Orientaciones pastorales para el uso del misal romano (I)

Carta de
Mons. D. Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

jimenezzamoravicente

Domingo 1 de enero de 2017

Queridos diocesanos:

Por decreto del Presidente de la Conferencia Episcopal Española la tercera edición oficial del Misal Romano en lengua española entrará en vigor a partir de las primeras vísperas del domingo I de Cuaresma próximo (el sábado 4 de marzo de 2017), y su uso será obligatorio desde ese momento en todas las Misas que se celebren en lengua española en las Diócesis de España. Hasta esa fecha no se puede usar el Misal en su nueva edición.

Este acontecimiento eclesial ofrece una buena ocasión para examinar y mejorar nuestras celebraciones de la Eucaristía. No se trata simplemente de sustituir una edición por otra más moderna o actualizada, sino de hacer en ejercicio de recepción consciente y responsable del Misal que nos ofrece la Iglesia, depositaria y transmisora del “Sacramento de nuestra fe”, para que cumplamos el mandato del Señor al instituirlo (cfr. 1 Cor 11, 23-26 y paralelos).

Con este motivo, me propongo ofrecer unas orientaciones pastorales en próximas Cartas del Arzobispo, dirigidas a todos los diocesanos, especialmente a los sacerdotes y a los responsables de la pastoral litúrgica de las distintas comunidades eclesiales de nuestra Diócesis de Zaragoza. Me serviré de los materiales publicados por la Comisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española. Espero y deseo que así se haga una recepción más fructuosa y eficaz de la nueva edición del Misal Romano.

El misal al servicio de la fe eclesial y de la vida cristiana

La Iglesia, desde los primeros tiempos, ha tenido conciencia de la trascendencia del mandato institucional de la Eucaristía (cfr. Lc 22, 12; 1 Cor 11, 24-25), de manera que “se ha considerado siempre comprometida por este mandato, al ir estableciendo normas para la celebración de la Eucaristía relativas a la disposición de las personas, de los lugares, de los ritos y de los textos” (OGMR: Ordenación General del Misal Romano, 1). En este sentido el Misal es no solamente testimonio de una tradición continuada y uniforme en lo substancial acerca del Misterio eucarístico, garantía de la fe inalterada, sino también del interés pastoral de la Iglesia para que los fieles de todos los tiempos accedan a la celebración con las mejores disposiciones personales participando en los ritos sagrados y comprendiendo los textos de modo que “no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos espectadores, sino que comprendiéndolo bien a través de los ritos y oraciones, participen conscientes, piadosa y activamente en la acción sagrada, sean instruidos con la Palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios, aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él” (Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, 48; cfr. OGMR, 17-19).

Por eso es del todo necesario que los sacerdotes, los responsables de la liturgia en las comunidades y los equipos de animación litúrgica se esfuercen en conocer a fondo el Misal con el fin de poner sus riquezas al alcance de todos los fieles. No hay que olvidar que todo libro litúrgico, promulgado por la autoridad competente, es testimonio de la lex orandi (norma de la plegaria), expresión segura de la lex credendi (la norma de la fe), de manera que en ellos se conserva y se transmite el depósito de la fe.

Esto quiere decir también que el modo de celebrar y de usar el Misal puede condicionar la asimilación de la fe por los fieles que participan en la celebración. De ahí la apremiante llamada de atención que han hecho los últimos Papas para que se observen fielmente las normas litúrgicas en la celebración de la Eucaristía, porque estas son “una expresión concreta de la auténtica eclesialidad de la Eucaristía… La liturgia nunca es propiedad privada de alguien, ni del celebrante ni de la comunidad en que se celebran los Misterios” (San Juan Pablo II, Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 52; cfr. nn. 10;30;46).

Armonía entre la norma de la liturgia y la norma de la fe

Por lo expuesto arriba, es fundamental que todos los ministros de la liturgia estén convencidos también de la importancia que tiene el vínculo intrínseco entre la lex orandi y la lex credendi de la Iglesia, es decir, entre la norma de la liturgia y la norma de la fe, principio del que derivan algunas consecuencias prácticas. Por eso la Iglesia, a la vez que ha expuesto con sumo cuidado y autoridad, a lo largo de los siglos, la doctrina de la Eucaristía, ha cuidado siempre con el mayor esmero la celebración de la Eucaristía. La Iglesia misma no tiene ninguna potestad sobre aquello que ha sido establecido por el mismo Cristo, y que constituye la parte inmutable de la liturgia (cfr. Sacrosanctum Concilium, 21). De hecho la celebración de la Eucaristía está estrechamente ligada con la doctrina de la fe, de manera que la verdad de la fe no se transmite sólo con las palabras, sino también con los signos y el conjunto de los ritos litúrgicos. En este sentido el rito actual de la Misa ha sido cuidadosamente propuesto en el Misal para expresar y vivir el Misterio eucarístico en su incomparable belleza y dignidad y teniendo en cuenta su importancia esencial para la vida cristiana.

Con mi afecto y bendición,

jimenezzamora_firma

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