Santa Misa para la imposición del palio

Homilía de
Mons. D. JUAN JOSÉ OMELLA OMELLA
Arzobispo metropolitano de Barcelona

omella03122016

S.I. Catedral Basílica de la Santa Cruz, Barcelona
Sábado 3 de diciembre de 2016

Estimado señor Cardenal,
Estimados señor Nuncio y hermanos obispos,
Hermanos sacerdotes,
Ilustrísimas autoridades,
Hermanos y hermanas,

Hace exactamente 898 años que a san Oleguer, antecesor nuestro, el papa Gelasio II le impuso el palio. Se conserva, aún, la bula papal. Es Oleguer un gran Santo y un eminente pastor. Sus restos -su cuerpo incorrupto- se conservan en el altar del Santo Cristo de Lepanto, aquí, en nuestra querida catedral de Barcelona.

Oleguer era consciente del significado que tenía y tiene este peculiar ornamento que llamamos palio y que me ha sido dado por el papa Francisco y ahora me ha impuesto el Sr. Nuncio en nombre del mismo Romano Pontífice, el Papa Francisco. Estoy muy agradecido y espero que nuestra archidiócesis también lo esté.

Obviamente el palio es un signo de comunión con Roma. El llevarlo los arzobispos metropolitanos -y el mismo Papa- en los hombros y el cuello; es de tela blanca con cruces de seda, según la forma viene a ser una especie de escapulario, como si fuera un cordero en los hombros del Buen Pastor.

Como bien sabéis todos, los palios son hechos con lana de unos corderos que el día de la fiesta de Santa Inés “extramuros” de Roma son bendecidos por el Papa. Una vez confeccionados los palios, son guardados en una arqueta de plata dorada en la cripta del altar de la “confesión”. Es cierto que estos corderos y su lana evocan la escena evangélica del Buen Pastor. Y la conclusión o deducción es bien patente: el arzobispo metropolitano, para sus feligreses y aun para sus obispos sufragáneos y para sus sacerdotes, religiosas y religiosos, es necesario que sea un muy buen Pastor. Y así nos lo describe el mismo San Oleguer: «… debe ser un varón prudente, hospitalario, ornamentado de virtudes, casto, sobrio, manso, que sea bien visto por Dios y por los hombres… en una palabra, que sea un buen pastor» ¡Qué meta se pone ante de mis ojos!

La figura del buen pastor era muy querida por Jesús. El divino Maestro solía extraer comparaciones de la montaña, del campo, de la viña, de la barca, del sembrador, del pastoreo… Jesús, nos dice de sí mismo, que es el Buen Pastor que ama las ovejas. No es el pastor asalariado, el mercenario a sueldo del dueño de las ovejas…; por creación primero y por redención después. ¡Las ama! ¡Y lo hace con tanta fuerza que incluso las rescata con el precio de la sangre! Es interesante recordar una frase que dice el papa san Gregorio Magno: «Jesús hizo lo que decía: por las ovejas -por nosotros- dio su sangre en el calvario. Y las nutrió con el Pan Eucarístico».

Difícilmente encontraríamos un ornamento sacro con más amplios y ricos significados como lo es el palio. El palio es signo de pastoreo, de la profunda comunión con el Pastor Universal que es el Papa. Desde el siglo VII a los arzobispos-metropolitanos el Papa les imponía el palio, añadiendo el derecho a sentarse en la cátedra de la catedral, el derecho de ordenar a los obispos sufragáneos, el derecho a presidir y convocar los sínodos provinciales, el derecho a recibir apelaciones, el derecho a formular la liturgia, el derecho a vigilar y a visitar todas las parroquias cuando la sede vecina era vacante….

Muchos derechos, pero todos ellos sumados dan la figura de un palio como signo de una reencontrada humildad, dado que el Evangelio dice: “quien quiera ser el primero en la Iglesia, que sea el servidor de todos”. El obispo-pastor debe mirar su dignidad más como un sincero servicio, servicio de comunión, que no como una autoridad de sumisión. El obispo debe ser el primero entre los servidores, y como dice el Papa Francisco: “el obispo ha de ser el Buen Pastor, siempre presente en medio de la gente, incluso entre los de la periferia, procurando que sea realidad que todos hemos sido convocados a participar y a colaborar en y con nuestra Iglesia, conectando con la más primitiva tradición sinodal”.

“Sínodo”, significa: participación, colaboración, igualdad, “todos a una”, transparencia, no secretismo, diálogo, o –tal como se dice hoy en día- transversalidad; todo ello escuchando y siguiendo siempre a nuestros pastores…. Formamos el Pueblo de Dios, y si alguien ha de sobresalir que sea el servidor de todos. ¡Éste es el precioso diseño y la verdadera ilusión del Buen Jesús para su Iglesia!

Es -podríamos concluir- el pluralismo dentro del marco del humilde servicio y de la unidad fundamental. O, como diría san Agustín refiriéndose al pluralismo en la Iglesia: «En cosas fundamentales de la fe, unidad; en cosas dudosas o opinables, libertad; en todo y en todas las cosas: caridad, respeto y comprensión».

¡A esta Iglesia quiero servir! A esta Iglesia que tanto amo, que es mi dulce esposa con la que estoy desposado con un desposorio sacro y místico, pero bien real.

Recuerdo en esta ocasión la exaltación poética y bíblica de la Madre Iglesia que hace san Oleguer en una de sus cartas: «Cristo de Dios -dice- eligió perennemente su esposa la Iglesia, adornándola de virtudes y sabiduría divina y redimiendo-la por su sangre y por la purificación del bautismo, pues sabe bien que sus miembros son pecadores que hay que purificar. Su elegancia y pulcritud, sin embargo, son cantadas por la escritura: «Toda hermosa eres, amada mía, suave, dulce y ataviada! Y en ti no hay mancha… hermana mía, huerto cerrado… esposa de Dios glorioso y esposa mía sin mácula ni arruga».

Esta pido que sea mi Iglesia archidiocesana de Barcelona, constantemente purificada y ensalzada por Jesús. Con Ella quiero identificarme y en ella quiero amar, ahora con un nuevo título de unión y estimación que este ornamento me impone. Ornamento que siempre llevaré como signo de amor a la Iglesia universal y en mi Iglesia, esposa mía: la Iglesia de san Paciano, San Severo y San Oleguer. ¡La Iglesia mía y la de todos vosotros! Demos gracias a Dios ya la Santísima Virgen la Virgen María! Que Dios nos bendiga a todos y nos conceda ser portadores de su amor y de su misericordia a esta nuestra sociedad tanto necesitada de paz y de reconciliación.

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