Jubileo de delegados diocesanos de Pastoral Universitaria y de los Colegios de la Fundación Diocesana de Enseñanza

Homilía de
Mons. D. Jesús Catalá Ibáñez
Obispo de Málaga

articulos-232133

S.I. Catedral Basílica de la Virgen de la Encarnación, Málaga
Viernes 11 de noviembre de 2016

1.- Cincuenta años de Pastoral Universitaria en Málaga

Los Delegados de Pastoral Universitaria de las distintas diócesis de España están celebrando sus Jornadas Nacionales de trabajo; y lo han querido hacer en Málaga con motivo del Cincuenta Aniversario de la Pastoral Universitaria en nuestra diócesis, que empezó incluso años antes de la creación de la Universidad de Málaga, cuando aún dependían los estudios universitarios de la Universidad de Granada.

Agradecemos al Señor esta efeméride eclesial y reconocemos a todos aquellos que han trabajado con ilusión en este campo pastoral.

La universidad y el ámbito educativo son un marco especial y un verdadero areópago para el anuncio del Evangelio.

2.- Superar la esclavitud, signo de misericordia

Resulta gozosa e impactante la carta de san Pablo a Filemón, en la que le pide a éste que trate a su esclavo Onésimo como a un hermano.

Aunque Pablo dice que tiene autoridad para imponerse, prefiere apelar a la caridad (cf. Flm 8-9), recomendando al esclavo ante su dueño: «Quizá se apartó de ti por breve tiempo para que lo recobres ahora para siempre y no como esclavo, sino como algo mejor que un esclavo, como un hermano querido» (Flm 15-16).

La luz y la fuerza del Evangelio ayudan a superar situaciones deshumanas que el hombre ha propiciado, como la esclavitud. Con gran exquisitez, libertad de espíritu y elegancia humana, san Pablo rompe las cadenas de un esclavo y pide a su dueño que lo acoja y lo trate como si fuera él en persona (cf. Flm 17).

Superar la esclavitud es un gran signo de misericordia; es tener un corazón que perdona y ama; es compadecerse de las miserias del hermano y devolverle la libertad de hijo de Dios. Tal vez no somos conscientes que mantenemos como esclavos a otras personas a través de comentarios negativos, de la difamación, de la manipulación, de las etiquetas, del mal trato, del abuso de poder.

El ejemplo de Pablo nos debe animar a romper cadenas y a liberar a todos aquellos a quienes tal vez hemos amordazado o atado con nuestro modo de actuar. Eso sería hacer una obra de misericordia, aunque no esté enumerada entre las catorce clásicas (corporales y espirituales).

3.- El Jubileo de la misericordia

Los Delegados diocesanos de Pastoral Universitaria, los Colegios de la Fundación de Enseñanza Santa María de la Victoria, la Escuela de Magisterio de Antequera, y otras instituciones de enseñanza, venís a celebrar el Jubileo de la Misericordia.

La peregrinación a la Catedral, que habéis hecho, indica el camino hacia la patria celeste, morada verdadera y definitiva de los hijos de Dios, y nos recuerda que la misericordia es una meta por alcanzar y que requiere compromiso y sacrificio; es decir, un camino de conversión.

El Papa, en el Jubileo de la Misericordia, nos ha invitado a “experimentar el amor de Dios que consuela, que perdona y ofrece esperanza” (Misericordiae vultus, 3).

El término “misericordia” expresa la síntesis del misterio de la fe cristiana, es decir, el misterio de Dios, rico en misericordia (Ef 2, 4; Sant 5, 11), revelado y realizado en Cristo, rostro de la misericordia del Padre (cf. Misericordiae vultus, 1) y hecho operante de modo permanente por el don del Espíritu (cf. Jn 20, 22-23). El Dios-Trino es misericordioso. La misericordia de Dios se ha hecho visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret. Él es quien nos revela de modo pleno el gran amor y la infinita misericordia de Dios-Padre.

Celebrar el Jubileo de la Misericordia supone aceptar el perdón de Dios y darle gracias por su amor misericordioso; y acoger también la Palabra eterna y verdadera de Dios, Jesucristo. Dios en persona se hace hombre (cf. Flp 6,1-6) y convive con nosotros y nos muestra el rostro bondadoso y misericordioso del Padre.

4.- El reino de Dios está dentro de vosotros

Los fariseos, como hemos visto en el Evangelio, preguntaron a Jesús sobre la llegada del reino de Dios. Él les contestó: «El reino de Dios no viene aparatosamente, ni dirán: está aquí o está allí; porque, mirad, el reino de Dios está en medio de vosotros» (Lc 17,20-21).

No hay “espectacularidad” en la llegada del amor de Dios al corazón humano. El Espíritu Santo actúa en el interior, renovando, convirtiendo, transformando, haciendo morada. Dejarse inhabitar por el Espíritu es aceptar la misericordia de Dios, acoger su perdón, gozar de la dulzura de la presencia divina. Como dice el libro del Apocalipsis: «Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo» (Ap 3,20).

Pedimos que el reino de los cielos venga sobre todos los hombres, para que puedan gozar del amor misericordioso de Dios. Con esta celebración jubilar expresamos nuestra aceptación del perdón y de la misericordia que Dios nos otorga.

5.- Testigos del verdadero rostro de Dios

Queridos profesores, maestros, padres, educadores, quienes os dedicáis al mundo de la enseñanza, en los distintos niveles y edades, desde la infancia hasta la universidad, tenéis un reto muy importante: ayudar a los demás a purificar la imagen distorsionada que puedan tener de Dios, ser testigos de la verdad del Evangelio, presentar de palabra y de obra la atrayente figura del Dios revelada en Jesucristo.

En nuestra sociedad hay muchas ofertas del hecho religioso: religiones diversas, iglesias varias, sectas, nigromantes, falsos adivinos, horóscopos. Pero solo salva Jesucristo, único mediador entre Dios y los hombres (cf. 1 Tim 2,5).

El proyecto de la escuela católica sólo es convincente si es realizado por personas profundamente motivadas, como testigos de un encuentro vivo con Cristo, en quien se esclarece el misterio del hombre (cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Gaudium et spes, 22). Personas que mantienen la adhesión personal y comunitaria al Señor, asumiéndolo como fundamento y referencia de la relación interpersonal y de la colaboración recíproca entre educador y educando (cf. Congregación para la Educación Católica, Educar juntos en la escuela católica. Misión compartida de personas consagradas y fieles laicos (8.09.2007).

El reto de una verdadera comunidad educativa es construir sobre la base de valores y proyectos compartidos, superando las posibles diferencias culturales y religiosas de sus miembros. Su fuerza reside en la pertenencia a Cristo y en la aceptación de la luz del Evangelio, asumidas como norma educativa.

San León Magno, cuya fiesta litúrgica celebra hoy la Iglesia, fue un ejemplo de transparencia de la verdadera imagen de Dios, tanto en sus escritos como en su vida; un maestro de la fe, que supo enseñar con gran destreza y buen fruto. Pidamos su intercesión en nuestra tarea pastoral.

Al final de esta celebración entregaremos la Medalla “Pro Ecclesia Malacitana” a Dª Teresa de Jesús Isaac Martínez, miembro de la Institución Teresiana, colaboradora de la Delegación diocesana de Enseñanza, que ha dedicado muchos años al servicio de nuestra Diócesis en diversos campos, sobre todo en el de la enseñanza.

Os animo a todos a seguir los pasos del Señor Jesucristo y a vivir como discípulos suyos con alegría, generosidad y entrega. Pido a Dios por todos vosotros, para que os haga testigos valientes y creíbles del Evangelio.

¡Que Santa María de la Victoria, Patrona de la Diócesis malacitana, nos ayude y nos acompañe en nuestra tarea educativa! Amén.

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