Retos pastorales para este año que comienza

Carta de
Mons. D.  Carlos Escribano Subías
Obispo de Calahorra y La Calzada–Logroño

escribanosubiascarlosmanuel

Domingo 8 de enero de 2017

Iniciamos un nuevo año natural después de las entrañables fi estas navideñas. El curso sigue avanzando y nos adentramos en unos meses fundamentales que pueden ser propicios para asentar los objetivos que nos propusimos en el programa diocesano de pastoral.

La primera tarea que nos marcábamos para desarrollar nuestra programación era: “Llevar a cabo un proceso personal y comunitario de discernimiento y conversión pastoral a la luz de Evangelii Gaudium y Amoris Laetitia”. Acoger estas Exhortaciones postsinodales del Papa Francisco puede ayudarnos a intentar dar respuesta a los retos evangelizadores que el momento actual nos plantea. De ahí que una de las acciones que nos proponíamos, como comunidad diocesana, era el dedicar tiempo y esfuerzo al estudio y asimilación de ambos documentos en nuestras comunidades cristianas con el fi n de suscitar y llevar a la práctica una renovación del paradigma evangelizador, que responda adecuadamente al nuevo espacio cultural y a las necesidades pastorales actuales.

Entiendo que es un reto ambicioso que debe condicionar nuestro trabajo en los próximos años, haciéndonos crecer en planteamientos pastorales que atiendan realmente y con lucidez la realidad que Dios ha puesto ante nosotros para que la iluminemos con la luz del Evangelio. El Papa Francisco nos recuerda los tres ámbitos que requieren nuestra atención y nuestra respuesta pastoral, en la Evangelii Gaudium nº 14: “En primer lugar, mencionemos el ámbito de la pastoral ordinaria, «animada por el fuego del Espíritu, para encender los corazones de los fi eles que regularmente frecuentan la comunidad y que se reúnen en el día del Señor para nutrirse de su Palabra y del Pan de vida eterna». También se incluyen en este ámbito los fi eles que conservan una fe católica intensa y sincera, expresándola de diversas maneras, aunque no participen frecuentemente del culto. Esta pastoral se orienta al crecimiento de los creyentes, de manera que respondan cada vez mejor y con toda su vida al amor de Dios.

En segundo lugar, recordemos el ámbito de «las personas bautizadas que no viven las exigencias del Bautismo», no tienen una pertenencia cordial a la Iglesia y ya no experimentan el consuelo de la fe. La Iglesia, como madre siempre atenta, se empeña para que vivan una conversión que les devuelva la alegría de la fe y el deseo de comprometerse con el Evangelio.

Finalmente, remarquemos que la evangelización está esencialmente conectada con la proclamación del Evangelio a quienes no conocen a Jesucristo o siempre lo han rechazado. Muchos de ellos buscan a Dios secretamente, movidos por la nostalgia de su rostro, aun en países de antigua tradición cristiana. Todos tienen el derecho de recibir el Evangelio. Los cristianos tienen el deber de anunciarlo sin excluir a nadie, no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría, señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable. La Iglesia no crece por proselitismo sino «por atracción»”.

Estos ámbitos nos recuerdan los espacios que deben articular nuestra tarea pastoral habitual y que exige de nosotros respuestas renovadas que iluminen esos tres momentos conforme a la realidad y a las necesidades que viven los destinatarios del mensaje evangélico.

Quizá un primer paso consista en contrastar la pastoral que en estos momentos estamos haciendo en nuestra parroquia, arciprestazgo, asociación, centro educativo, etc con las propuestas pastorales de Evangelii Gaudium y Amoris Laetitia en los tres espacios antes mencionados. Valorar positivamente el esfuerzo que ya estamos haciendo, a la vez que, de una forma constructiva, intentamos mejorar nuestro modo de hacer y ampliamos el horizonte al que queremos dirigir nuestro mensaje evangelizador.

Muchas gracias por los esfuerzos que me constan se están haciendo ya en esta dirección y mucho ánimo en las tareas que nos quedan por realizar. Todo ello se lo encomendamos a la Virgen de Valvanera nuestra valedora en estas tareas de evangelización en La Rioja.

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Carlos Escribano Subías
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

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