Carta semanal, 5 de febrero de 2017

Carta de
Mons. D. Juan Antonio Menéndez Fernández
Obispo de Astorga

JuanAntonioMenendez

Domingo 5 de febrero de 2017

Queridos diocesanos:

El valle de Compludo en la zona del Bierzo fue el lugar elegido por San Fructuoso de Braga en el siglo VII para iniciar la vida eremítica a semejanza de los monjes orientales fundados por San Antonio Abad, San Pacomio y San Basilio. Pronto se unieron a su experiencia espiritual varios monjes entregados, en solitario, a la alabanza divina y a la penitencia y mortificación. Tal fue el número de monjes que habitaron el territorio del Bierzo en aquel siglo que se le denominó la Tebaida Berciana a semejanza de la Tebaida egipcia. Este deseo del buen cristiano de seguir el camino de la perfección y de unirse más íntimamente con el Señor sigue vivo en la Iglesia. El Señor bendijo a nuestra diócesis con multitud de vocaciones a la vida religiosa que están repartidos por todo el mundo dando testimonio de fe a la que nacieron por el bautismo en esta Iglesia asturicense. La presencia de religiosos y religiosas entre nosotros nos muestra que también hoy hay mujeres y hombres cristianos que son llamados por el Señor para vivir una vida cristiana auténtica, practicando los llamados consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia y viviendo en comunidad al estilo de los primeros cristianos. Aunque la forma de vivir la Vida consagrada ha evolucionado muchísimo a lo largo de la historia del cristianismo, sin embargo el fundamento de la misma sigue siendo el mismo: la llamada a la santidad por el camino de perfección en el amor.

La Vida consagrada expresa de un modo especial, aunque no en exclusiva, la santidad de la Iglesia. Los monjes y monjas en sus monasterios, los eremitas, las vírgenes consagradas, los religiosos y religiosas en sus casas y conventos se santifican siguiendo más de cerca al Señor entregándose totalmente a su servicio y al de los hombres bajo la acción del Espíritu Santo. Muchas gracias debemos de dar a Dios, nuestro Señor, por la cantidad de cristianos que hoy viven, con sus debilidades y fortalezas, para Él y para los demás en todo el mundo. Con su testimonio edifican el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, y renuevan la faz de la tierra mostrando con su testimonio personal y comunitario los rasgos de un nuevo mundo más humano cuya única ley es el amor fraterno y cuya meta es la vida eterna.

Os invito, queridos hermanos, a unirnos con la oración y con nuestro afecto a los hermanos y hermanas consagradas en la vida contemplativa y activa que oran todos los días por nosotros al Señor y que trabajan apostólicamente en la enseñanza, en la atención a los enfermos, ancianos, a los pobres y necesitados y a tantas personas que se acercan a sus casas con el deseo de ser simplemente escuchadas. Pedid también al Señor que siga bendiciendo las comunidades de religiosos y religiosas de nuestra diócesis con abundantes vocaciones para que no se vean obligados a cerrar sus casas.

A vosotros, queridos consagrados, os manifiesto una vez más mi aprecio, cercanía y estima por lo que sois y por el bien que realizáis en nuestra diócesis. Con afecto os bendice vuestro obispo.

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