Reformar la Iglesia

Carta de
Mons. D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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Domingo 5 de febrero de 2017

Queridos diocesanos:

La Iglesia es una comunidad siempre en camino. Mientras peregrina por este mundo, es signo de Cristo, pero es siempre un signo perfectible, marcado por la deficiencia, porque forman parte de la misma personas e instituciones que pueden ser infieles a su misión. Lamentablemente la Iglesia aparece muchas veces ante los hombres como una institución que se afana por el poder, que actúa con prepotencia o que se complace en fustigar a los hombres.

Por eso, para cumplir con su misión, la Iglesia debe renovarse de manera continua. La conversión es una tarea constante de nuestra Iglesia. El Concilio Vaticano II insistió en la necesidad de una “renovación perenne” (UR 6) y dijo que “la madre Iglesia no cesa de orar, de esperar y de trabajar, y exhorta a todos sus hijos a la santificación y renovación para que la señal de Cristo resplandezca con mayores claridades sobre el rostro de la Iglesia” (LG 15). Es una invitación a combatir con tesón para que las debilidades no empeñen el rostro de Cristo que la Iglesia debe reflejar.

Según mi parecer, la verdadera reforma de la Iglesia consiste en que su mirada se dirija con más claridad a Cristo y a los hombres. En primer lugar, reformar la Iglesia es dirigirla más a Cristo, para que cada uno de los cristianos refleje con más claridad su rostro. La verdadera reforma consiste en que la Iglesia sea más santa y se apegue más a su Señor, que en sus criterios, en sus comportamientos y en sus proyectos sea guiada sólo por su Pastor.

En segundo lugar, la mirada de la Iglesia debe dirigirse con más atención al hombre. Esto es lo que nuestro Papa Francisco repite con insistencia. Es necesaria una “conversión pastoral y misionera”, que nos pongamos “en estado permanente de misión” (EG 25). No podemos quedarnos tranquilos, nos dice. No podemos conformarnos y dejar las cosas como están. La reforma que nos pide consiste en “procurar que todas las estructuras se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constate actitud de salida y favorezca la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad” (EG 27).

También nuestra Iglesia de Menorca, si quiere ser fiel a su misión, deberá entrar en un proceso de renovación, que afecta a las personas y a las instituciones, a las actitudes con que vivimos y al modo en que nos situamos en la sociedad actual. Examinemos todo desde Jesucristo, con la luz del Evangelio, para advertir nuestras infidelidades y para discernir aquellas cosas de las que debemos prescindir y aquellas otras en las que debemos crecer. Todo ello será posible si dejamos que el viento del Espíritu, que todo lo hace nuevo, sople sobre esta barca de Menorca.

✠ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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