Carta semanal, 1 de enero de 2017

Carta de
Mons. D. Juan Antonio Menéndez Fernández
Obispo de Astorga

JuanAntonioMenendez

Domingo 1 de enero de 2017

Queridos diocesanos:

Deseo expresaros mis sentimientos de paz y de felicidad para este año 2017 que acabamos de comenzar. A partir de esta semana me haré presente en vuestras vidas a través de una carta semanal para informaros de la vida diocesana, orientaros en la vida espiritual y compartir con vosotros mis preocupaciones y proyectos. Este será un modo sencillo y cercano de relacionarme con todos los que leéis la Hoja informativa diocesana “Día 7” o escucháis el programa religioso de la radio.

El primer día del año la liturgia nos ofrece una hermosa bendición con la que el sacerdote bendecía al pueblo de Israel: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz” (Nm 6, 24-27) El núcleo central de la bendición es el deseo del creyente de ser iluminado por la luz del rostro de Dios. El hombre, consciente o inconscientemente, busca contemplar la belleza del rostro de Dios. Decía el Papa Benedicto XVI en la Homilía de la Solemnidad de Santa María Madre de Dios del año 2013: “¿Qué significa concretamente contemplar el rostro del Señor, tal y como lo entiende el Nuevo Testamento? Quiere decir conocerlo directamente, en la medida en que es posible en esta vida, mediante Jesucristo, en el que se ha revelado. Gozar del esplendor del rostro de Dios quiere decir penetrar en el misterio de su Nombre que Jesús nos ha manifestado, comprender algo de su vida íntima y de su voluntad, para que vivamos de acuerdo con su designio de amor sobre la humanidad”.

Las fiestas de la Navidad que hemos conmemorado recientemente nos han recordado que los hombres podemos reconocer el rostro de Dios en el rostro humano de Jesucristo, nacido de la Virgen María porque en Él se nos ha revelado el Misterio divino. En este sentido, Jesús es la luz que ilumina nuestra vida de creyentes de modo que ya no vivimos en la oscuridad de la duda o de la mentira sino en la luz de la verdad.

Dejemos, pues, que Dios ilumine nuestra vida con su Palabra, con su gracia, con su amor y pidámosle que ilumine también a los que han abandonado la fe o no creen. Efectivamente, pedir al Señor al comenzar el año que ilumine su rostro sobre nosotros significa desear que todos los días del año amanezca en nuestra vida Jesucristo, “el sol que nace de lo alto” y crezca la luz de la verdad en nuestro corazón para avanzar en el camino de la perfección y de la santidad.

menendezfernandez_firma
✠ Juan Antonio Menéndez Fernández
Obispo de Astorga

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