El regalo de Dios

Carta de
Mons. D. Jaume Pujol Bacells
Arzobispo de Tarragona

PujolBalcellsJaume

Domingo 29 de enero de 2017

Una maestra de párvulos observa a las niñas que dibujan. Pregunta a una de ellas: ¿Tú qué pintas? La niña responde: a Dios. «Pero si nadie sabe cómo es Dios…» –objeta la profesora. «¡Pues ahora van a saberlo!»– responde la pequeña.

Lo cierto es que cualquier experiencia religiosa auténtica comporta una intuición del Misterio, que no pocas veces logra captar algún rasgo del rostro de Dios; pero conocer a Dios requiere estar abierto a su revelación, sin la cual sólo podríamos alcanzar algunas aproximaciones.

Por ejemplo, una de ellas nos dice que la creación es un acto gratuito. San Felipe Neri observaba: «El sol da su luz, el fuego su calor, el árbol abre sus brazos y nos ofrece sus frutos; el agua y el aire y toda la naturaleza anuncian la generosidad del Creador». Aunque no hace falta ser un santo para advertir que la vida es en sí un regalo de Dios: la nuestra, la de las plantas, animales y naturaleza toda, con sus innumerables universos. ¿O es que todo lo hemos hecho nosotros?

Este año 2017 me propongo comentar algunos aspectos de la Doctrina Social de la Iglesia. Y en este primero me fijo en la gratuidad de los dones recibidos, regalo de Dios, porque esta gratuidad de la creación, y también de la salvación en Cristo, inspira toda la Doctrina Social, pues está en la base del mandamiento del amor fraterno. Si nosotros hemos recibido tanto sin merecerlo, ¿cómo podemos pasar de largo cuando vemos a una persona necesitada?

Julián Marías dijo que hay que tratar de imaginarse a Dios y la vida eterna que en él nos espera no como si fuéramos a parar a una nube en la que los ángeles estarían tocando el arpa. Esto resultaría aburrido y Dios aborrece el aburrimiento. A Dios lo conocemos sobre todo por la revelación que de él nos ha hecho Jesucristo –quien me ha visto a mí ha visto al Padre– y por la misma palabra de Jesús sabemos del Espíritu Santo.

Debemos ser agradecidos con Dios y tenemos muchas ocasiones para ello, desde contemplar la sonrisa de un niño hasta un paisaje maravilloso. Sin embargo, también podemos sentir su presencia en la vida ordinaria, en las pequeñas cosas, y también entonces debemos corresponderle. Muchos de nosotros hemos aprendido desde pequeños una práctica de pequeños gestos: arrodillarse ante el sagrario, bendecir la mesa, dar las gracias cuando nos dan alguna cosa o nos abren una puerta…

Solo entonces nuestra vida será una siembra de amor y paz. En la medida de nuestras posibilidades transformaremos el mundo.

pujol_firma Jaume Pujol Bacells
Arzobispo de Tarragona

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