CVIII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española

Saludo de
Mons. D. RENZO FRATINI
Arzobispo titular de Botriana
Nuncio Apostólico en España y en Andorra

fratini21112016

Madrid, 21 de noviembre de 2016

Eminentísimo Señor Cardenal Presidente,
Eminentísimos Señores Cardenales,
Excelentísimos Señores Arzobispos y Obispos,
Señoras y Señores:

Al inaugurar los trabajos de la CVIII Asamblea Plenaria, agradezco muy vivamente la invitación que este episcopado me ha hecho llegar, expresando, con este gesto afectuoso y cordial, la comunión con el Santo Padre.

Al considerar los temas a tratar, he comprobado con gusto la oportunidad y acierto de incluir en el programa tres puntos de vital importancia. Se trata de la reflexión sobre la situación del clero en España, la urgencia de una pastoral vocacional y también, de la pastoral de la familia observando las pautas de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia.

1.- La situación del clero en España

En este tiempo de cambio profundo y continuado en la sociedad española, urge fomentar las vocaciones al presbiterado y cuidar a los sacerdotes de forma especial. Todo sacerdote es un don de Dios para su Iglesia a la que ama y edifica con la entrega de sus ministros. Asimismo, en los sacerdotes conviene despertar, no solo el amor a la diócesis, sino la disponibilidad generosa para la vida de la Iglesia, particularmente allí donde exista más necesidad, mirando el bien de las almas.

La necesidad del cultivo de una disponibilidad efectiva está en dependencia del hecho de que la Eucaristía es la que hace la Iglesia y vivifica el corazón de los fieles manteniéndolos en su unión con el Señor y llevándolos también a un compromiso de vida que contribuye en la tarea permanente de trasformar el mundo. Por tanto el término “situación” del clero, no es ante todo estadístico o geográfico. Nuclearmente la “situación”  del sacerdote es ante todo sacramental y teológica, es decir su relación con el “Misterio de la Fe”, con el Misterio Eucarístico: “imita lo que conmemoras y conforma tu vida con el misterio de la cruz del Señor”.

2.- Urgencia de una pastoral vocacional

Otro punto del programa en conexión, en cierto modo, con el anterior, es la reflexión en torno a la importancia de la dirección espiritual en la formación integral de los candidatos al sacerdocio. Se trata de un ministerio eclesial trascendental y de un apoyo para el propio candidato, cuya inclinación vocacional exige un discernimiento. El director espiritual es un testigo directo de la obra de la gracia en el alma, de la semilla de la vocación que el Señor ha puesto con su mirada.  Pero al director espiritual no solo le compete ayudar a resolver conflictos personales y a discernir. Además le corresponde cultivar gradualmente actitudes de vida que, desde el seminario, sirven de pauta a lo largo de la vida en el sagrado ministerio. Se trata en concreto del sentido del servicio y de la gratuidad. Ambas actitudes, propias de un ánimo en “salida”, son imprescindibles para poder conocer a la gente. Solo cuando las personas son bien comprendidas, pueden ser ayudadas más eficazmente.

Qué provechosas son las reflexiones que el Santo Padre ha hecho recientemente con ocasión del encuentro internacional de pastoral vocacional, promovido por la Congregación para el Clero el pasado octubre. Él se ha referido a la pastoral vocacional con los términos de “tarea esencial de la Iglesia” y también “misión urgente”. No es una humana estrategia, sino propiciar y descubrir el encuentro con Cristo observando los tres pasos implícitos que el Papa señala en el evangelio: “Salir, ver y llamar”… la pastoral vocacional es aprender el estilo de Jesús, que pasa por los lugares de la vida cotidiana, se detiene sin prisa y, mirando a los hermanos con misericordia, les lleva a encontrarse con Dios Padre”.

3.- La pastoral familiar a la luz de la Exhortación post sinodal “Amoris Laetitia”

Por lo general, las vocaciones salen de las buenas familias. La importancia de la familia en el desarrollo humano y cristiano de la persona es incuestionable.  La pastoral familiar tiene por fin, señala la Exhortación Amoris Laetitia, “lograr que las familias sean a la vez iglesias domésticas y fermento evangelizador en la sociedad” (n. 290).

No ignoramos, como dice el Santo Padre, el “creciente intento, por parte de algunos, de redefinir la institución misma del matrimonio…y la falta de apertura a la vida” (Viaje Apostólico a Filipinas 16/1/2015). Tenemos delante la cultura de “lo provisorio” así le llama el Papa Francisco. No se trata, para nada, de someterse a su dictado, de adoptar la forma de pensar de dicha cultura de lo efímero. Se trata de acompañar sin olvidar como pastores “que, a menudo, la tarea de la Iglesia se asemeja a la de un hospital de campaña” (Amoris Laetitia, n. 291).  Esto es, “acompañar” lo que significa “perder el tiempo”con “paciencia para hacer madurar las conciencias, para curar heridas, para enseñar” (Encuentro con el Movimiento de Schoenstatt, 25/10/14).

La “cultura de lo provisorio” del hombre posmoderno, ha hecho emerger una nueva pobreza, la soledad que padece en su corazón. La ayuda que podemos dar a los jóvenes de cara a formar una nueva familia incluye el empeño de prepararlos, “desde muy lejos”, en el noviazgo, para que comprendan lo que significa el matrimonio y asuman realmente lo que prometen “tomando conciencia de que es para siempre”.

Y por encima de todo, la pastoral familiar debe seguir proponiendo a Jesucristo, “en realidad – nos dice también el Papa Francisco– la gran misión de la familia es dejar sitio a Jesús que viene, acoger a Jesús en la familia, en la persona de los hijos, del marido, de la esposa, de los abuelos… Jesús está allí. Acogerlo allí, para que crezca espiritualmente en esa familia (Audiencia General, 17/12/2014).

Al comenzar sus tareas les animo a mantener, con toda fortaleza, el espíritu de concordia y de unidad, propiedad del Colegio Episcopal. En este día de la Presentación de Nuestra Señora en el Templo, en el que recordamos la entrega total que de sí misma hizo al Señor, les aseguro un recuerdo en mi oración por su maternal intercesión suplicándole que sus trabajos redunden para el bien de la Iglesia.

Muchas gracias.

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