Los santos desconocidos

Carta de
Mons. D. Jaume Pujol Bacells
Arzobispo de Tarragona

PujolBalcellsJaume

Domingo 30 de octubre de 2016

He leído el relato de una persona que guardaba en el alma la amargura de un mal recuerdo de su padre ya fallecido. Le hubiera gustado amar su memoria, pero no podía. Con esta losa en el corazón, se apuntó a una peregrinación a Roma. Durante la peregrinación, en cierto momento, sus sentimientos se trastocaron y por primera vez el recuerdo de su padre fue positivo y notó despertarse el cariño que deseaba y no conseguía. Acudió al sacerdote que acompañaba la peregrinación en busca de la clave de lo ocurrido y el sacerdote, invocando la creencia en la comunión de los santos, le dijo: «Es que con la muerte el parentesco no desaparece».

Estos días tan señalados en nuestra liturgia –Todos los Santos y el Día de Difuntos– nos llevan a pensar en las personas que nos han precedido en el camino de la vida eterna con Dios en el cielo, comenzando por la propia familia.

Cada año el 2 de noviembre celebro una misa en la Catedral por todos los fieles difuntos de la Archidiócesis. El templo se llena para recordarlos y rezar por ellos, y sobre todo para ofrecerles los méritos del sacrifico de Cristo, que son sobreabundantes. Son momentos de petición por sus almas, por si necesitan aún de la purgación para disfrutar de la patria celestial, y para darles gracias por lo que nosotros somos gracias a ellos y a sus cuidados.

Estas fechas nos facilitan también pensar en la santidad, que no es un premio a quienes logran algo reservado a muy pocos. Esta excelencia competitiva es propia de la vida terrena, donde solo unos cuantos logran un campeonato olímpico, un Premio Nobel o inscribir su nombre en la lista Forbes de los más ricos del mundo.

La santidad no se mide tanto por el propio esfuerzo como por el abandono en manos de Dios. Y son muchos los santos que nos rodean, de todas las épocas y también de la nuestra. Juan Pablo II quiso acentuar la llamada universal a la santidad y la posibilidad de alcanzarla, beatificando durante su pontificado a más de 1.300 personas y canonizando a más de un centenar. Son modelos de una vida en consonancia con la voluntad divina, que solo quiere el bien para sus criaturas; pero sólo una pequeñísima parte de los santos desconocidos, que no son anónimos a ojos de Dios: religiosos, sacerdotes y seglares, hombres y mujeres de todas las edades y profesiones. La fiesta de Todos los Santos es su fiesta y la nuestra, que celebramos con ellos.

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Jaume Pujol Bacells
Arzobispo de Tarragona

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