¿Sepultura o cremación? Con motivo de la Instrucción “Ad resurgendum cum Christo”

Carta de
Mons. D. Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

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Domingo 6 de noviembre de 2016

Queridos fieles, entramos en el mes de noviembre, tradicionalmente dedicado, en la Iglesia, a la meditación sobre las realidades últimas de nuestra vida y a la oración por los difuntos. Inicia el mes con la solemnidad de Todos los Santos, que nos recuerda nuestra vocación a la santidad, a la amistad con Dios, a ejemplo de tantos y tantos hermanos y hermanas que nos han precedido en la fe y ya gozan de Dios en el cielo. Al día siguiente, conmemoramos a los fieles difuntos. Todos tenemos en el corazón y en el recuerdo esos seres queridos a los cuales nos sentimos muy unidos por lazos de familia, amistad y agradecimiento. La oración y el recuerdo de nuestros queridos difuntos será una constante durante este mes.

A propósito de los fieles difuntos, la Congregación para la Doctrina de la Fe acaba de publicar una Instrucción titulada Ad resurgendum cum Christo sobre la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación. El documento atañe a todos los fieles. Como decía el Cardenal Gerhard L. Muller en la presentación de esta Instrucción, la cremación del cadáver ha registrado un aumento significativo en muchos países, además de la difusión de la conservación de las cenizas en el propio hogar o su dispersión en la naturaleza.

Ante este hecho, la Iglesia sigue recomendando vivamente que los cuerpos de los difuntos se entierren en el cementerio o en otro lugar sagrado. En memoria de la muerte, sepultura y resurrección del Señor, la inhumación es la forma más adecuada para expresar la fe y la esperanza en la resurrección corporal. Además, la sepultura en los cementerios u otros lugares sacros responde adecuadamente a la piedad y al respeto honrando a los cuerpos de los fieles difuntos.

Si por razones legítimas se opta por la cremación del cadáver, las cenizas del difunto, por regla general, deben mantenerse en lugar sagrado, es decir, en el cementerio o, si es el caso, en una iglesia o en un área especialmente dedicada a este fin. No está permitida la conservación de las cenizas en el hogar. Solo en casos graves y excepcionales circunstancias, el Ordinario, de acuerdo con la Conferencia Episcopal, puede conceder el permiso para conservar las cenizas en el hogar. Para evitar cualquier malentendido panteísta, naturalista o nihilista no se permite la dispersión de las cenizas en el aire, en tierra, en agua o en cualquier otra forma.

La Instrucción pretende ayudar a los fieles cató- licos a que tomen mayor conciencia de su dignidad como “hijos de Dios” (Rom 6,16). Estamos ante un nuevo desafío para la evangelización de la muerte. La Instrucción nos pide a los pastores de la Iglesia y a los restantes fieles a que ayudemos a evangelizar el sentido de la muerte, a la luz de la fe en Cristo resucitado, como escribió Tertuliano, un autor cristiano del siglo II, «la resurrección de los muertos, de hecho, es la fe de los cristianos: creyendo en ella, somos tales» (De resurrectione carnis, 1,1).

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Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

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