“Vosotros sois testigos” (Lc 24, 48)

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Carta Pastoral de
Mons. D. JULIÁN RUIZ MARTORELL
Obispo de Jaca

Plan Diocesano de Pastoral 2016-2021

Hemos realizado juntos un camino. Hemos leído con atención la Exhortación apostólica “Evangelii gaudium”, hemos rezado con ella, nos hemos dejado iluminar por el texto, hemos reflexionado personal y comunitariamente, hemos escuchado en grupos las aportaciones de nuestros hermanos.

Valoramos y agradecemos el esfuerzo realizado por tantos de vosotros (sacerdotes, personas consagradas, laicos) que os habéis tomado en serio el trabajo de leer con atención el texto de la Exhortación, a partir de la guía del cuestionario, y que habéis apreciado la riqueza de la propuesta del Papa y su oportunidad en este momento que vive la Iglesia que peregrina en Jaca.

1) El horizonte es la “transformación misionera de la Iglesia”. Una “Iglesia en salida”, como afirma el Papa: “La intimidad de la Iglesia con Jesús es una intimidad itinerante, y la comunión “esencialmente se configura como comunión misionera”. Fiel al modelo del Maestro, es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo” (EG 23).

“La Iglesia “en salida” es una Iglesia con las puertas abiertas. Salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido. Muchas veces es más bien detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó al costado del camino” (EG 46).

El Papa nos propone una “pastoral en conversión” y escribe: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación” (EG 27).

En el Plan Diocesano de Pastoral es necesario un esfuerzo de concreción: “Cuando se asume un objetivo pastoral y un estilo misionero (…) el anuncio se concentra en lo esencial, que es lo más bello, lo más grande, lo más atractivo y al mismo tiempo lo más necesario” (EG 35).

2) En la crisis del compromiso comunitario, hemos detectado nuestros principales desafíos pastorales y deseamos superar las tentaciones que experimentamos en la pastoral. Secundamos afirmativamente el desafío de una espiritualidad misionera y deseamos superar la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la mundanidad espiritual y la guerra entre nosotros. Escribe el Papa: “me duele tanto comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aun entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odio, divisiones, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?” (EG 100). Decimos “sí” a las relaciones nuevas que genera Jesucristo.

3) El anuncio del Evangelio nos apremia. Sabemos que “no puede haber auténtica evangelización sin la proclamación explícita de que Jesús es el Señor” (EG 110). Conscientes de que todo el Pueblo de Dios anuncia el Evangelio descubrimos que “ser Iglesia es ser Pueblo de Dios, de acuerdo con el gran proyecto de amor del Padre. Esto implica ser el fermento de Dios en medio de la humanidad. (…) La Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio” (EG 114).

En nuestra condición de “discípulos misioneros” reconocemos que la piedad popular es una “verdadera expresión de la acción misionera espontánea del Pueblo de Dios” (EG 122), que “refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer” (EG 123), y que se trata de una verdadera “espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos” (EG 124).

Deseamos que la evangelización nos permita profundizar en el “kerigma”, el primer anuncio, que suena: “Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte” (EG 164).

4) Subrayamos la dimensión social de la evangelización. Reconocemos el vínculo entre confesión de fe y compromiso social: “Desde el corazón del Evangelio reconocemos la íntima conexión que existe entre evangelización y promoción humana, que necesariamente debe expresarse y desarrollarse en toda acción evangelizadora. La aceptación del primer anuncio, que invita a dejarse amar por Dios y a amarlo con el amor que Él mismo nos comunica, provoca en la vida de la persona y en sus acciones una primera y fundamental reacción: desear, buscar y cuidar el bien de los demás” (EG 178).

Unidos a Dios escuchamos un clamor: “Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo” (EG 187).

El Papa nos conmueve y nos compromete cuando escribe: “La belleza misma del Evangelio no siempre puede ser adecuadamente manifestada por nosotros, pero hay un signo que no debe faltar jamás: la opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha” (EG 195).

5) El Señor nos llama a ser “evangelizadores con Espíritu”: “Evangelizadores con Espíritu quiere decir evangelizadores que se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo. (…) Jesús quiere evangelizadores que anuncien la Buena Noticia no solo con palabras sino sobre todo con una vida que se ha transfigurado en la presencia de Dios” (EG 259).

Encomendamos nuestro Plan Diocesano de Pastoral a la Virgen María, Madre del Evangelio viviente y Madre de la Evangelización. Reconocemos con el Papa: “Hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia. Porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. (…) Es la mujer orante y trabajadora en Nazaret, y también es nuestra Seño a de la prontitud, la que sale de su pueblo para auxiliar a los demás “sin demora” (Lc 1,39)” (EG 288).

A continuación, deseo compartir con vosotros algunas de las inquietudes que vivimos en comunión con las demás Diócesis Aragonesas y algunos rasgos de la pastoral que hemos de acentuar en la Iglesia que peregrina en Jaca.

1. UNIDADES PASTORALES

Los Obispos de las Diócesis Aragonesas hemos firmado una Carta pastoral titulada “Iglesia en misión al servicio de nuestro pueblo de Aragón. Las Unidades Pastorales: instrumentos de comunión para la misión”. Os ruego encarecidamente que la leáis con interés y la recibáis con actitud confiada y espíritu de colaboración.

Las Unidades Pastorales son “instrumentos al servicio de la comunión para la misión” (p. 7). Sabemos que las Unidades Pastorales no afrontan todos los aspectos de la evangelización, pero pueden ser “un medio válido para caminar hacia una Iglesia viva y evangelizadora en sus miembros (sacerdotes, miembros de vida consagrada y fieles laicos) y comunidades” (p. 7).

En la Carta encontramos una breve enumeración que nos permite descubrir la importancia de las Unidades Pastorales:

1) “Desarrollan los diversos ministerios, vocaciones, carismas y funciones”.

2) “Promocionan los equipos apostólicos de vida y acción”.

3) “Establecen un estilo pastoral de corresponsabilidad”.

4) “Sirven para crear unas condiciones pastorales donde sea posible una vida comunitaria”.

5) “Contribuyen a la creación de verdaderas comunidades eclesiales (con base humana suficiente; vivas, fraternales y orgánicas; evangelizadoras, celebrativas y comprometidas en la Iglesia y en la sociedad)”.

6) “Logran una mejor distribución de recursos humanos y materiales” (pp. 7-8).

Las Unidades Pastorales “son una estructura pastoral para realizar la misión evangelizadora en nuestras comunidades” (p. 9).

Es necesario que miremos al futuro con esperanza, convencidos de que “tal vez no se pueda pedir que todos avancemos al mismo ritmo, pero sí se pide que caminemos en la misma dirección, con los mismos objetivos y las mismas metas” (p. 38).

2. PASTORAL VOCACIONAL

Es preciso seguir trabajando con ilusión en la Pastoral Vocacional. Se requiere, por nuestra parte, intensificar la oración, acrecentar el acompañamiento, incrementar el discernimiento, favorecer la integración. Todo ello lo hemos de realizar a la luz de las recomendaciones del Papa Francisco en su Exhortación apostólica “Evangelii gaudium”: “En muchos lugares escasean las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Frecuentemente esto se debe a la ausencia en las comunidades de un fervor apostólico contagioso, lo cual no entusiasma ni suscita atractivo. Donde hay vida, fervor, ganas de llevar a Cristo a los demás, surgen vocaciones genuinas. Aun en parroquias donde los sacerdotes son poco entregados y alegres, es la vida fraterna y fervorosa de la comunidad la que despierta el deseo de consagrarse enteramente a Dios y a la evangelización, sobre todo si esa comunidad viva ora insistentemente por las vocaciones y se atreve a proponer a sus jóvenes un camino de especial consagración. Por otra parte, a pesar de la escasez vocacional, hoy se tiene más clara conciencia de la necesidad de una mejor selección de los candidatos al sacerdocio. No se pueden llenar los seminarios con cualquier tipo de motivaciones, y menos si estas se relacionan con inseguridades afectivas, búsquedas de formas de poder, glorias humanas o bienestar económico” (EG 107).

Las vocaciones son un don de Dios a su Iglesia. Por ello rezamos para que el Señor suscite respuestas afirmativas y decididas en los corazones de quienes quieren seguirle más de cerca en la vida sacerdotal, en la vida consagrada, en la vida misionera y en el laicado comprometido.

No debemos desanimarnos ante la escasez de nuevas vocaciones, sino que hemos de afrontar estas dolorosas situaciones de crisis con serenidad y con la convicción de que el Señor nos pide el compromiso de la fidelidad. Hoy, más que nunca, es necesaria nuestra adhesión espiritual a Jesucristo y la responsabilidad ante nuestra propia vocación y misión. Perseverando fielmente, confesamos con eficacia la firme confianza en el Señor de la mies.

3. EN SINTONÍA CON EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA

Junto con la Exhortación apostólica “Evangelii gaudium”, es necesario conocer las encíclicas del Papa “Lumen fidei” y “Laudato si`” y la Exhortación apostólica “Amoris laetitia”.

También hemos de trabajar con los textos aprobados por la Conferencia Episcopal Española. Entre los más recientes podemos citar: la Instrucción pastoral “Iglesia, servidora de los pobres” (2015), el Plan Pastoral 2016-2020 “Iglesia en misión al servicio de nuestro pueblo” (2015) y la Instrucción Pastoral “Jesucristo, salvador del hombre y esperanza del mundo” (2016).

Existe un trazado de catequesis representado por “Los primeros pasos en la fe“, “Jesús es el Señor” y “Testigos del Señor”. No podemos olvidar el “Catecismo de la Iglesia Católica”, el “Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica”, el “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia” y el “Youcat”.

Seguiremos trabajando según los criterios de nuestro Directorio diocesano “Los Sacramentos de Iniciación Cristiana”.

4. A LA ESCUCHA DE LA PALABRA DE DIOS. IMPORTANCIA DE LA HOMILÍA

La Palabra de Dios debe ocupar un lugar central en nuestra vida y en nuestra misión.

Hemos de escuchar diligentemente la Palabra de Dios, suscitar su lectura orante y fomentar el apostolado bíblico.

El “Directorio homilético” (2015) es un recurso muy útil para los predicadores. En él encontramos elementos de ayuda y estímulo.

Deseo compartir con vosotros una síntesis sobre el apartado que el Papa Francisco dedica a la homilía y a la preparación de la predicación en la Exhortación apostólica “Evangelii gaudium” (números 135-159).

1) Según el Papa, “la homilía es la piedra de toque para evaluar la cercanía y la capacidad de encuentro de un Pastor con su pueblo” (EG 135) y “puede ser realmente una intensa y feliz experiencia del Espíritu, un reconfortante encuentro con la Palabra, una fuente constante de renovación y de crecimiento” (EG 135).

2) Confiamos en la predicación porque estamos convencidos de que “es Dios quien quiere llegar a los demás a través del predicador y de que Él despliega su poder a través de la palabra humana” (EG 136).

3) En su contexto eucarístico, la homilía es “el momento más alto del diálogo entre Dios y su pueblo, antes de la comunión sacramental” (EG 137).

4) El Papa aconseja: “La homilía no puede ser un espectáculo entretenido, no responde a la lógica de los recursos mediáticos, pero debe darle el fervor y el sentido a la celebración. (…) debe ser breve y evitar parecerse a una charla o una clase” (EG 138).

5) La homilía se asemeja a la “conversación de la madre”: “la Iglesia es madre y predica al pueblo como una madre que le habla a su hijo, sabiendo que el hijo confía que todo lo que se le enseñe será para bien porque se sabe amado” (EG 139). Por ello, es preciso cultivar este ambiente materno-eclesial “mediante la cercanía cordial del predicador, la calidez de su tono de voz, la mansedumbre del estilo de sus frases, la alegría de sus gestos” (EG 140).

6) Se trata de comunicar “palabras que hacen arder los corazones”. Escribe el Papa: “En la homilía, la verdad va de la mano de la belleza y del bien. No se trata de verdades abstractas o de fríos silogismos, porque se comunica también la belleza de las imágenes que el Señor utilizaba para estimular a la práctica del bien” (EG 142).

7) Es necesario evangelizar la síntesis: “El desafío de una pré- dica inculturada está en evangelizar la síntesis, no ideas o valores sueltos. Donde está tu síntesis, allí está tu corazón. La diferencia entre iluminar el lugar de síntesis e iluminar ideas sueltas es la misma que hay entre el aburrimiento y el ardor del corazón. El predicador tiene la hermosísima y difícil misión de aunar los corazones que se aman, el del Señor y los de su pueblo. (…) Durante el tiempo que dura la homilía, los corazones de los creyentes hacen silencio y lo dejan hablar a Él” (EG 143).

8) “Hablar de corazón implica tenerlo no solo ardiente, sino iluminado por la integridad de la Revelación y por el camino que esa Palabra ha recorrido en el corazón de la Iglesia (…) a lo largo de su historia” (EG 144).

9) La predicación tiene que estar bien preparada: “La preparación de la predicación es una tarea tan importante que conviene dedicarle un tiempo prolongado de estudio, oración, reflexión y creatividad pastoral. (…) Un predicador que no se prepara no es “espiritual”; es deshonesto e irresponsable con los dones que ha recibido” (EG 145).

10) Es preciso rendir “culto a la verdad”: “Para poder interpretar un texto bíblico hace falta paciencia, abandonar toda ansiedad y darle tiempo, interés y dedicación gratuita. (…) la preparación de la predicación requiere amor. Uno solo le dedica un tiempo gratuito y sin prisa a las cosas o a las personas que ama; y aquí se trata de amar a Dios que ha querido hablar” (EG 146).

11) Hay que descubrir el “mensaje principal”: “lo más importante es descubrir cuál es el mensaje principal, el que estructura el texto y le da unidad. (…) El mensaje central es aquello que el autor en primer lugar ha querido transmitir, lo cual implica no solo reconocer una idea, sino también el efecto que ese autor ha querido producir” (EG 147).

12) Hay que relacionar el mensaje del texto con la enseñanza de toda la Biblia: “para entender adecuadamente el sentido del mensaje central de un texto, es necesario ponerlo en conexión con la enseñanza de toda la Biblia, transmitida por la Iglesia” (EG 148).

13) El predicador debe estar familiarizado con la Palabra de Dios: el predicador “debe ser el primero en tener una gran familiaridad personal con la Palabra de Dios. (…) Nos hace bien renovar cada día, cada domingo, nuestro fervor al preparar la homilía, y verificar si en nosotros mismos crece el amor por la Palabra que predicamos. (…) Si está vivo este deseo de escuchar primero nosotros la Palabra que tenemos que predicar, esta se transmitirá de una manera u otra al Pueblo fiel de Dios” (EG 149).

14) El predicador debe dejarse conmover por la Palabra y comunicar lo que ha contemplado: “Quien quiera predicar, primero debe estar dispuesto a dejarse conmover por la Palabra y a hacerla carne en su existencia concreta. (…) la predicación consistirá en esa actividad tan intensa y fecunda que es “comunicar a otros lo que uno ha contemplado”. Por todo esto, antes de preparar concretamente lo que uno va a decir en la predicación, primero tiene que aceptar ser herido por esa Palabra que herirá a los demás, porque es una Palabra viva y eficaz” (EG 150).

15) Existe un serio peligro para el predicador: “Pero si no se detiene a escuchar esa Palabra con apertura sincera, si no deja que toque su propia vida, que le reclame, que lo exhorte, que lo movilice, si no dedica un tiempo para orar con esa Palabra, entonces sí será un falso profeta, un estafador o un charlatán vacío” (EG 151).

16) La “lectio divina” es una forma concreta de escuchar lo que el Señor nos quiere decir en su Palabra y dejarnos transformar por el Espíritu: “consiste en la lectura de la Palabra de Dios en un momento de oración para permitirle que nos ilumine y nos renueve” (EG 152).

17) En la presencia de Dios, en la lectura reposada del texto, es bueno preguntar: “”Señor, ¿qué me dice a mí este texto? ¿Qué quieres cambiar de mi vida con este mensaje? ¿Qué me molesta en este texto? ¿Por qué esto no me interesa?”, o bien: “¿Qué me agrada? ¿Qué me estimula de esta Palabra? ¿Qué me atrae? ¿Por qué me atrae?”” (EG 153).

18) El predicador debe escuchar al pueblo: “El predicador necesita también poner un oído en el pueblo, para descubrir lo que los fieles necesitan escuchar. (…) Lo que se procura descubrir es “lo que el Señor desea decir en una determinada circunstancia”” (EG 154).

19) Es aconsejable no responder a preguntas que nadie se hace ni ofrecer crónicas de actualidad: “nunca hay que responder preguntas que nadie se hace; tampoco conviene ofrecer crónicas de la actualidad para despertar interés” (EG 155).

20) Es necesario usar imágenes: “Uno de los esfuerzos más necesarios es aprender a usar imágenes en la predicación, es decir, a hablar con imágenes. (…) Una imagen bien lograda puede llevar a gustar el mensaje que se quiere transmitir, despierta un deseo y motiva a la voluntad en la dirección del Evangelio” (EG 157).

21) Un sabio consejo del beato Pablo VI: “Ya decía Pablo VI que los fieles “esperan mucho de esta predicación y sacan fruto de ella con tal que sea sencilla, clara, directa, acomodada”. La sencillez tiene que ver con el lenguaje utilizado. (…) otra tarea necesaria es procurar que la predicación tenga unidad temática, un orden claro y una conexión entre las frases” (EG 158).

22) Lenguaje positivo: “Otra característica es el lenguaje positivo. No dice tanto lo que no hay que hacer sino que propone lo que podemos hacer mejor” (EG 159).

5. PASTORAL FAMILIAR

“La alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia” (Amoris laetitia, 1). El anuncio cristiano sobre la familia es una buena noticia. Los cristianos no podemos renunciar a proponer el matrimonio y hemos de motivar la apertura a la gracia. En todas las situaciones, la Iglesia siente la necesidad de decir una palabra de verdad y de esperanza.

Nuestra enseñanza sobre el matrimonio y la familia se inspira en el primer anuncio de amor y de ternura. El Evangelio de la familia atraviesa la historia del mundo, desde la creación hasta su cumplimiento al final de los siglos. El Evangelio de la familia alimenta también “semillas que todavía esperan madurar, y tiene que hacerse cargo de los árboles que han perdido vitalidad y necesitan que no se les descuide” (AL 76).

La gracia del sacramento del matrimonio está destinada, ante todo, a perfeccionar el amor de los cónyuges.

“La familia es el ámbito no sólo de la generación sino de la acogida de la vida que llega como regalo de Dios” (AL 166).

Necesitamos realizar un esfuerzo evangelizador y catequístico dirigido a la familia, para hacer experimentar que el Evangelio de la familia responde a las expectativas más profundas. Es preciso fortalecer la educación de los hijos. Es necesario acompañar, discernir e integrar la fragilidad.

“La presencia del Señor habita en la familia real y concreta, con todos sus sufrimientos, luchas, alegrías e intentos cotidianos” (AL 315).

Jaca, 12 de octubre de 2016
Nuestra Señora del Pilar

ruizmartorell_firma✠ Julián Ruiz Martorell
Obispo de Jaca

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