerdotes, catequistas y en los mismos fieles.

4. El Catecumenado

En muchas de las diócesis españolas, sobre todo en las de mayor población urbana, se ha implantado el Catecumenado para adultos no bautizados. Poco a poco se va consolidando esta nueva experiencia, se elaboran materiales específicos, se programan procesos adecuados y se cuenta con catequistas bien preparados para acompañar a los catecúmenos. Hay además unas directrices de la CEE para el catecumenado de adultos no bautizados (Orientaciones pastorales para el Catecumenado, 2002). Desde la Subcomisión Episcopal de Catequesis se alienta y acompaña la implantación y desarrollo del Catecumenado organizando cada año unas Jornadas específicas para todos los responsables de las diócesis españolas. Cada año, también, invitamos a dichas Jornadas a responsables de otras Conferencias Episcopales que tienen mayor experiencia en este campo: Francia, Italia, Bélgica, etc.

En este sentido, se está trabajando desde el Secretariado en clave de triple mirada: al RICA, a la situación del Catecumenado en las Iglesias de los países vecinos y al acontecer diario de nuestra situación en España. De aquello que apenas hace dos décadas, en nuestro país, era una realidad pastoral emergente con procesos catequéticos desconexos, un puñado de adultos, en su mayoría inmigrantes, de aquello hemos pasado a una realidad pastoral relevante donde existen procesos adecuados, emanados del RICA, debidamente organizados y atendiendo anualmente a unos tres mil candidatos que quieren ser cristianos. Además, los sacerdotes y acompañantes, por un lado, han empezado a conocer la riqueza que contiene el RICA, y los obispos, por otro, han tomado conciencia de este hecho que, en verdad, es un acontecimiento, fruto de la gracia de Dios, y van instaurando el Catecumenado en sus diócesis. ¿Quiénes son los candidatos hoy? En parte, aquellos niños cuyos padres o familias decidieron esperar o eran indiferentes religiosamente, que con motivo de la primera comunión pidieron también recibir el bautismo. También existe un buen número de adultos que no recibieron de niños el bautismo y han descubierto el regalo de la fe. También inmigrantes que vinieron a nuestro país, se encontraron con la Iglesia y con cristianos, y pidieron el bautismo. Esta es nuestra realidad.

5. Catecismos y materiales catequéticos

En lo que se refiere a los materiales catequéticos, en España contamos con tres documentos de fe para el itinerario de iniciación cristiana de niños y adolescentes: Los primeros pasos en la fe, para el despertar religioso (0-6 años); Jesús es el Señor para la iniciación sacramental (6-9 años); Testigos del Señor, para la maduración y la personalización de la fe (10-14 años). Son catecismos para la iniciación cristiana, inspirados en el Catecismo de la Iglesia Católica. Han sustituido a otros que empezaron a elaborarse en los años 80, los llamados Catecismos de la comunidad, en los que se insistía en que la comunidad cristiana es un ámbito distinto y complementario, junto con la familia y la escuela, en la educación de la fe. Los entonces Catecismos nacionales y después los Catecismos escolares, dieron paso a dichos Catecismos de la comunidad, que se iniciaron con un excelente, pero mal acogido y usado, catecismo para preadolescentes
Con vosotros está en 1974. Más tarde se elaboraron los catecismos: Padrenuestro (1982), Jesús es el Señor (1982) y Esta es nuestra fe. Esta es la fe de la Iglesia (1986).

Es abundante la proliferación de materiales complementarios e instrumentos pedagógicos para la catequesis. Estos son elaborados, en la mayoría de los casos, por diversas diócesis y provincias eclesiásticas, aunque también por editoriales y autores particulares. Tras la publicación del catecismo Jesús es el Señor, se está insistiendo por parte de nuestros obispos en que ningún material suplante el uso directo del catecismo en la catequesis. Ninguna guía o material ha de hacer innecesario el uso del catecismo; al contrario, siempre han de referirse a él, del tal modo que inviten a su uso directo por parte de los niños y adolescentes, de la familia y de los catequistas. Es decir, materiales complementarios sí, sustitutorios no. Algunos de ellos han fomentado una catequesis escolarizada no deseable. Sin embargo, y a pesar de todo, hay que reconocer que dicha «creatividad» de materiales por parte de las diócesis y provincias eclesiásticas ha proporcionado una mejoría en la acción catequética concreta que venimos desarrollando.

6. Los catequistas y su formación

Nuestros catequistas han hecho un trabajo muy meritorio en catequesis durante los últimos años en España. Han sido, realmente, el alma del movimiento catequético. En realidad muchos de ellos tienen una buena formación, gracias al trabajo realizado en las delegaciones diocesanas y las parroquias. A lo largo y ancho de la Iglesia en España se han creado muchas escuelas de catequistas. En ellas se cultiva su identidad, vocación y misión y se cuida su formación doctrinal, espiritual y pedagógica. También han estado bien acompañados por parte de los sacerdotes, especialmente en lo que se refiere a la preparación y evaluación de la catequesis semanal y a su atención espiritual. Todo esto se ha visto orientado desde la Subcomisión Episcopal de Catequesis a través de un Proyecto Marco de formación de catequistas (1998), y se canaliza por medio de las delegaciones diocesanas.

Sin embargo, en los últimos años, se está produciendo un envejecimiento de los catequistas, por lo que en este momento lo que se busca y desea es un relevo generacional. También se está renovando la formación de los catequistas, sobre todo al hilo de los nuevos planteamientos catequéticos y pastorales. Entendemos que es necesario renovar constantemente su mentalidad catequética y situarla en un «clima misionero», en una «catequesis de inspiración catecumenal» y, sobre todo, en una «pedagogía de iniciación». Intentamos responder así a la apremiante necesidad de una formación específica de los catequistas. En general se viene insistiendo en la formación de los agentes de pastoral, como exigencia de una mayor, más formada y responsable participación del laicado en la misión pastoral de la Iglesia. También detectamos la necesidad por parte de los sacerdotes de intensificar su participación activa en la catequesis parroquial concreta, así como en el acompañamiento a los catequistas. El escaso número de sacerdotes y las muchas tareas que tienen encomendadas, a veces les puede hacer olvidar esta misión esencial suya y de las comunidades a las que atienden.

7. Perspectivas para la catequesis en España

Conscientes de nuestra realidad social, cultural y religiosa, y abiertos a esa «conversión misionera» a la que nos llama el papa Francisco, nuestra acción pastoral en general y la catequesis en particular han de tomar las medidas pertinentes en orden a una renovada propuesta de la fe. El contexto de la catequesis en España hoy es claramente evangelizador. Por tanto, ha de entrar en este nuevo clima evangelizador que hoy se nos pide. Desde esa convicción, la catequesis ha de incidir en toda la pastoral eclesial y, sobre todo, en todos los que intervienen en ella. Lo hará con un «proyecto renovado de iniciación cristiana» en el que todo esté al servicio del nacimiento, crecimiento y maduración permanente de la fe y de la vida cristiana en todas sus dimensiones, así como al servicio de los destinatarios de todas las edades, empezando por los adultos, como destinatarios principales, y siguiendo por los niños, adolescentes y jóvenes.

En esta situación, la catequesis ha de estar precedida por un umbral sólido, en el que la fe haya sido invitada, provocada y reclamada, lo que Benedicto XVI llamaba el «atrio de los gentiles». Porque no ha de darse por supuesta la fe, sino que, al contrario, ha de ser despertada. De ahí que seamos conscientes de que nuestra catequesis hoy necesita preguntarse de nuevo por su identidad, por las características en una situación nueva de misión y por dar respuestas significativas a los destinatarios correspondientes en sus situaciones respectivas.

Como síntesis de los retos que se le presentan a la catequesis española en estos momentos, los podemos resumir en estos epígrafes, que nos hacen tomar conciencia hacia dónde vamos:

— Hacia una catequesis en clave misionera y de iniciación

— Hacia una catequesis que tenga por seno la comunidad cristiana

— Hacia una catequesis que introduce en una experiencia cristiana integral

— Hacia una catequesis consolidada en un camino de carácter catecumenal

— Hacia una catequesis apoyada en una sólida estructura ministerial

III
PROPUESTAS CATEQUÉTICAS

Siguiendo el Plan pastoral, en nuestras propuestas catequéticas se mantiene el esquema de las cuatro funciones eclesiales al servicio del Reino de Dios, cuatro grandes dones de los que es portadora en la misión específica de la Iglesia en medio del mundo: un nuevo modo de amor universal (diaconía), una nueva forma de convivencia fraterna (koinonía), una palabra henchida de salvación y de esperanza (kerigma), un conjunto de ritos transparentes y manifestativos de una vida en plenitud (liturgia). En cada uno de los apartados y en relación con la acción catequética proponemos la motivación, un objetivo general, tres objetivos específicos, tres acciones, los agentes y el calendario.

1. La catequesis en la Iglesia al servicio del reino de Dios

Motivación:

La Iglesia está para evangelizar, es decir, para anunciar a Jesucristo, su vida, muerte y resurrección, Salvador del mundo y del hombre. La Iglesia, en su identidad, vocación y misión está íntimamente ligada a la evangelización, está llamada a ser fermento del Reino en medio de las realidades temporales para ayudar a los hombres a que se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. La esencia del reino es que todos los hombres somos hermanos (fraternidad), hijos del mismo Padre (filiación) y tenemos como referente de vida el amor entregado, hecho servicio (mandamiento nuevo).

En este sentido, podemos decir que la catequesis en la Iglesia es un medio que está al servicio del Reino de Dios. El primer rasgo esencial que caracteriza las tareas de la Iglesia, entre ellas la catequesis, consiste en subrayar el hecho de que no existe para sí misma, sino al servicio del proyecto divino que supera con mucho los límites de la realidad y de la acción eclesial: la proyección del Reino de Dios. Este proyecto recibe en la tradición bíblica y eclesial diversos nombres, por ejemplo, recapitular todas las cosas en Cristo, salvación de los hombres, liberación de los hijos de Dios, unidad del género humano, paz mesiánica, etc. Es el plan de Dios sobre la humanidad, que en Cristo y por medio del Espíritu, se realiza en la historia. Es el plan de salvación para todos los hombres. La venida del reino de Dios, que suplicamos en la oración del Padrenuestro, es una utopía que anida en el corazón humano y constituye el anhelo superior y el punto de referencia de toda la actividad de la Iglesia (cf. Prefacio de la misa de Cristo Rey). Para captar en hondura el significado de este compromiso fundamental es necesario tener presentes algunas consideraciones:

a) La Iglesia como sacramento del reino, no se identifica con el reino de Dios, pero «constituye en la tierra el germen y el principio de este Reino» (LG, n. 5). De ahí que una primera indicación fundamental para la praxis eclesial, en nuestro caso la catequesis, es que no tiene como fin la realidad misma de la Iglesia, su autoconservación o autoafirmación en el mundo, sino que se proyecta toda ella hacia un plan que la transciende y determina su sentido: la venida del Reino y su crecimiento en la historia.

b) En esta perspectiva hay que repensar la relación entre la Iglesia y el mundo, según la concibe el concilio Vaticano II. El mundo, es decir, la humanidad histórica, no debe ser visto como algo extraño u opuesto al proyecto del Reino, ni tampoco como simple campo de aplicación de la salvación de la iglesia, sino como verdadero lugar de realización del reino, en la medida que secunda el impulso del Espíritu. Desde el punto de vista de la praxis eclesial, en concreto de la catequesis, la iglesia debe estimular el crecimiento del mundo según el plan de Dios para hacer al mundo más humano y más conforme con el proyecto liberador del Reino.

c) Bajo esta luz hay que considerar el dinamismo esencial de la Iglesia en su vocación, mejor convocación (ekklesía), y misión. Convocación y misión son los dos polos de un continuo dinamismo que hace que la Iglesia se recoja para difundirse, se reúna para sentirse continuamente lanzada al mundo, se concentre para perderse en el humilde testimonio del Reino, del que es germen y primicia.

Y, en este contexto, ¿dónde está situada la catequesis? En el proceso evangelizador de la Iglesia está entre la acción misionera y la acción pastoral. Atendiendo al principio de la doble fidelidad, a Dios en su mensaje y al hombre en su contexto, siguiendo las orientaciones de la Iglesia, la catequesis en España hoy está al servicio de la iniciación cristiana [2].

Siguiendo dichas orientaciones podemos decir que «engendrar y modelar en la fe a las nuevas generaciones puede resultar difícil pero no imposible, porque no solo es tarea nuestra» [3]. La iniciación cristiana tiene la peculiaridad de que la iniciativa en la transformación de la persona y su integración en la Iglesia la tiene Dios. Es una acción gratuita del Padre que actualiza, aquí y ahora, por la Palabra y los sacramentos que su Hijo realiza en la Iglesia, y por la acción del Espíritu Santo que inspira, ilumina, guía y conduce al que es llevado a iniciarse como cristiano. Es, pues, la acción del Espíritu Santo en el corazón de cada persona la que hace germinar el don de la fe. A nosotros, eso sí, nos corresponde la función de mediadores. Una mediación que se hace al sembrar, regar y cultivar la apertura del hombre a Dios para, de esta forma, conjugar la gratuidad de Dios y la libertad del hombre.

Así pues, en la Iniciación, catequesis, liturgia y experiencia cristiana caminan juntas hacia un mismo objetivo. Conviene cuidar las tres dimensiones correspondientes e íntimamente correlacionadas: dimensión catequética, dimensión sacramental y dimensión espiritual; más aún, y dadas las circunstancias actuales desde el punto de vista socio-cultural y religioso, podemos decir que las dos primeras, más allá de todo automatismo, están al servicio de la dimensión espiritual, donde se fundamenta el proceso de conversión, el encuentro y la adhesión a Jesucristo. Bautismo, catequesis y confesión de fe se reclaman mutuamente. Mediante los sacramentos de Iniciación, el ser humano es vinculado a Cristo y asimilado a él en el ser y en el obrar, introduciéndole en la comunión trinitaria y en la Iglesia. Mediante la catequesis, que precede, acompaña o sigue a la celebración de los sacramentos, el catequizando descubre a Dios y se entrega a él; alcanza el conocimiento del misterio de la salvación, afianza su compromiso personal de respuesta a Dios y de cambio progresivo de mentalidad y de costumbres; fundamenta su fe acompañado por la comunidad eclesial. Mediante la vivencia espiritual, que posibilita la apertura del catequizando a la conversión, se le favorece la experiencia de encuentro con Jesucristo y se le propone la adhesión personal a él. En este sentido no podemos olvidar que «los sacramentos como signos tienen, también, un fin pedagógico. No solo suponen la fe, también la fortalecen, la alimentan y la expresan con palabras y acciones; por eso se llaman sacramentos de la fe» [4].

La Iglesia como madre no solo ha engendrado hijos de Dios por el bautismo, sino también por el cuidado, educación y desarrollo de esa vida de fe que recibieron en el bautismo. Por la catequesis, la Iglesia cuida y ayuda a crecer en la fe a los bautizados. Por medio de la espiritualidad, la Iglesia acompaña a los catequizandos, o en su caso a los catecúmenos, y les va mostrando la belleza de la fe, les pone en camino hacia el encuentro con Jesucristo y les facilita los medios para adherirse a él y seguirle. En este proceso catequético, sacramental y espiritual, la persona acoge la pregunta vocacional, cuya respuesta implica la elección de estado en la Iglesia y en el mundo.

Objetivo principal:

Animar la renovación de la catequesis al servicio de la iniciación cristiana atendiendo a sus destinatarios, mejor dicho, interlocutores, acompañando a sus agentes y clarificando los ámbitos.

Objetivos particulares:

Ofrecer claves de lectura y compresión correspondientes de los documentos de la CEE que tratan de la iniciación cristiana, así como los relativos al catecumenado. A saber:

La iniciación cristiana. Reflexiones y orientaciones (1998).

Orientaciones pastorales para la coordinación de la familia, la parroquia y la escuela en la transmisión de la fe (2013).

Custodiar, alimentar y promover la memoria de Jesucristo (2015).

Orientaciones pastorales para el catecumenado (2002).

Orientaciones pastorales para la iniciación cristiana de niños no bautizados en su infancia (2004).

a. Recordar y alentar a los responsables primeros de la catequesis, obispos y sacerdotes, a que esta se configure realmente como servicio de la iniciación cristiana en las iglesias locales.

b. Asimismo, recordar y alentar a los obispos la instauración del Catecumenado en sus diócesis como institución catequética y como referente para quienes desean completar su iniciación cristiana.

Acciones:

a. Acompañar a los delegados diocesanos en sus reuniones por provincias eclesiásticas o regiones pastorales en orden a escuchar, animar y fomentar la comunión con el fin de priorizar personas y recursos.

b. Impulsar el uso de los catecismos oficiales de la CEE así como sus correspondientes Guías y recursos catequéticos.

c. Proponer el uso de los materiales Encuentro con Jesús, el Cristo para acompañar el itinerario catecumenal de los jóvenes y adultos no bautizados.

d. Publicar y promocionar el libro de Mons. Estepa sobre La catequesis en la misión de la Iglesia. Escritos catequéticos 1960-2010.

e. Renovar el diseño de la revista Actualidad Catequética para la transmisión de la fe.

Agentes: Subcomisión Episcopal, Secretariado y delegados diocesanos.

Calendario: Año 2016.

2. La comunidad cristiana es «origen, lugar y meta de la catequesis»

Motivación:

El signo de la koinonía responde al anhelo de hermandad, de paz, de comunión y corresponsabilidad de los hombres de todos los tiempos. Debe manifestar un modo nuevo de convivir y de compartir, anuncio de la posibilidad de vivir como hermanos, hijos del mismo Padre y practicando el mandamiento nuevo del amor. Todo ello, expresión del Reino de Dios.

La fuerza renovadora del concilio Vaticano II, y especialmente su redescubrimiento de la eclesiología de comunión, han dado origen a un vasto movimiento comunional y comunitario, presente en la Iglesia, que cuenta con múltiples iniciativas y realizaciones: órganos colegiales, sínodos, asambleas eclesiales tanto diocesanas como parroquiales, consejos pastorales, catecumenados de adultos, etc. Son expresiones diversas de un nuevo anhelo hacia los valores de comunión, participación, corresponsabilidad y comunicación en la organización de la vida eclesial. Es todo un mundo de ideas, proyectos, perspectivas, tensiones y conflictos, que en su conjunto se nos presenta como un signo auténtico del paso del Espíritu por la Iglesia.

Al considerar la articulación de la acción catequética con el ámbito de la koinonía eclesial, en sus diversas manifestaciones, llama la atención, sobre todo, la estrecha relación que por doquier viene subrayada entre catequesis y comunidad cristiana, cualquiera sea la forma en que se la concibe. La referencia a la comunidad parece hoy imprescindible; por ello se dice que no hay catequesis sin comunidad, que esta es el lugar y la meta de aquella y que las nuevas formas de comunidad ofrecen posibilidades inéditas al desarrollo de la catequesis. La perspectiva pastoral que aquí se abre se presenta rica en promesas. En este sentido, se puede hablar de opción comunitaria en la catequesis actual, opción que proclama la comunidad cristiana como condición, lugar, sujeto, objeto y meta de la catequesis. Veamos sus aspectos más significativos.

a) La comunidad es condición necesaria para la catequesis: La catequesis debe apoyarse en el testimonio de la comunidad eclesial. Pues la catequesis habla con más eficacia de aquello que realmente existe en la vida incluso externa de la comunidad. Insistencia que se recoge, además del Directorio General para la Catequesis y de Catechesi tradendae en otros documentos españoles como el citado de Santiago (1978) y La catequesis de la comunidad (1983). El éxito de la transmisión de la fe depende más de los catequistas que de la catequesis y, más aún, de las comunidades eclesiales. De aquí la idea de que el catequista o animador de la catequesis tiene que desarrollar la función de intérprete, es decir, de aquel que ilumina y explica cuanto vive y profesa la comunidad. Podemos concluir diciendo que, en sentido pleno, solo puede ser objeto de catequesis lo que verdaderamente se realiza en la comunidad.

b) La comunidad es el lugar natural de la catequesis: La afirmación más clara se encuentra en el mensaje final del Sínodo de la catequesis: «El lugar o ámbito de la catequesis es la comunidad cristiana» (Proposición 13), pero la idea ha llegado a ser patrimonio común del planteamiento pastoral de la catequesis. Esta encuentra su natural y fundamental ambiente de referencia en la comunidad eclesial.

c) La comunidad es el sujeto responsable de la catequesis: También esta es una convicción madurada y proclamada en el Sínodo de la catequesis: «Los Padres estiman unánimemente que la comunidad cristiana es la responsable de la catequesis, la comunidad que catequiza, en cuanto que es Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y signo universal de salvación» (Proposición 25). El verdadero sujeto de la catequesis es pues la comunidad, aunque más concretamente se sirve de personas y estructuras particulares de catequesis.

d) La comunidad es la verdadera destinataria de la catequesis: La catequesis es la forma de acción eclesial que conduce a la madurez de la fe tanto a las comunidades como a cada fiel; ella va dirigida a la comunidad sin descuidar a cada fiel. En este sentido, la catequesis teniendo como sujeto y objeto la comunidad, puede ser definida como el proceso de crecimiento de una comunidad eclesial que acoge la palara de Dios y la profundiza, caminando hacia la madurez de la fe.

e) La comunidad es objetivo y meta de la catequesis: Como se subrayó en el Sínodo de la catequesis, la comunidad cristiana es «origen, lugar y meta de la catequesis» (Proposición 25). Si es verdad cuanto venimos diciendo de que la comunidad es el presupuesto importante para el acierto de la acción catequística, también es verdad que la misma catequesis construye la comunidad y que en todo caso debe proponerse, entre sus objetivos, el de crear y renovar la comunidad cristiana.

Los diversos aspectos de la opción comunitaria que hemos señalado obligan a una revisión profunda de la identidad de la catequesis y ponerla al servicio de la iniciación cristiana.

Objetivo principal:

Favorecer la comunión como don y potenciar la corresponsabilidad como tarea entre la Subcomisión y el Secretariado de Catequesis con las demás Comisiones y Secretariados de la CEE, por un lado, y con las delegaciones diocesanas, por otro; asimismo animar dicha comunión y corresponsabilidad entre las delegaciones y los equipos arciprestales, aunando esfuerzos para la coordinación de familia, parroquia y escuela en la transmisión de la fe.

Objetivos particulares:

a. Impulsar una catequesis que, dentro de la comunidad evangelizadora y en el contexto socio-cultural concreto en que vive, esté abierta a la escucha de la Palabra de Dios, atenta a los signos de los tiempos, significativa para los interlocutores y con talante misionero.

b. Intensificar la coordinación de la catequesis con las demás acciones pastorales de la parroquia y de la diócesis, creando cauces de encuentro para la comunión y la corresponsabilidad.

c. Proponer y animar la regeneración de catequistas de talla humana y madurez cristiana; valorar su función en la Iglesia y acompañarles en su formación integral, espiritualidad propia y compromiso apostólico.

Acciones:

a. Reelaborar los documentos: La catequesis de la comunidad, El catequista y su formación y el Proyecto marco de formación de catequistas.

b. Ofrecer fichas de trabajo en el seguimiento del YouCat para jóvenes con el fin de atender su formación cristiana.

c. Actualizar el catecismo Esta es nuestra fe. Esta es la fe de la Iglesia para adultos.

d. Estrechar contactos con los equipos de delegados diocesanos por provincias eclesiásticas o regiones pastorales mediante el impulso del Consejo asesor.

e. Participar en el Simposio de la CCEE en torno a «El acompañamiento de jóvenes para responder a la llamada de Cristo».

f. Potenciar las relaciones y encuentros con las Comisiones y Secretariados de Apostolado Seglar, Clero y Vida consagrada en torno a la dimensión catequética sobre la belleza de la fe y la alegría del evangelio.

Agentes: Subcomisión Episcopal, Secretariado, Consejo asesor y Comisiones enunciadas.

Calendario: 2017.

3. La catequesis al servicio de la revelación de Dios y de la fe del hombre

Motivación:

El signo del kerigma, o anuncio de la Palabra de Dios, aparece en el mundo como mensaje liberador y como clave de interpretación de la vida y de la historia. Ante la demanda de sentido y la experiencia del mal, los cristianos estamos llamados a ser en el mundo portadores de esperanza a través del anuncio de Jesucristo, que inaugura y garantiza la realización del Reino. Aquí tiene un papel relevante la acción catequética.

En cuanto forma peculiar del ministerio de la Palabra en la Iglesia, la catequesis se cualifica ante todo por la naturaleza misma de la Palabra de Dios y de su encarnación en la historia. Lleva en su interior la tarea cualificada de cuidar la fidelidad de Dios en su mensaje y la fidelidad del hombre en su contexto. En el fondo, el cuidado de la verdad divina y de la libertad humana. La catequesis está al servicio de la Palabra, del anuncio de Cristo, y al servicio del hombre para ayudarle a responder a en la fe. La catequesis es, pues, acontecimiento y mediación histórica entre Dios y el hombre, entre revelación y fe. De ahí que en el corazón mismo de la catequesis late constantemente una cuestión importante: la relación entre fe y vida.

En la constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II encontramos una lograda síntesis del concepto de revelación y de sus más importantes dimensiones: «Quiso Dios, con su bondad y sabiduría, revelarse a Sí mismo y manifestar el misterio de su voluntad: por Cristo, la Palabra hecha carne, y con el Espíritu Santo, pueden los hombres llegar hasta el Padre y participar de la naturaleza divina (…) En esta revelación, Dios invisible, movido de amor, habla a los hombres como amigos, trata con ellos para invitarlos y recibirlos en su compañía» (DV, n. 2). Se ven aquí descritos el origen, objeto y el fin de la revelación, se pone de relieve la iniciativa gratuita de Dios que ofrece la salvación y la invitación a un encuentro personal como amigos en vista a una finalidad plenificante: la comunión. La palabra de Dios se presenta como la intervención divina, potente y misteriosa, en la que el Padre se comunica así mismo y comunica su proyecto de salvación a favor de la humanidad. De este proyecto y esta comunicación que tienen como centro la figura de Cristo, la catequesis eclesial continúa siendo instrumento y mediación durante el tiempo de la Iglesia. Enunciamos simple y sencillamente algunas dimensiones fundamentales del misterio de la palabra de Dios que nos permiten profundizar en la naturaleza y alcance de la acción catequética. Así:

a) Jesucristo, palabra encarnada de Dios, centro y culmen de la revelación (dimensión cristocéntrica y personalista de la palabra de Dios).

* La catequesis es, ante todo, anuncio de Cristo e invitación a un encuentro personal con él.

b) La palabra de Dios, mensaje para el hombre (carácter significante y liberador de la palabra de Dios).

* La catequesis es iluminación e interpretación de la vida que ayuda a la realización plena del hombre.

c) La palabra de Dios encarnada en la historia (dimensión histórica y dialogal de la palabra de Dios).

* La catequesis es reinterpretación de la fe como respuesta creyente y ayuda en el diálogo cultural, realiza la inculturación.

d) La palabra de Dios, don del Espíritu de Cristo (dimensión espiritual de la palabra de Dios).

* La catequesis es acción del Espíritu y en el Espíritu, que debe hacerse en clima de oración y contemplación.

e) La palabra de Dios, palabra dada y prometida (dimensión escatológica de la palabra de Dios).

* La catequesis es anuncio de certezas y camino hacia la verdad plena.

En la economía de la palabra de Dios desempeña un papel de importancia central la experiencia religiosa, gracias a la cual se hace posible leer la vida y la historia como lugares en donde la palabra de Dios alcanza la conciencia de los hombres. La catequesis tiene aquí una tarea hermosa, como en su día la tuvo Israel antes y la comunidad apostólica después: leer en el hoy de la historia, guiada por el Espíritu, los signos de la presencia y de la acción de Dios, rastrear sus huellas. La palabra de Dios se realiza solo a través de una experiencia de Dios. La importancia de esta dimensión experiencial de la palabra de Dios es tal que nos atrevemos a decir que sin experiencia religiosa no hay comunicación ni escucha de la palabra de Dios.

Objetivo principal:

Impulsar la presencia de la Sagrada Escritura en la catequesis de iniciación cristiana y proponer la práctica de la lectio divina a catequistas, catequizandos y catecúmenos.

Objetivos particulares:

a. Propiciar el contacto directo con la Biblia, subrayar su importancia en la vida cristiana y ofrecerla como lugar referente para el diálogo y encuentro con Dios.

b. Impulsar la lectio divina en la propuesta del primer anuncio, en los procesos catequéticos de iniciación y en el itinerario del catecumenado.

c. Favorecer la lectura de la Sagrada Escritura en clave de Historia de Salvación subrayando los hechos históricos, los acontecimientos religiosos y los personajes en su identidad, vocación y misión.

Acciones:

a. Fomentar un mayor y mejor conocimiento de la Sagrada Escritura como Palabra de Dios, tanto en las escuelas de catequistas como en las reuniones y encuentros con padres.

b. Proponer y favorecer la creación de un departamento de pastoral bíblica en la CEE.

c. Revisar y adaptar la Biblia para la Iniciación Cristiana.

d. Dar a conocer la edición de la Biblia Joven, tanto en su versión de la CEE como en las introducciones, comentarios y notas, instrumentos necesarios para la catequesis.

e. Ofrecer recursos catequéticos para niños y adolescentes con el objetivo de iniciar en la oración, siguiendo los pasos de la lectio divina.

Agentes: Subcomisión Episcopal, Secretariado y Coordinadores diocesanos de catequistas.

Calendario: 2018.

4. La liturgia, referencia esencial para la catequesis (ars credendi-ars orandi)

Motivación:

El signo de la liturgia eclesial, o celebración del misterio de Cristo, comprende el conjunto de ritos y momentos celebrativos de la experiencia cristiana como experiencia de liberación y de salvación. Responde a la exigencia profundamente radicada en el corazón del hombre, de celebrar la vida, de acoger y expresar en el símbolo el don de la salvación y el misterio de la existencia rescatada y transformada. Frente a los límites mortificantes de la racionalidad, en una sociedad que reprime la libertad y condena a la soledad, la comunidad cristiana está llamada a crear espacios en donde la vida y la historia sean celebradas, exaltadas y relanzadas como proyecto y como lugar de realización del Reino de Dios. En la eucaristía, sacramentos, fiestas y conmemoraciones diversas que constelan la experiencia de fe, las comunidades cristianas deben testimoniar y celebrar, con alegría y agradecimiento, la plenitud liberadora del anuncio que se nos ha dado en Cristo. Los valores del Reino como la paz, la fraternidad, el amor, la justicia, son de esta forma enunciados y pregustados en la concreción de las celebraciones que los manifiestan y los producen.

En este sentido, la relación entre catequesis y liturgia tiene en su haber una larga y probada tradición, ya que la liturgia, sobre todo la eucaristía y los demás sacramentos, ha constituido desde siempre un punto de referencia y un ambiente privilegiado para la catequesis. Más aún, se puede decir que durante largos periodos de la historia cristiana, la tarea prevalente de la catequesis ha sido la preparación a los sacramentos y a la vida litúrgica. En el periodo postconciliar la unión entre catequesis y liturgia ha seguido representando un capítulo de primera importancia en el quehacer pastoral de la Iglesia, gracias también al impulso renovador de la Sacrosanctum Concilium y a la reforma postconciliar de la liturgia. Podemos decir que dicha relación llega a la intimidad en los procesos de iniciación cristiana con su estrecha conexión de camino de fe (catequesis), expresión sacramental (liturgia) y experiencia de vida (conversión).

Considerando la naturaleza misma de la catequesis, sus exigencias y sus objetivos, es fácil subrayar la importancia de su referencia a la liturgia, precisamente en función de su papel esencial de educación en la fe con vistas a su maduración. Ante todo, el significado central de la liturgia en la experiencia de fe de la Iglesia hace que la catequesis, en sus distintas realizaciones, no pueda por menos de referirse a la liturgia como fuente de inspiración, sostén del propio testimonio y contexto celebrativo en que se inserta su acción. Por ello, el ejercicio de la catequesis ha de tener presente el Año litúrgico como telón de fondo y el entramado sacramental como culmen del propio itinerario de fe. El proceso de crecimiento en la fe debe aparecer siempre «estructurado sacramentalmente», vinculado a momentos de celebración que revelan y expresan su profundo significado. Tanto que la liturgia, en cuanto “primera e indispensable fuente” del espíritu cristiano (cf. SC, n. 33), puede ser llamada «catequesis permanente de la Iglesia» (I. H. Dalmais), «fuente inagotable de catequesis» (RdC, n. 130 de Italia), «preciosa catequesis en acto» (RdC, n. 114). La reflexión catequética vislumbra en ella un gran catecismo vivido, de gran riqueza y eficacia, a través de la variedad de los ritos, celebraciones, textos y acontecimientos (cf. J. Colomb). Es un conjunto particularmente expresivo y unitario de la globalidad del mensaje cristiano (cf. E. Alberich).

Objetivo principal:

Promover y animar una más auténtica, fructuosa y activa participación de los cristianos, según sus diversas edades (niños, adolescentes, jóvenes y adultos) en las celebraciones litúrgicas y, más concretamente, en la celebración de los sacramentos.

Objetivos particulares:

a. Preparar con esmero las celebraciones de los sacramentos de iniciación cristiana (bautismo, confirmación, eucaristía), así como del matrimonio, cuidando su carácter religioso, la correspondiente maduración en la fe y su eficacia salvadora.

b. Revitalizar la celebración del domingo, eje y clave de la identidad cristiana, como día de descanso, día del Señor y día de la familia.

c. Buscar cauces para vincular más y mejor la catequesis al ritmo del Año litúrgico que del curso escolar.

Acciones:

a. Acompañar a los padres y padrinos con encuentros pertinentes y catequesis adecuadas en torno a la celebración fructuosa de los sacramentos de la iniciación cristiana.

b. Cuidar la pastoral de la celebración de la eucaristía en los diversos itinerarios catequéticos, aprovechando la tercera edición del misal romano y la de los leccionarios correspondientes de la misa.

c. Incorporar de manera efectiva las correspondientes celebraciones del «envío» y de las «entregas» del itinerario catequético en el contexto de la eucaristía parroquial, con participación de la comunidad y con ayuda de los materiales: La parroquia, una familia en fiesta.

d. Analizar y aprovechar las distintas manifestaciones de religiosidad popular para ofrecer el primer anuncio de Jesucristo a niños, adolescentes, jóvenes y adultos.

e. Recordar y proponer adecuadamente el uso de los materiales del Secretariado: Catequesis de Benedicto XVI a los niños de primera comunión (2005) y El bautismo, Benedicto XXI a los padres (2007).

f. Potenciar las relaciones y encuentros con la Comisión y Secretariado de Liturgia en torno a la dimensión catequética sobre la belleza de la fe y la alegría del evangelio.

Agentes: Subcomisión Episcopal, Secretariado, Delegados, Catequistas y la citada Comisión.

Calendario: 2019.

5. La catequesis encuentra en la diaconía un elemento constitutivo de su proceso y un criterio de autenticidad

Motivación:

El signo de la diaconía eclesial, o servicio de la caridad, responde a la profunda exigencia de los hombres y de los pueblos de hallar una alternativa a la lógica de dominio y de egoísmo que envenena la convivencia humana. La comunidad cristiana está llamada a testimoniar un nuevo modo de amar, una tal capacidad de entrega y de compromiso por los demás que haga creíble el anuncio del evangelio del Dios del amor y del Reino del amor. El signo de la diaconía prende de tal modo en el corazón del proyecto del Reino que parece el más decisivo e importante (cf. Mt 25, 35-46), verdadero test de autenticidad de los otros signos: kerigma, liturgia y koinonia.

La nueva conciencia eclesial de la significación y contenido de la diaconía encuentra su correspondencia en el modo de concebir la identidad y contenido de la acción catequética. Podemos decir que esta exigencia ha sido ya aceptada en los principales documentos de la catequesis postconciliar en los que la opción por el compromiso histórico de liberación y la opción preferencial por los pobres han llegado a ser constantes en los diversos sectores de la praxis eclesial. Entre dichos documentos recordamos el IV Sínodo de obispos de 1977, que dio singular importancia al tema del compromiso cristiano en su dimensión social (Mensaje Sínodo 77, n. 10), aspecto que fue recogido en la exhortación Catechesi tradendae (n. 29). Resumimos los aspectos que nos parecen más significativos en la relación entre catequesis y diaconía eclesial:

a) La catequesis presupone hoy, y debe favorecer al mismo tiempo, la opción pastoral por la evangelización en la promoción humana, dentro de una iglesia en estado de servicio a la humanidad. En este contexto la catequesis se encarna profundamente en la realidad histórica y humana de las personas que participan en ella (cf. Medellín-Catequesis, 6).

b) La catequesis tiene el deber de iniciar en la diaconía eclesial en todas sus implicaciones y niveles operativos (cf. Medellín –Catequesis– 7; Mensaje Sínodo 77, n. 10). Por eso se pide que la catequesis tenga, en el ámbito de la diaconía, una tarea de iniciación, que concretamente quiere decir: guiar a la acción, ofrecer motivaciones, informar y comprometer, suscitar el sentido crítico, ofrecer claves de interpretación de la realidad, promover vocaciones específicas para el servicio y la acción social.

c) La catequesis encuentra en la diaconía un elemento constitutivo de su proceso y un criterio de autenticidad. En esta clave hemos titulado el apartado porque entendemos que en el itinerario mismo de la transmisión de la fe desempeña un papel indispensable el momento del compromiso y del amor activo. Es decir, no solo es condición o premisa en el anuncio del mensaje cristiano, sino parte integrante del mismo anuncio. La diaconía, además de ser elemento integral del crecimiento de la fe personal y comunitaria, y, por lo mismo parte integrante de la catequesis, en su ejercicio constituye para la catequesis un criterio de autenticidad, especialmente cuando se vive la opción preferencial por los pobres y débiles de cualquier clase y condición.

La medida, el método, los contenidos y el tipo de inserción de la dimensión diaconal dependen de las circunstancias que caracterizan a todo proyecto de catequesis. Toda situación concreta de catequesis queda determinada por diversos factores y condicionamientos: edad, situación de los participantes, contexto social, cultural, religioso, etc.

Objetivo general:

Reavivar en los catequistas, padres de familia y en los procesos catequéticos de las diversas edades el ejercicio de la caridad, expresión del mandamiento nuevo de Jesús y signo de la identidad cristiana (Jn 13, 34-35).

Objetivos particulares:

a. Percibir la caridad como expresión del amor de Dios y mano tendida de la Iglesia a las necesidades, sufrimientos y esperanzas de los hombres de nuestro tiempo, especialmente los más pobres material, espiritual y moralmente.

b. Dar a conocer la Doctrina Social de la Iglesia en sus principios fundamentales siguiendo el Docat.

c. Proponer las vocaciones específicas de servicio a los demás: laicado cristiano, vida consagrada y ministerio ordenado como fruto de la madurez cristiana que se va adquiriendo.

Acciones:

a. Ofrecer recursos para la catequesis con niños, adolescentes, jóvenes y adultos con capacidades diferentes.

b. Proponer y alentar voluntariados cristianos adecuados a las diversas etapas del itinerario catequético de iniciación.

c. Promover la difusión y el conocimiento de la Doctrina Social de la Iglesia ofreciendo los materiales correspondientes.

d. Potenciar las relaciones y encuentros con las Comisiones y Secretariados de Migraciones y Pastoral Social en torno a la dimensión catequética sobre la belleza de la fe y la alegría del evangelio.

Agentes: Subcomisión Episcopal, Secretariado, Delegados, Coordinadores de catequesis y las Comisiones citadas.

Calendario: 2020.

CONCLUSIÓN

La formulación de las páginas precedentes, salidas de la reflexión, la plegaria y el esfuerzo, ya las consideramos sorpresa del Espíritu Santo; él alienta y conduce a su Iglesia en cada tiempo y en cada lugar. Los objetivos, acciones y calendario que se entretejen en dichas páginas son medios o instrumentos al servicio de la Subcomisión Episcopal de Catequesis para llevar adelante su tarea, constituyen su hoja de ruta para los próximos años. La Iglesia está para evangelizar y la catequesis, que está dentro del proceso evangelizador de la Iglesia, nos ayuda a comprender más y mejor que aquello que creemos (kerigma), es lo que celebramos (liturgia), es lo que vivimos (koinonía) y es a lo que nos comprometemos (diaconía).

A modo de ondas que se expanden en un lago, quisiéramos que los objetivos propuestos y las acciones indicadas ayuden, en primer lugar, a la propia Subcomisión de Catequesis y a su Secretariado y por extensión a las delegaciones diocesanas en su tarea de transmitir la fe. En segundo lugar, quisiéramos llegar a los miles de catequistas que, diseminados por la geografía española, realizan su misión tanto en parroquias urbanas como en las del mundo rural, para animar, orientar y sostener la riqueza de su misión en favor del reino de Dios, en su Iglesia y para el mundo. La perla preciosa en este quehacer eclesial es la transmisión de la fe por medio de la catequesis.

Estos son nuestros deseos y esperanzas, más aún, nuestros sueños, para que, apoyados en el Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española, que a su vez emana de la exhortación apostólica Evangelii gaudium, vivamos «la dulce y confortadora alegría de evangelizar».

El presente Plan de Acción constituye un modesto esfuerzo en esa dirección. Es preciso que los agentes de catequesis comprendan certeramente su inspiración, asimilen cuidadosamente sus pasos y se atengan adecuadamente a sus indicaciones.

Con nosotros camina María, mujer creyente, catequista de Jesús en Nazaret. Ella, como en la primera hora de la Iglesia, nos alienta y ayuda a ser discípulos misioneros que, en esta hora del mundo, vivamos contentos por dentro la belleza de la fe y contagiemos por fuera la alegría del Evangelio.

Madrid, 12 de octubre de 2016.


[1] Cf. IRIBARREN, J., (ed), Documentos de la Conferencia Episcopal Española 1965-1983 (Madrid, 1984).

[2] PABLO VI, Evangelii nuntiandi. La evangelización en el mundo contemporáneo (Roma 1975); JUAN PABLO II, Catechesi tradendae (Roma 1979); CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, Directorio General para la Catequesis (Roma, 1997); FRANCISCO, Lumen fidei (Roma 2013); IDEM, Evangelii gaudium (Roma 2013); CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, La iniciación cristiana. Reflexiones y orientaciones (Madrid, 1988); IDEM, Custodiar, alimentar y promover la memora de Jesucristo (Madrid, 2015).

3 IDEM, Custodiar, alimentar… n. 7

[4] SC 59

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