Ser signo de Cristo

Carta de
D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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Domingo 29 de enero de 2017

Queridos diocesanos:

Al inicio de mi ministerio entre vosotros, me gustaría dedicar unos cuantos escritos de este Full Dominical a exponer lo que me parece que debe ser la Iglesia. Y quiero comenzar por aquello que considero más importante: que la Iglesia entera y cada comunidad cristiana existe para ser signo de Jesucristo. Con gran clarividencia el Concilio Vaticano II puso el acento en que la Iglesia era “sacramento”, es decir, signo, imagen y parábola de Jesucristo. La Iglesia no existe por sí misma ni para sí misma (LG 1). La Iglesia no tiene otro tesoro más que Jesucristo (Cfr. Hch 3, 5). La Iglesia sólo es creíble en tanto en cuanto refleja a Cristo, siendo su “transparencia”, haciéndole presente para nuestros contemporáneos.

Existe en la liturgia una preciosa oración “por la Iglesia local”, en la que se pide por cada una de las Diócesis. Esta oración concluye implorando a Dios que cada Iglesia diseminada por la Tierra “sea signo e instrumento de la presencia de Cristo en el mundo”. Esta es también la tarea de nuestra Iglesia de Menorca: reflejar la luz de Cristo para los hombres y mujeres de esta isla, hacer resplandecer su rostro para todos.

Para comprender esto mejor, los Padres de la Iglesia compararon a la Iglesia con la “luna”. Quien ilumina de verdad es siempre Jesucristo. Él es el sol. La Iglesia es sólo la “luna”, que no ilumina por sí misma sino por Cristo, que es la luz. Como la luna en medio de la noche, así ilumina la Iglesia con la luz recibida por ella. Al mismo tiempo, la luz de la Iglesia, como la de la luna, es una luz lánguida y amortiguada, que pasa por diversas fases a lo largo de su vida. Su fuerza y seguridad está en permanecer siempre orientada al centro luminoso, que es Cristo.

Por todo ello, ser signo de Jesucristo significa para la Iglesia que no le está permitido señalarse a sí misma, no puede ocuparse sólo de su propia imagen. El Papa Francisco denomina “autoreferencialidad” a esta tentación de fijarse sólo en los propios intereses y aferrarse a las propias seguridades (EG 49). Pero una comunidad que vive cerrada en sí misma acaba atrofiándose física y mentalmente. La Iglesia debe descentrarse respecto de sí misma para centrarse en Jesucristo y reflejar su gloria. Y aparece como creíble ante los hombres sólo cuando en sus hechos y actitudes, en sus intereses y objetivos es voz de Cristo, transparencia suya.

Si nuestra Iglesia de Menorca quiere ser verdaderamente signo, deberá acercarse más a su Señor, dejarse iluminar por Él, llenarse de su gracia y su paz, para poder comunicarla a los demás. Ser signo de Cristo significa volver a Él constantemente, acrecentar la comunión con Él, en la vida de oración, en la vida sacramental, en las actitudes fundamentales que nacen de la fe, la esperanza y el amor para, de esta manera, ir reflejando la gloria del Señor y transformándose en su imagen por la acción del Espíritu Santo (Cf. 2 Co 3,18).

✠ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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