¡Tres en uno…!

Carta de
Mons. D. Ángel Pérez Pueyo
Obispo de Barbastro-Monzón

perezpueyoangel

Domingo 8 de enero de 2017

Por medio de estas líneas quisiera expresar mi gratitud a cada uno de los hijos del Alto Aragón de la Diócesis de Barbastro-Monzón por su recuerdo cariñoso, por su oración y por su felicitación navideña.

¡Cómo me hubiera gustado, en estos días «mágicos», prodigarme y llegar a cada hogar, para fundirme en un abrazo y vivir un encuentro íntimo y profundo ante el MISTERIO, ante la mayor locura de amor que haya acontecido jamás en la historia de la humanidad, que Dios mismo naciera en mí para que yo renaciera en Él.

Dejadme que comparta conmovido el eco de tres de los gestos que tuve en Navidad, uno con los ancianos del Amparo, otro con los enfermos del Hospital de Barbastro y el tercero con los presos de la cárcel de Zuera.

El primer gesto: con los ancianos del Amparo en Barbastro

«Querido señor obispo: le damos las gracias por venir a visitarnos y felicitarnos en estos días tan entrañables.

Nos gustaría que nos regalase un poco de lo que significa su nombre y todos pudiéramos tener, ese ANGEL que nos enseñase el camino del cariño, de la ternura y del amor hacia los demás para poder ser ejemplo también entre nosotros.

Recién clausurado el año de la misericordia, sólo deseamos que usted, nuestro obispo, nos ayude a cicatrizar las heridas del corazón. Nosotros los residentes, la comunidad de religiosas, el personal y el Patronato, pediremos también por usted para que su labor pastoral sea fecunda. FELIZ NAVIDAD». José María Santiago.

El segundo gesto: con los enfermos del Hospital de Barbastro

«Cuando el señor obispo nos comunicó a los capellanes su intención de pasar la tarde de ‘noche buena’ con los enfermos y el personal sanitario del hospital de Barbastro, no nos extrañó. Son muchas las veces que lo hace, sobre todo cuando tiene noticia de que han hospitalizado a algún sacerdote, algún religioso o algún agente de pastoral que colabora en la Diócesis. Dependiendo de la prisa que tiene, nos pide que le acompañemos. En esta ocasión era distinto. Quería que fuera una visita pastoral al hospital, la mayor parroquia de la Diócesis como él la denomina. Por ella, de una u otra forma, pasamos todos los diocesanos. Unas veces como pacientes o enfermos, otras como familiares, acompañantes, visitantes… o también como trabajadores. Fueron tres horas intensas y llenas de emociones, saludos, abrazos, besos… empezando por recepción, pasó después por urgencias, diálisis, la UCI y por cada una de las habitaciones de cada planta. Durante su recorrido tuvo la oportunidad de ejercer como auténtico capellán, administrando la comunión, oyendo a alguno en confesión, dándole la absolución y bendiciendo a todos y cada uno de los enfermos y familiares presentes. Persignando a los más enfermos, acompañado siempre de un beso cariñoso y pastoral. A todos, enfermos, familiares, personal facultativo (médicos, enfermeras, auxiliares, celadores…) a los que agradeció su profesionalidad y entrega. El eco que, entre unos y otros, ha dejado esta visita ha sido: «qué cercano», «qué simpático», «que humilde», «qué cariñoso»… «Da gusto verle y estar con él». Uno llegó a confesarme que se alegraba de haber estado estos días hospitalizado por el gozo de haber podido ver, saludar y besar al señor obispo, al que tantas veces lo ha visto en la televisión o ha leído lo que escribe. En nombre de los capellanes, Basilio y un servidor, gracias a todo el personal del hospital, familiares y enfermos por su acogida y cariño. Y gracias a don Ángel que nos ha dado una lección de cómo acercarnos y tratar a nuestros enfermos y a sus familiares». Jaime Mozas.

El tercer gesto: con los presos de la cárcel de Zuera

«Sólo los que estamos aquí, sabemos lo que representa una tarjeta telefónica en la cárcel. Aquí hay mucha indigencia. Sin tarjeta no hay llamadas a tu esposa, ni a tus hijos, ni a tus padres, ni a la familia, ni al abogado, ni a quien te pueda solventar algún problema en un momento determinado… Es tu conexión con el mundo. Parece mentira pero, después de la libertad, tal vez sea éste el mejor regalo que se puede hacer a un preso. Se puede vivir sin muchas cosas pero pasar la vida sin sentir nunca la voz y el cariño de los tuyos hace todas las cosas muy difíciles. Y en estos días de Navidad, qué duro se nos hace no poder estar con nuestras familias… Y ni siquiera poder hablar con ellos y demostrarles que, pese a todo, les seguimos recordando y queriendo. Cuando cada año, por estas fechas, a través de la pastoral penitenciaria, nos proporcionan tarjetas telefónicas para llamar a nuestras familias, no saben bien el favor que nos hacen y la alegría que nos dan». Recluso anónimo.

Aprovecho la coyuntura para agradecer la implicación que, unos y otros, han tenido en esta campaña para regalar minutos de esperanza a los presos. Hasta ahora hemos recogido 1015 tarjetas, con cinco minutos de saldo. Un verdadero milagro, sobre todo, porque no se encontraban. Ha habido que encargarlas de propio.

¡Cada uno de estos gestos se torna en el mejor regalo, signo humilde, cargado de ternura, estrella luminosa que “alumbra” al Cristo, que se halla oculto en el corazón del mundo!

¡Gracias por regalarte, por ofrecerte tú mismo como buena noticia, como un verdadero “apóstol de calle” que fecunda nuestra Diócesis!

perez_pueyo_firmaÁngel Pérez Pueyo
Obispo de Barbastro-Monzón

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