Comenzar el año litúrgico

Carta de
Mons. D.  Carlos Escribano Subías
Obispo de Calahorra y La Calzada–Logroño

escribanosubiascarlosmanuel

Domingo 27 de noviembre de 2016

El tiempo del Adviento nos introduce en un nuevo año litúrgico. Esta formula la reiteramos una y otra vez durante estas semanas, la escuchamos muchas veces en las distintas celebraciones de estos días, pero corremos el riesgo de que se convierta en una frase rutinaria. Para evitarlo quizá nos convenga detenernos y recordar, aunque sea brevemente, qué es el año litúrgico.

Dios entra en la historia humana para realizar un plan de salvación que culmina en la Muerte y Resurrección de Cristo. El Señor entra en el tiempo del hombre, en la historia de la humanidad, para convertirlo en tiempo de salvación. La Iglesia nos acompaña cada año en la celebración de los acontecimientos salvíficos entregados por Dios.

Así el Año Litúrgico es la gran actualización del Misterio de Cristo en el Tiempo. Dios tiene un plan de salvación para el hombre. Nosotros tenemos la oportunidad de celebrarlo y actualizarlo cada año. Es como si Dios mismo, a través de la Iglesia y de sus celebraciones, nos cogiese de la mano con la intención de enriquecernos con el gran tesoro que se presenta ante los ojos de nuestra fe. Como nos recuerda San Pablo, la pretensión de Dios mismo no es sino que “todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad” (1 Tim 2,4).

El itinerario de fe que nos presenta el año litúrgico tiene varias etapas: el Adviento que nos prepara al encuentro con el Señor que nace. La aceptación de Jesús Niño en la Navidad y el reconocerle como nuestro Salvador. La purifi cación del camino cuaresmal que nos conduce a la Pascua, con la centralidad de la Muerte y Resurrección de Cristo. El asombro ante la fuerza de estos acontecimientos se prolonga hasta la efusión del Espíritu Santo en Pentecostés.

Hemos llamado al año litúrgico, itinerario de fe. Esto significa que no podemos vivir este misterio, como una sencilla sucesión de fechas en el calendario que las recordamos con más o menos solemnidad. Es un camino de profundización en la fe. Es una llamada que nos hace el Señor Jesús a través de las celebraciones del año para generar en nosotros una adhesión al acontecimiento celebrado. Cada año, cada fiesta, contemplamos el rostro de Cristo para crecer en el amor a Dios y a los hermanos. La celebración del año litúrgico nos hace conocerle cada día más y nos invita a configurarnos con Él, siguiendo el estimulante ejemplo de los santos.

Estamos viviendo el Adviento, estamos adentrándonos con mayor profundidad en este itinerario en el que la Iglesia nos acompaña, y debemos afrontarlo con responsabilidad y con profundo sentido de fe. La Palabra de Dios que nos ilumina en estas semanas nos ayuda a comprender mejor lo que estamos celebrando: queremos acoger a Dios, que se hace semejante a nosotros en todo menos en el pecado, para poder llevarle a los hombres de nuestro tiempo. ¡Feliz Año Litúrgico!

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Carlos Escribano Subías
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

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