Santa Misa en la solemnidad de San Fulgencio, obispo, patrono de la diócesis de Cartagena

Homilía de
Mons. D. JOSÉ MANUEL LORCA PLANES
Obispo de Cartagena en España

lorca16012017

S.I. Catedral de Santa María La Mayor, Murcia
Lunes 16 de enero de 2017

Excmo. Rvdmo. Mons. Gil Hellín
Sr. Vicario General y Vicarios Episcopales
Cabido de la Santa Iglesia Catedral
Rectores de los Seminarios Mayores San Fulgencio y Redemptoris Mater
Formadores de los Seminarios
Queridos sacerdotes, religiosos y religiosas
Diáconos, seminaristas,
Queridos hermanos y hermanas.

Expreso mi emoción al estar celebrando esta fiesta de San Fulgencio, el patrono de nuestra Diócesis. San Fulgencio fue un recio defensor de la fe y fiel a la voluntad de Dios. Su ejemplo de fe y la coherencia de vida nos exigen a los cristianos de hoy seguir sus pasos para iluminar con la luz del Evangelio nuestra realidad social sin miedo, cargados de esperanza y fortaleza en los valores evangélicos para poder dar razón de nuestra esperanza. Para esta misión es necesario actualizar nuestra formación cristiana y renovar los compromisos de fidelidad y comunión en la Iglesia, sin avergonzarnos de nuestra condición de creyentes cristianos católicos. ¿Quién mejor que Nuestro Señor para fijarnos en el modelo de confianza en el Padre? San Fulgencio, en su época nada fácil, respondió generosamente al amor de Cristo, lo vivió y lo predicó con fuerza, porque entendía que es el Camino, la Puerta de la Vida…: “Cristo, en cumplimiento de la voluntad del Padre inauguró en la tierra el reino de los cielos, nos reveló su misterio y con su obediencia realizó la redención” (Lumen Gentium, 3).

No pasará desapercibido a ninguno que se acerque a los textos sagrados que Jesús, en su predicación y en su conducta, muestra, ante todo, su profunda unión con el Padre en el pensamiento y en las palabras. Lo que quiere transmitir a sus oyentes (y a toda la humanidad) proviene del Padre, que lo ha “enviado al mundo” (Jn 10, 36). “Porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado, me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí” (Jn 12, 49-5O). “Lo que el Padre me ha enseñado eso es lo que hablo” (Jn 8, 28). Se resalta en la relación con el Padre una especial ‘obediencia’, que en el momento culminante se demostrará como ‘obediencia hasta la muerte’ (Cfr. Flp 2, 8). Una característica del ser cristiano es la fidelidad absoluta al Padre, porque Jesús es el fundamento esencial de su veracidad y credibilidad.

Queridos hermanos, que en esta fiesta de San Fulgencio, aprendamos a seguir los pasos del Señor, aunque sea en el silencio de nuestras limitaciones, que siempre contamos con la ayuda divina, pero no descuidemos las exigencias. Este mismo ha sido el estilo de la Santísima Virgen María y el de todos los santos. Un estilo posible y al alcance de nuestra condición, aunque el camino sea angosto. Para ello debemos abrir los oídos, estar atentos, porque Dios nos habla y hay que responder con prontitud. Me hago eco de las palabras de Sr. Cardenal Vallini en la apertura del Año Jubilar de Caravaca: “Escuchar a Jesús”: he aquí el corazón del Evangelio, el centro de nuestra fe. Pero ¿qué significa escuchar a Jesús? Ésta es la gran pregunta que debemos hacernos siempre. Seguramente quiere decir: dar importancia a sus palabras, a sus enseñanzas, es proclamar su Evangelio, ponerle atención, porque Él habla en nombre de Dios. Es más, “escuchar a Jesús” significa sobre todo otra cosa, más profunda y desafiante, quiere decir creer en Él, tener fe en Él, acogerlo a Él antes que a su palabra, su persona, como modelo de vida, amarlo como Él nos ama.

Durante este año tendremos la gran oportunidad de vivir con intensidad el estilo de actuar de Nuestro Señor Jesucristo, porque nos lo recordará con intensidad la experiencia de acercarnos a su Cruz, a la Vera Cruz, que veneramos en Caravaca. Muchos peregrinos oirán en su interior una voz que les invitará a la conversión, y los que ya viven en el día a día la fe de la Iglesia, también encontraran la necesidad de actualizarse en el verdadero amor. Así lo expresaba el Sr. Cardenal Vicario de Roma: “La cruz es el signo que representa, en su forma más alta, el misterio de Dios y nos dice quién es Cristo para nosotros y para el mundo (…) Jesús nos manifiesta un amor sin límites por los pobres, los enfermos, los pecadores, los marginados, los últimos, demostrando así que existe un Padre en los cielos que ama a todos y que salva a todos”.

A la conclusión de todas nuestras reflexiones sobre el misterio de la Cruz de Nuestro Señor y de nuestro papel como evangelizadores se llega fácil, no tenemos dificultades en cuanto la palabra, pero se necesitan hechos, razones poderosas para seguir… El Cardenal Vallini nos decía: “La lógica de Cristo es aquella del amor que no se impone, no se defiende, continúa amando, perdonando y vive la prueba según la voluntad del Padre, seguro de que el amor dará fruto (…) la lógica de Cristo es la del grano de trigo que cae en tierra, en silencio, en la discreción, muere y así da fruto”.

Para concluir, hermanos, es necesario que no todo se nos quede en palabras, hay que tomar postura y actuar, anunciar y predicar con el ejemplo de las buenas obras. Pero también, cuando las pruebas lleguen en nuestra vida, no bajemos de la cruz.

Que así sea.

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