Misa de acción de gracias por la canonización de San Manuel González

Homilía del
Card. D. Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

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Colegiata de san Bartolomé, Valencia
Sábado 29 de octubre de 2016

Con profunda alegría y alabanza a Dios nos reunimos esta tarde, en esta Colegiata de san Bartolomé, junto a las hermanas Misioneras Eucarísticas de Nazaret, para unir a nuestra acción de gracias por Jesús, Hijo Unigénito de Dios humanado, en quien Dios, el Padre, nos lo ha dado todo, nos ha bendecido con toda suerte de bienes espirituales, nos ha amado hasta el extremo, unir y elevar a Dios, rico en misericordia, también nuestra acción de gracias por la canonización hace unos días de D. Manuel González, Obispo, cuando murió, de Palencia, antes lo fue de Málaga en años muy difíciles, y con antelación sacerdote de Sevilla y Arcipreste de Huelva. Un Pastor verdaderamente conforme al corazón de Dios, apóstol de la Eucaristía y de la caridad. ¡Cómo necesitamos de su testimonio, de su plegaria, de su sencillez y caridad en estos momentos en España, todos, pero particularmente nosotros, los Obispos y lo sacerdotes! Y debo añadir que es verdaderamente providencial para nuestra diócesis de Valencia llamada a seguir un proyecto diocesano para una nueva evangelización, que brota de la Eucaristía, tiene como signo más relevante e ineludible la caridad para todos, con predilección por los pobres y los últimos, y tiene en los sacerdotes sus primeros y principales servidores de la obra evangelizadora, ejercicio básico de la caridad.

En él, en san Manuel González, Dios nos ha querido mostrar el verdadero perfil del sacerdote para los tiempos actuales: sacerdotes para la Eucaristía y de la Eucaristía y, de ahí, para ejercer el ministerio de la caridad como pastores y evangelizadores de la misericordia con la que Dios ama a los hombres, como Jesucristo, verdadero corazón de Dios y reflejo fidelísimo de su ternura misericordiosa inabarcable. Las lecturas que hemos proclamado nos dibujan el perfil del Santo Obispo D. Manuel, que escuchó a Jesús, al que buscó, encontró y siguió sin condiciones.

Parece que veo a San Manuel, con toda la sencillez, humildad y amor que le caracterizaban, haciendo a Jesús la misma pregunta del Evangelio: “¿Maestro, dónde vives?”. Y escuchó la misma respuesta: “Ven y lo verás”. Y fue donde verdadera y realmente está presente y vive: en la Eucaristía, en el Sagrario. Su vida entera gira en torno al Sagrario como base y fundamento de su ser sacerdote, su ser pastor que se deshace a favor de todos, singularmente de los pobres, que tienen nombres concretos y ocupan lugares concretos en la sociedad, en la Andalucía o en la Castilla de entonces.

No se puede entender la vida de San Manuel González como sacerdote y Obispo sin la Eucaristía, como tampoco podemos entender la vida del sacerdote y del Obispo hoy sin la Eucaristía.

En los momentos difíciles, incluso de poco aprecio o de persecución de los sacerdotes, en los momentos de cansancio o de debilidad o de pérdida del futuro, él, San Manuel, como nosotros, escuchamos la misma voz que escuchó el profeta Elías: “¡Levántate y come, que el camino es superior a tus fuerzas!”. Superior a nuestras fuerzas es la misión y ministerio que se nos ha confiado; pero tenemos el Pan de la vida, que Dios ha dispuesto para los hombres, su Hijo Jesucristo, hecho Eucaristía, pan de Vida, Cuerpo partido, que nos da fuerza con el alimento del cielo para tomar parte en los duros trabajos del Evangelio, para seguir echando, una y otra vez, las redes donde no parece posible pescar nada o se encuentra oposición. Con la fuerza de este alimento se puede emprender y reemprender el camino, que conduce a la unidad, a reunir a los hijos de Dios dispersos, a ser uno, un solo Cuerpo en la Iglesia. Sólo de la largas horas en el Sagrario nos vendrá la fuerza para continuar el camino y la tarea en medio de trabajos y dificultades, sólo del trato de amigo de quien nos espera en el Sagrario para que hablemos con Él, sólo de no dejándolo solo en sagrarios abandonados podremos hallar nuestro sentido de vida que debe manifestar la caridad de Dios, su ternura, su misericordia.

¡Cuánta actualidad tiene la vida, el mensaje, el testimonio de San Manuel González! No es casual que la canonización ocurra en estos momentos, en los que junto a un poderoso llamamiento a la evangelización mediante el signo de la caridad, se escucha el mismo llamamiento a centrar nuestra vida, la vida de los sacerdotes y de las comunidades cristianas en la Eucaristía y en la adoración eucarística. No seamos sordos a la voz del Señor, no estemos ciegos ante los signos que nos ofrece el Señor en estos tiempos que vivimos.

Todo esto nos ofrece el testimonio valiosísimo de San Manuel para ser hoy evangelizadores de los pobres, edificadores de la paz, forjadores de una nueva humanidad, hecha de hombres y mujeres nuevos, a los que, a partir del encuentro personal con el Señor en la Eucaristía, en el trato de amistad con Él en la adoración y en la oración, hay que anunciar y enseñar el Evangelio a través de una predicación incansable y de una asidua y bien fundada catequesis, como San Manuel llevó a cabo. Sacerdotes conforme al corazón de Dios, Eucaristía, sagrario, oración, predicación, catequesis, enseñanza, caridad para con los últimos, los pobres y marginados, obras de misericordia, son la vida sencilla y nada fácil de San Manuel, una vida conforme a las Bienaventuranzas que conducen a la santidad, nuestra vocación, estas realidades son el ejemplo y el camino, la herencia, que nos dejó San Manuel González: ése fue su camino, y ese podría ser el nuestro. El Señor, presente en la Eucaristía, fue su herencia, y su lote y su todo.

Que él, como siempre hizo, porque siempre amó mucho a su pueblo con corazón eucarístico, nos acompañe con su oración por nosotros y por los más necesitados del Evangelio en esta hora crucial que atravesamos, necesitada de la paz y de la misericordia del Señor; que san Manuel ayude de manera muy particular a sus hijas, las Misioneras Eucarísticas de Nazaret y las enriquezca con nuevas vocaciones para que los Sagrarios no estén abandonados y llegue la catequesis a todos los rincones. Muchas gracias hermanas, nos sentimos muy unidos a ustedes, y con ustedes elevamos a Dios nuestro canto de alabanza y nuestra súplica, por intercesión de su santo padre y fu dador, San Manuel González.

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