Consagrados al Señor, testigos de la esperanza y la alegría

Carta de
Mons. D. Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

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Domingo 29 de enero de 2017

Queridos feligreses:

El próximo jueves, 2 de febrero, celebramos la fiesta de la Presentación del Señor en el templo y, con ella, la Jornada Mundial de la Vida Consagrada desde que san Juan Pablo II la instituyera en el año 1997.

Este año el lema de esta Jornada es: “Testigos de la esperanza y la alegría”.

Se aplica a san Francisco de Sales, patrón de los periodistas, al que recordábamos este martes, la frase de que “un santo triste es un triste santo”.

El mundo nos ofrece alegrías parciales, pero la felicidad que brota de dentro, que da sentido a la vida y la proyecta más al más allá, es fruto de la esperanza que nace de la fe y se confirma en la caridad. Solamente Dios nos hace plenamente felices.

Todos, creyentes y no creyentes, buscamos la felicidad, incluso sin saberlo. Toda nuestra vida es una búsqueda continua de la felicidad. Unas veces la buscamos donde está y otras donde creemos que puede estar. Muchos, los menos, se conforman con evadirse y no enfrentarse a la vida cara a cara, porque entienden que la felicidad exige muchas renuncias que no están dispuestos a aceptar o porque creen directamente que la felicidad no existe.

Llegados a este punto, diremos con san Agustín: Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti. Una frase que viene a profundizar en aquella otra del salmo 61: “Solo en Dios descansa mi alma”.

Hoy en día tal vez sea más difícil que en otros tiempos ligar nuestra vida al proyecto de Dios. Tenemos muchas cosas apetecibles y al alcance de la mano que lo dificultan, pero, como cristianos, no olvidemos nunca que la alegría que da sentido a la vida solo es posible haciendo que esté en sintonía con el plan de Dios sobre ella.

El Señor que nos creó nos llama a cada uno por nuestro nombre, nos llama a cada uno a una historia de amor con Él, aunque no a todos en el mismo lugar, cada uno ocuparemos un lugar en este cuerpo. “Así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros… siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo” (1 Cor.12,12).

Plantearse qué quiere Dios de nosotros, por dónde quiere que guiemos nuestra vida, es el primer paso; el segundo es tener la valentía de avanzar hacia donde intuyamos que nos quiere. Por ahí pasan todos los cristianos coherentes, entre ellos los miles de religiosos y religiosas que sirven en nuestras comunidades con una sonrisa que refleja mucho más que un estado de ánimo, entre ellos muchos en nuestra Archidiócesis de Mérida-Badajoz. Ocupan el día a día en educar a los niños, a la pastoral parroquial, rural o social, cuidando a personas mayores o cuidando enfermos. Trabajan para saciar el hambre de pan y de soledad, ejerciendo la misericordia, persiguiendo la paz y buscando hueco a la justicia. Su dedicación tiene mucho que ver con el Evangelio que leemos este domingo: las Bienaventuranzas.

Nos toca a todos ser agradecidos por su entrega, orar por ellos, pedir por sus comunidades y por la llegada de vocaciones, de las que tan necesitados están.

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Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

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