Entrega de los Premios ¡Bravo! 2016

Discurso de
Mons. D. Ginés García Beltrán
Obispo de Guadix
Presidente de la Comisión Episcopal
de Medios de Comunicación Social

garciabeltran25012017

Madrid, 25 de enero de 2017

Emmos. Sres. Cardenales,
Excmos. Sres. Arzobispos y Obispos,
Sres. Secretario General y Secretario de la Nunciatura,
Queridos premiados, familiares, y amigos todos.

La fiesta de S. Francisco de Sales, patrón de los periodistas, que celebrábamos ayer, nos sirve de marco, un año más, para la entrega de los premios ¡Bravo! que anualmente concede la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación de esta Conferencia Episcopal. El obispo de Ginebra fue conocido en su tiempo por utilizar la comunicación escrita, entonces en forma de meras hojas volanderas, para dar a conocer la verdad entre los habitantes de Thonon, villa principal de Chablais, hoy en la frontera de Francia con Suiza.

Aquello pasaba a finales del siglo XVI. Ese empeño por difundir la verdad, con copias manuales de sus sermones y escritos, le llevó a convertirse en patrono de periodistas y escritores. Hoy, como ocurre siempre con la santidad, el santo obispo de Ginebra sigue siendo un modelo actual, ejemplo para todos, especialmente para aquellos que dedican su vida al mundo de la comunicación. La aspiración por buscar, encontrar y difundir la verdad une aquel tiempo con el nuestro.

Cada uno de ustedes a su manera, queridos premiados, han acercado a nuestra vida expresiones de la verdad o de sus inseparables hermanas, la bondad y la belleza. De su búsqueda, de su hallazgo o de su expresión ustedes han sido protagonistas en este año y se lo queremos agradecer. Creemos que en la base de la humanidad están estas tres hermanas transcendentales: verdad, bondad y belleza, y sin cualquiera de ellas no hay humanidad en su sentido más pleno y auténtico.

Si en la primera mitad del siglo pasado Bertolt Brecht decía que “no son buenos tiempos para la lírica”[1] hoy podríamos decir que “no son buenos tiempos para la verdad”. Tiene razón el recientemente fallecido Zygmunt Bauman en su análisis de la postmodernidad, a la que describe como el espacio de un pensamiento débil y una verdad líquida en la que no caben certezas definitivas, compromisos totalizantes, grandes ideales ni verdades enteras. “La cultura de la modernidad líquida ya no tiene un pueblo que ilustrar y ennoblecer, sino clientes que seducir”[2], afirma este pensador. Quizá por esto, el diccionario Oxford ha elegido la palabra “Posverdad” como la más relevante en el año 2016. Vivimos un tiempo en el que la verdad de los hechos es menos influyente a la hora de formar la opinión pública que las emociones y las convicciones; en la vida social, se invocan más las pasiones que las razones. Es más fácil convencer a muchos con palabras huecas, apelando a las pasiones que se disparan al calor de una buena discusión, jaleada en los medios de comunicación, que razonar y argumentar pausadamente para crecer, y ayudar a crecer; para buscar juntos la verdad, como pedía Machado[3].

Sin la posibilidad de la verdad, sin su búsqueda, sin aspirar a ella como algo posible y necesario, podemos dejar al mundo a merced de ideologías totalitarias o populistas, de medias verdades, de eslóganes, de marketing, de tuits ofensivos o ridículos. Sin verdad no hay justicia sino arbitrariedad, no hay libertad sino libertinaje, no hay bondad sino oportunismo, no hay belleza sino apariencia. Prescindir de la verdad, o darla por superada, nos aboca a una sociedad sin humanidad.

Esta descripción de la realidad no es, ni mucho menos, una rendición ante lo evidente. Por el contrario, es una llamada a la esperanza, a la confianza en que un mundo nuevo y mejor es posible, y con la ayuda de Dios podemos hacerlo. La verdad, como la bondad y la belleza son posibles. Son muchos los destellos que experimentamos cada día de esa verdad que nos ilumina con su bondad y belleza.

Este mismo acto y su presencia entre nosotros, es una muestra clara de que esos destellos de la verdad son posibles, y que están presentes también en el mundo de la comunicación.

Algunos seguís haciendo cada día de vuestra profesión una narración viva de la verdad, como Antonio Pelayo, un maestro de periodistas, y este año ¡Bravo! especial. Antonio es un sacerdote y un periodista de raza; durante más de treinta años en la vanguardia de la comunicación; parafraseando al Papa Francisco, con un oído en la palabra del Sucesor de Pedro, y el otro en la vida de la sociedad.

Otros, como Ángel Expósito, nos traéis las caras de la verdad en los rostros de los hombres y las mujeres de hoy, a través de historias humanas que buscáis en cualquier lugar del mundo para hacérnoslas cercanas. La verdad como tarea, como camino, como esfuerzo, como necesidad es, por su parte, el constante empeño de Pedro García Cuartango.

Y también la verdad cercana de la Iglesia que vive en un lugar, que es pueblo y se hace cultura. La verdad cercana de la que habla Txomin Pérez, la de la Iglesia local palentina que acerca en directo, en las redes y a través de los medios a quienes la quieren conocer; y lo hace con gracia, acierto y elegancia.

La verdad es y hace historia y es protagonista de muchas series de ficción. Necesitamos recordarla porque en ella se entiende nuestro presente y se proyecta nuestro futuro. Así lo hacen las series históricas de Televisión Española, como Isabel, Carlos o La corona partida. La verdad tiene vocación de futuro: es, por un lado, el deseo al que nos dirigimos con nuestro empeño, como en la publicidad de McCann para Ikea, que pide unas cenas en las que la única tarea sea construir la familia; o también el deseo al que nos dirigimos con nuestra oración, como en las intenciones del Papa que la Agencia La Machi ha sabido poner en imágenes para alcanzar a millones de personas en todo el mundo.

La verdad también se hace imagen que toca nuestros sentidos, y desde ellos el corazón, como la fotografía que Santi Palacios ha puesto en nuestras conciencias, seguramente para vivir en ellas mucho tiempo. La verdad que se hace belleza está en la música que el coro de Radiotelevisión Española lleva casi sesenta años acercándonos; ya nos recordaba el gran teólogo  del siglo pasado Hans Urs von Balthasar, que la verdad es sinfónica; y en el cine que nos trae personajes como Soledad, que Laura Contreras ha sabido convertir en verdad luminosa.

Ya ven, estamos en tiempo de verdades hermosas que podemos disfrutar y compartir. Verdades que ustedes nos acercan cada día con su trabajo bien realizado al servicio del bien común. Por eso estamos en deuda con ustedes, y estos premios son un pago, aunque modesto, a su contribución por un mundo mejor. Muchas gracias. Con ustedes la verdad, el bien, y la belleza no son sólo esperanza de un futuro mejor, sino también un presente cierto, dispuesto a iluminarnos y a animarnos a crecer y profundizar en la contemplación de la verdad.

Cada año, por estos días, el Papa Francisco, nos ofrece su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. En este 2017 el lema de esta Jornada es “Comunicar esperanza y confianza en nuestro tiempo”. Quiero hacer de estas palabras una invitación para todos ustedes: sean, seamos, comunicadores de esperanza y confianza en el aquí y en el ahora. A los premiados porque es, sin más, continuar en este esfuerzo que hemos premiado hoy. A los profesionales de la comunicación que nos acompañan esta mañana, les animo a incorporar el horizonte de la esperanza y de la confianza en sus noticias, en sus guiones, en sus partituras, en sus columnas. Y a todos ustedes invitados, familiares y amigos, les pido que no se dejen robar la esperanza.

A todos les animo a ser luz para los que tienen cerca, y también para los de lejos, de esta forma participarán de la buena noticia de comunicar la esperanza.

Muchas gracias.


[1] Brecht, B., Más de cien poemas, Selección y epílogo de Siegfried Unseld. Traducción de Vicente Forés, Jesús Munárriz y Jenaro Taléns, Ediciones Hiperión, 4ª ed. Madrid 1998.

[2] Bauman, Z., La cultura en el mundo de la modernidad líquida, FdCE, Madrid 2013.

[3] Machado, A., Proverbios y Cantares, LXXXV.

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