Laudato si’: Retos (II)

Carta de
Mons. D. Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

jimenezzamoravicente

Domingo 4 de diciembre de 2016

Queridos diocesanos:

Impulsar decisiones políticas necesarias, aunque sean costosas

Ante la grave situación socio-ambiental que vivimos, “llama la atención la debilidad de la reacción política internacional. El sometimiento de la política ante la tecnología y las finanzas se muestra en el fracaso de las Cumbres mundiales sobre medio ambiente” (LS 54). No podemos olvidar el liderazgo moral y la libertad evangélica que ejerce la persona del Papa Francisco sin esperar todo de la política ni de una ingenuidad idealista o inclusive espiritualista.

La persuasión del Papa es que “necesitamos una política que piense con visión amplia, y que lleve adelante un replanteo integral […] Si la política no es capaz de romper una lógica perversa, y también queda subsumida en discursos empobrecidos, seguiremos sin afrontar los grandes problemas de la humanidad” (LS 197). Esta amplitud de miras, de antemano, insta a superar las lógicas cortoplacistas, partidistas e interesadas; y significa también caer en la cuenta de que estamos ante un reto muy amplio, en el tiempo (solidaridad intergeneracional) y en el espacio (dimensión global que trasciende las políticas nacionales): “La grandeza política se muestra cuando, en momentos difíciles, se obra por grandes principios y pensando en el bien común a largo plazo” (LS 178).

Como en otros retos de envergadura, el principio clásico de la subsidiariedad ofrece pistas sabias para combinar las acciones políticas en los últimos niveles: hay que pensar globalmente y actuar localmente, al mismo tiempo que mantenemos la mirada local e incidimos globalmente. Y, en todo caso, es necesario superar la lógica de la eficiencia y de lo inmediato para que la acción política “asuma estas responsabilidades con los costos que implican” (LS 181).

La política y la economía al servicio de la vida humana

“La política no debe someterse a la economía y ésta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia. Hoy, pensando en el bien común, necesitamos imperiosamente que la política y la economía, en diálogo, se coloquen decididamente al servicio de la vida, especialmente de la vida humana” (LS 189).

Éste es, precisamente, el sentido de la economía en el gobierno de la ‘casa común’. Sin embargo, en la actualidad, se ha producido una grave “distorsión conceptual” de la economía (cfr. LS 195), pues prima más la maximización de los beneficios a corto plazo y, aún más, la economía financiera es más importante que la economía real (cfr. LS 85).

Por eso, las palabras del Papa Francisco nos alertan en este sentido, cuando afirma: “las finanzas ahogan a la economía real” (LS 109). En consecuencia, se producen una serie de disfunciones en el sistema, primero, “muy fácilmente el interés económico llega a prevalecer sobre el bien común” (LS 54) y, segundo, “los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente” (LS 55).

Cambio de actitudes

Otra economía es necesaria, pero no será posible ni viable sin un cambio profundo de actitudes. Un cambio que, en último término, demanda fuertes motivaciones espirituales, las llamemos así o no. Un ejemplo puede resultar iluminador: el sobre-consumo de una minoría de la población mundial. Este es el desorden antropológico que no puede ser abordado sólo con análisis económicos, medidas políticas e innovación tecnológica. Es una patología espiritual que requiere de un ejercicio espiritual. A ello se refieren el filósofo francés Pierre Hadot con el ‘cuidado de sí mismo’ (souci de soi) o el filósofo alemán Peter Sloterdijk con el imperativo categórico ‘Tú debes cambiar tu vida’. En este sentido, las religiones pueden hacer una valiosa contribución, ayudando a “superar la ansiedad enfermiza que nos vuelve superficiales, agresivos y consumistas desenfrenados” (LS 226). Para un economista, el sobre-consumo es una ineficiente asignación en el uso de los recursos; para un científico, uno de los vectores culturales que alimenta la desbocada demanda de recursos naturales; para un creyente es, además de todo lo anterior, reflejo de un grave desajuste espiritual.

De ahí que la espiritualidad resulte una pieza clave en el rompecabezas de la sostenibilidad. “No se trata de hablar tanto de ideas, sino sobre todo de las motivaciones que surgen de la espiritualidad para alimentar una pasión por el cuidado del mundo. Porque no será posible comprometerse en cosas grandes sólo con doctrinas sin una mística que nos anime, sin unos móviles interiores que impulsan, motivan, alientan y dan sentido a la acción personal y comunitaria” (LS 216).

En este momento de impasse histórico, la espiritualidad se presenta como una fuente imprescindible para la movilización social de tipo ascético que la crisis socio-ecológica demanda.

Con mi afecto y bendición,

jimenezzamora_firma

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s