Felicitación de Navidad y Campaña de Cáritas

Carta de
Mons. D. Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

jimenezzamoravicente

Domingo 25 de diciembre de 2016

Queridos Diocesanos:

Un año más me dirijo a todos vosotros para felicitaros de corazón la Navidad y el Año Nuevo, a fin de que sintáis el calor y la cercanía de vuestro Arzobispo en estas fiestas entrañablemente cristianas y de familia.

Como todos los años por estas fechas Cáritas lanza la Campaña institucional de Navidad. Este año con el lema: Llamados a ser comunidad. Está muy en sintonía con el espíritu de la Navidad, que nos invita a sentirnos familia y comunidad de hermanos. Amar y vivir la justicia se hace posible desde la comunidad. Estamos llamados a vivir en común, a convivir en paz, a hacer posible la justicia, la fraternidad entre nosotros, con todas las personas que vivimos en la casa común, la Madre Tierra que nos acoge a todos.

Fundamentación y exigencias de la comunidad

“Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común: vendían posesiones y bienes y lo repartían entre todos según la necesidad de cada uno. A diario frecuentaban el templo en grupo; partían el pan en las casas y comían juntos alabando a Dios con alegría y de todo corazón” (Hch 2, 44).

En Cáritas trabajamos por la justicia y por la caridad. La caridad trasciende la justicia y es su plenitud. “La ‘ciudad del hombre’ no se promueve sólo con relaciones de derechos y deberes, sino, antes y más aún, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión” (Benedicto XVI, Caritas in veritate, 6). Tanto es así que “el amor  -caritas – siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa” (Benedicto XVI, Deus caritas est, 28).

Por eso, frente al individualismo creciente, al anonimato en que vivimos, a la indiferencia ante la realidad del otro, Cáritas llama a ser en común, porque nada de lo humano nos es indiferente, porque somos todos responsables de todos (cfr. Juan Pablo II, Sollicitudo rei sociales, 26).

La comunidad en Cáritas es el espacio donde creemos que podemos acompañar y ser acompañados, generar presencia, anuncio, denuncia, y otro estilo de vida que posibilite espacios liberados donde el que sufre, encuentra consuelo: donde el que tiene sed, encuentra fuentes para saciarse; donde el que necesita consuelo, encuentra acogida y cariño. La comunidad es capaz de responder al “¡Dadles vosotros de comer!” (Mc 6, 37), y de implicarse en trabajar por promover el desarrollo integral de los pobres y resolver las causas estructurales de la pobreza, como nos pide el Papa Francisco en nuestro compromiso social (cfr. Francisco, Evangelii gaudium, 188-192).

La Navidad y la comunidad

La Navidad es misterio de la vida. “Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado” (Is 9, 5). Cada año se renueva el misterio de la Navidad. Nace también para los hombres de nuestro tiempo ese Niño que trae la salvación al mundo, la alegría, el amor y la paz. Nos acercamos al portal de Belén conmovidos al encontrar, junto a Maria y José, al Esperado de los pueblos, al Redentor del hombre, envuelto en pañales y recostado en un pesebre (cfr. Lc 2,7). Es Dios que viene a visitarnos para guiar nuestros pasos por el camino de la paz (cfr. Lc 1, 79).

La Navidad es misterio de alegría. En la Nochebuena los ángeles del cielo cantaron el pregón  de fiesta: “Gloria a Dios en el  cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor” (Lc 2, 14). Anunciaron el acontecimiento a los pastores como “una gran alegría, que lo será para todo el pueblo (Lc 2, 10). Alegría, incluso estando lejos de casa, padeciendo la pobreza del pesebre, sintiendo la indiferencia del pueblo y la hostilidad del poder. Misterio de alegría a pesar de todo, porque “hoy os ha nacido en la ciudad de David un salvador” (Lc 2,11). De este mismo gozo participa la Iglesia, inundada por la luz del Hijo de Dios: las tinieblas jamás podrán apagarla. Es la gloria del Eterno, que, por amor, se ha hecho uno de los nuestros.

La Navidad es misterio de amor. Amor del Padre, que ha enviado al mundo a su Hijo unigénito, para darnos su propia vida (cfr. 1 Jn 4, 8-9). Amor del “Dios con nosotros”, Emmanuel, que ha venido a la tierra para dar la vida y morir en la cruz. En el frío portal, en medio del silencio de la noche, la Virgen Madre, con presentimientos en el corazón, siente ya el drama del Calvario. Será una lucha angustiosa entre la luz y las tinieblas, entre la muerte y la vida, entre el odio y el amor. El Príncipe de la paz, nacido en Belén, dará su vida para que en la tierra reine el amor.

La Navidad es misterio del compartir. El Niño Dios, que siendo rico nace pobre, para compartir nuestra pobreza (cfr. 2 Cor 8, 9) nos invita a compartir lo que somos y tenemos con tantas familias, que sufren las graves consecuencias de la crisis moral y económica. Los que aman y comparten celebrarán la Navidad; en cambio, quienes se encierran en su egoísmo e insolidaridad, pasarán las navidades, sin haber celebrado la Navidad en su corazón y en sus vidas.

Ante el portal de Belén os tendré muy presentes a todos en mi oración, especialmente a los que más sufrís en el cuerpo o en el alma, a los enfermos, a los pobres, a los inmigrantes y a los encarcelados.

¡Feliz y Santa Navidad 2016 y  Feliz y Santo Año Nuevo 2017!

Con mi afecto y bendición,

jimenezzamora_firma

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