Una madre virgen

Carta de
Mons. D. Demetrio Fernández González
Obispo de Córdoba

demetrio fernandez gonzalez

Domingo 18 de diciembre de 2016

Queridos hermanos y hermanas:

Se trata de un milagro que no ha sucedido nunca jamás y que nos llena de admiración cada vez que lo contemplamos. María ha engendrado virginalmente a Jesús, lo ha parido virginalmente y ha permanecido virgen para siempre. Las antífonas de vísperas de estos días hasta la Navidad comienzan con “Oh!”, de manera que el 18 de diciembre celebramos Santa María de la O, en la expectación del parto. Una fiesta especialmente celebrada en el rito hispano.

El cuarto domingo de adviento es un domingo mariano. La figura central del mismo es María, virgen y madre, porque lleva en su vientre a Jesús para darlo a luz próximamente. El evangelio de este domingo nos cuenta: “La generación de Jesús fue de esta manera: María su madre estaba desposada con José y antes de vivir juntos resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo” (Mt 1,18). Este relato de la generación de Jesús afirma dos cosas: que María no ha tenido con José las relaciones carnales propias de los esposos y que el embarazo de María, que espera un hijo, viene del Espíritu Santo.

No se puede afirmar que el hijo viene de la unión sexual de María con José, a no ser que arranquemos esta página del Evangelio, y otras que lo describen igualmente. A veces, en ambientes cristianos, se oyen afirmaciones que niegan esta verdad esencial del misterio de Cristo y de su Madre. El que niega que María es al mismo tiempo virgen y madre no es católico. A nadie se le obliga a confesar la fe de la Iglesia, pero si uno se declara católico es porque acepta la fe de la Iglesia en todos sus contenidos. Y la virginidad de María al engendrar y dar a luz a su Hijo es un dato esencial de nuestra fe. Si para explicar estos textos bíblicos se llega a la conclusión de que María no es virgen cuando es madre, quiere decir que esa explicación no vale.

¿Qué significa la virginidad de María? María es virgen porque se parece a Dios Padre, es como un icono en la historia de la humanidad de la virginidad del Padre eterno que engendra a su Hijo en la eternidad. El Padre engendra desde siempre a su Hijo. No hay un “tiempo” en que el Padre no era Padre o el Hijo no era Hijo. No. Desde siempre, en la eternidad de Dios, el Padre engendra a su Hijo de la misma sustancia, de la sustancia divina, y lo hace sin ninguna cooperación. Es de tal calibre la vitalidad de Dios Padre que engendra a su Hijo sin ninguna otra colaboración, es decir, virginalmente. La virginidad de Dios es vida pletórica, y María es dotada en su medida por el Espíritu Santo de esa vitalidad que viene de Dios. Por eso, concibe a su Hijo sin ninguna cooperación humana. La virginidad de María es vitalidad pletórica, es una virginidad fecunda que desemboca en maternidad.

La virginidad cristiana se sitúa en ese horizonte. La virginidad cristiana no es una tara, un defecto, un minus que resta cualidades a la persona. La virginidad cristiana supone un magis de vitalidad, para ser prolongación de la vitalidad de Dios, de la vitalidad sobrenatural de la gracia. Jesucristo vivió ese estado de virginidad toda su vida, porque se parece a su Padre, también al hacerse hombre. Jesús y María han inaugurado ese aspecto típica y exclusivamente cristiano de la virginidad. José es padre virginal de Jesús, no es padre biológico. Pero eso no le ha impedido volcarse –dar la vida- por su esposa María y por su hijo Jesús, más aún, ha podido hacerlo virginalmente, es decir, con una plenitud de vida total.

La virginidad es un perfume de Navidad. Acercarse al portal de Belén nos trae ese aroma, una vida nueva, una vida que tiene en Dios su origen, que tiene en la tierra una madre virgen, que se prolonga en tantas personas especialmente consagradas por el don de la virginidad y que tienen en Jesús, en María y en José su referencia.

Cuarto domingo de adviento, domingo de María. Es el domingo en el que la liturgia se fija en María, virgen y madre, porque ella nos trae a su Hijo para darlo al mundo en la Nochebuena.

Feliz y santa Navidad a todos:

demetrio_fernandez_firma✠ Demetrio Fernández González, obispo de Córdoba

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