Vivir la Navidad con María

Carta de
Mons. D. Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

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Domingo 1 de enero de 2017

Aunque en el ambiente festivo del primer día del año para muchos puede pasar desapercibida, la Iglesia celebra hoy la solemnidad de Santa María Madre de Dios. La Iglesia, que nos introduce en el misterio de Cristo en la celebración del año litúrgico, quiere que la Virgen María nos acompañe durante todo el año, y por ello nos la va proponiendo como modelo para vivir lo que celebramos en el culto cristiano. Esta fiesta es la celebración mariana propia del tiempo de Navidad. Por ello hoy quiero invitaros a dirigir nuevamente una mirada de fe y amor a la Madre del Señor, y descubrir con qué actitudes vivió el nacimiento del Hijo de Dios.

Su primera reacción, después de recibir el anuncio del ángel y prestar la obediencia de la fe, fue alegrarse en el Señor y expresar ese gozo en su cántico de alabanza. En el Magnificat expresó los motivos de esa alegría profunda y sincera. Se alegra porque Dios, fijándose en la humildad de su esclava, la ha elegido para ser madre del Mesías y, de este modo, cooperar a la salvación de los hombres. Para Ella esto constituye una gran obra de Dios, porque no hubiera podido imaginarse que Dios reparara en Ella. Pero el motivo principal de su alegría no es únicamente lo que Dios ha hecho en ella, sino que quiere hacer eso mismo en todos los hombres. Al fijarse en la pequeñez de su esclava, Dios está diciendo que quiere enaltecer a los humildes y colmar de bienes a los hambrientos. María alaba a Dios porque en Jesús la salvación alcanza desde Ella a toda la humanidad.

La segunda reacción que el evangelio de San Lucas nos indica, es que en distintos momentos María “conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón” (Lc 2, 19. 51). ¿En qué consistiría esa meditación que Ella vive en ciertos acontecimientos de la infancia del Señor? María sabe que es la Madre del Señor, pero también es consciente de que está ante una maternidad única y singular: Jesús es su hijo, pero no le pertenece totalmente, porque ese hijo suyo es el Hijo de Dios. Lo ha recibido como un regalo que Dios le ha hecho a Ella, pero para toda la humanidad. En su contemplación va profundizando en cómo ha de vivir esa maternidad única y singular.

La maternidad no es únicamente un acontecimiento biológico, sino que es una relación espiritual. Cualquier madre tiene un proyecto sobre sus hijos. María, que conoce la identidad divina de Jesús, tendrá que aprender a vivir la relación con Él con generosidad y desprendimiento. Renunciará a todo proyecto propio sobre su hijo, porque quien ha diseñado el camino de Jesús es Dios. En la contemplación Ella tendrá que ir descubriendo la misión que el Padre ha pensado para su Hijo, asumirla como propia y aprender a vivir su maternidad como un acompañar a Jesús para que sea fiel y obediente a la voluntad del Padre, para la salvación de todos los hombres. Para María la maternidad no es un apropiarse de Jesús, sino un acto de generosidad extrema: se desprende de Él y lo ofrece al Padre para la salvación de la humanitat.

Que la celebración de la navidad nos lleve a alegrarnos con María por la salvación que Dios nos ofrece y a darle gracias por su generosidad. Y que el año nuevo sea para todos un tiempo de felicidad y de gracia.

benavent_firmaEnrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

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