La vida consagrada

Carta de
Mons. D. Jaume Pujol Bacells
Arzobispo de Tarragona

PujolBalcellsJaume

Domingo 5 de febrero de 2017

Una de las fundaciones de Santa Teresa de Jesús fue en Medina del Campo. Lo que no sabía es que la casa que se les donó para instalar el convento estuviera tan en ruinas, tanto es así que la primera noche tuvo que dejar el Sagrario en el portal. Esto sí, custodiado por hombres, aunque ella confiesa que pasó la noche mirando por la ventana para asegurarse de que el Santísimo estaba bien protegido contra posibles profanaciones. A continuación, la santa narra que se fue restaurando la casa y comenzaron a llamar vocaciones a la puerta.

Cinco siglos más tarde, el problema no son las casas, sino las vocaciones, hasta el punto de que mucha gente se pregunta si hoy tiene sentido la vida religiosa.

El año pasado el Papa Francisco respondió de modo afirmativo a esta pregunta mediante la constitución apostólica «Vultum Dei Quaerere» sobre la vida contemplativa femenina. Con las adaptaciones convenientes es un documento útil para todas las formas de vida contemplativa y a él me atengo en este domingo dedicado a la vida consagrada.

Desde los primeros siglos la Iglesia ha manifestado gran aprecio a los hombres y mujeres que, dóciles a la llamada, han escogido seguir a Cristo «más de cerca». Su presencia la ha estimado como lámpara en el candelero, que ilumina la meta hacia la cual la comunidad eclesial se encamina, «con la mirada fija en la recapitulación de todo en Cristo, y preanunciando de este modo la gloria celestial».

¿Qué sería de la Iglesia sin vosotras –se pregunta el Papa– y sin cuantos viven en las periferias de lo humano y actúan en la vanguardia de la evangelización? Y añade: «Como el marinero en alta mar necesita el faro que indique la ruta para llegar a puerto, así el mundo os necesita a vosotras».

El Papa sabe en qué mundo vivimos: «Hoy en día muchas personas no saben rezar. Muchos no sienten la necesidad o reducen su relación con Dios a una súplica en los momentos de prueba, cuando no saben a quién dirigirse…».

Las personas consagradas son la voz orante de los que no rezan; rezan por todos con sus labios y con la entrega de sus vidas. Así las veo yo, y en ellas me apoyo en mi tarea como Arzobispo. Siento su gran fuerza espiritual y les pido que sigan apoyando las vocaciones sacerdotales, la paz en el mundo comenzando por la paz en las familias, y que los cristianos nos sintamos llamados a la caridad con los más necesitados. En medio de un ambiente frío, son el fuego que calienta el hogar.

pujol_firma Jaume Pujol Bacells
Arzobispo de Tarragona

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