El escándalo del hambre

Carta de
Mons. D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

2017_francisco_simc3b3n_conesa_ferrer_obispo_menorca_1

Es escandaloso que en un mundo evolucionado y que se considera adulto siga habiendo hombres y mujeres que padecen hambre y malnutrición. Es una vergüenza que nuestra acomodada sociedad occidental se tape los ojos y no quiera mirar de frente a un problema que podría solucionar si tuviera voluntad de hacerlo. Es indignante advertir que nuestro planeta tenga recursos suficientes para alimentar a todos, pero que la injusta distribución de los mismos impida que lleguen a todos.

Las cifras son espeluznantes. Mientras una pequeña parte de la humanidad disfrutamos de los más altos niveles de prosperidad jamás alcanzados, casi 870 millones de personas padecen subnutrición crónica (datos de FAO 2012), la cual afecta sobre todo a mujeres y niños de África, Asia y Latinoamérica. Da escalofríos pensar uno a uno en todos estos millones de seres humanos, que carecen de lo más elemental. Más de tres millones de niños menores de cinco años mueren cada año como consecuencia del hambre. ¿Podemos pensar en ellos sin sentir rabia y dolor por el mundo que hemos creado? Porque este es el mundo que los hombres hemos construido, no el que Dios ha pensado para nosotros. Somos nosotros quienes hemos creado un mundo en el que todo se compra y se vende, en el que el beneficio económico se pone por encima del derecho de las personas a su alimentación, un mundo en el que la degradación del medio ambiente provoca pobreza y miseria.

Cada año en el mes de febrero “Manos Unidas” quiere dar un aldabonazo a nuestra conciencia dormida, desea ayudarnos a abrir los ojos ante la realidad de los hombres y mujeres de nuestro planeta y nos invita a plantar cara a este problema. La campaña de este año es muy clara y explícita: “El mundo no necesita más comida; necesita más gente comprometida”. El problema no es la escasez de recursos, porque nuestro planeta puede producir alimentos suficientes para todos. El problema es la falta de voluntad de resolver el problema.

Luchar contra el hambre es una obligación que en justicia tiene cada ser humano que habita este planeta. Porque cada persona tiene derecho a alimentarse (y no sólo a ser alimentada) y, por esto mismo, derecho al agua, a la tierra, a la salud, al trabajo y al desarrollo. Es tarea de todos promover políticas solidarias (y crear cauces jurídicos para exigir que se cumplan), fomentar la adopción de mecanismos de corrección de los desequilibrios económicos y velar para que la agricultura sea respetuosa con el medio ambiente y para evitar la pérdida y desperdicio de alimentos.

Sólo con el compromiso de todos podremos hacer frente a este desafío enorme que es acabar con el hambre en el mundo. Todos, políticos, organismos internacionales, empresas, sociedad civil y cada uno de nosotros debemos ponernos en marcha para que las instancias de decisión (locales, nacionales e internacionales) adopten y pongan en práctica las medidas necesarias para garantizar el derecho a la alimentación que tienen todas las personas.

✠ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s