“Misericordia et Misera”: sigue siendo tiempo de la misericordia

Carta de
Mons. D.  Carlos Escribano Subías
Obispo de Calahorra y La Calzada–Logroño

escribanosubiascarlosmanuel

Domingo 18 de diciembre de 2016

El pasado 20 de Noviembre el Papa Francisco cerraba la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro. Con ese significativo gesto quedaba concluido el Jubileo extraordinario de la Misericordia que ha marcado la vida de la Iglesia y de todos los cristianos en los últimos meses. Ese mismo día firmaba en Roma una preciosa carta apostólica titulada “Misericordia et Misera”, con la intención de agradecer al Padre misericordioso los muchos frutos obtenidos en este tiempo de gracia, a la vez que recordaba a todos los creyentes que “la puerta de la misericordia de nuestro corazón permanezca siempre abierta, de par en par” (n.16).

El Papa nos anima, también como Iglesia diocesana, a mirar al futuro: “Ahora concluido este Jubileo, es tiempo de mirar hacia adelante y de comprender cómo seguir viviendo con fidelidad, alegría y entusiasmo, la riqueza de la misericordia divina” (n.5). Y Francisco recuerda que solo podremos continuar con vitalidad y dinamismo, en nuestras comunidades cristianas “la obra de la nueva evangelización en la medida en que la «conversión pastoral», que estamos llamados a vivir, se plasme cada día, gracias a la fuerza renovadora de la misericordia. No limitemos su acción; no hagamos entristecer al Espíritu, que siempre indica nuevos senderos para recorrer y llevar a todos el Evangelio que salva” (n.5). Si, llevar adelante esta tarea evangelizadora a la que estamos llamados y que pasa por una necesaria conversión personal y pastoral, nos debe hacer caer en la cuenta de que “la misericordia no puede ser un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino que constituye su misma existencia, que manifiesta y hace tangible la verdad profunda del Evangelio. Todo se revela en la misericordia; todo se resuelve en el amor misericordioso del Padre” (n.1).

Para conseguir adentrarnos con valentía en este precioso reto, Francisco nos anima a vivir con renovada centralidad la eucaristía, expresión máxima de la misericordia de Dios con su pueblo (cfr. n.5); a acoger el don del perdón en el sacramento de la Reconciliación (cfr. n. 8); a valorar la Biblia que contiene la Palabra de Dios como expresión más genuina de la fuerza de un Dios misericordioso que anhela revelarse al hombre siendo ternura y misericordia (cfr. n. 6 y 7). Para ello propone mantener algunas iniciativas que se van paulatinamente consolidando en la vida de la Iglesia, como son las 24 horas para el Señor que se celebran en torno al cuarto domingo de Cuaresma y que se proponen como un momento privilegiado para vivir el sacramento del perdón. También, como novedad, invita a que en un domingo la Iglesia diocesana celebre el don de la Palabra de Dios de un modo especial (cfr. n.7).

El Papa nos anima también a adentrarnos en la cultura de la misericordia, basada “en el redescubrimiento del encuentro con los demás: una cultura en la que ninguno mire al otro con indiferencia ni aparte la mirada cuando vea el sufrimiento de los hermanos” (n.20). Es importante descubrir el carácter social de la misericordia que nos obliga a no quedarnos inmóviles e indiferentes y a suprimir de nuestro horizonte la hipocresía para que nuestros planes y proyectos no queden solo en letra muerta (cfr. n 19). El jubileo no ha debido servirnos tan solo para teorizar sobre la misericordia sin dejar que esta haya calado y configurado nuestro modo de seguir a Jesús: “la tentación de quedarse en la «teoría sobre la misericordia» se supera en la medida que esta se convierte en vida cotidiana de participación y colaboración” (n.20). Para ello nos recuerda que estamos en el tiempo de la fantasía de la Misericordia que debe dar vida a muchas iniciativas nuevas, desde la creatividad que se suscita en un corazón que ama: “Esforcémonos entonces en concretar la caridad y, al mismo tiempo, en iluminar con inteligencia la práctica de las obras de misericordia.(…) En este sentido, estamos llamados a darle un rostro nuevo a las obras de misericordia que conocemos de siempre” (n.19).

Para ello nos propone otra gozosa iniciativa: celebrar el trigésimo tercero domingo del tiempo ordinario, como preparación a la fiesta de Cristo Rey, una jornada mundial de los pobres con la intención de que cada bautizado pueda reflexionar sobre la presencia de la pobreza en el mundo y su íntima relación con el mensaje del Evangelio (cfr. n. 21).

¡Sigue siendo el tiempo de la misericordia! Por ello os exhorto a acoger como comunidad diocesana estás iniciativas pastorales del Papa. Que a través de ellas se renueve nuestra pastoral diocesana y pueda seguir llegando la misericordia del Padre a todos los hombres.

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Carlos Escribano Subías
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

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