Campaña de Manos Unidas

Carta de
Mons. D. Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

jimenezzamoravicente

Domingo 5 de febrero de 2017

“El mundo no necesita más comida.
Necesita gente más comprometida”

Queridos diocesanos:

Celebramos en este mes de febrero la Campaña número 58 de Manos Unidas. En junio de 1955, la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas (UMOFC) lanzaba al mundo un manifiesto, en el que denunciaba la existencia de tres hambres que azotaban a la humanidad: hambre de pan, de cultura y de Dios. El manifiesto pretendía alertar a la opinión pública y movilizarla para una acción eficaz. En España, las mujeres de Acción Católica inspiradas en este manifiesto tomaron el testigo. “Declaramos la guerra al hambre”, fue el grito de esperanza con el que nació la primera Campaña contra el Hambre.

Hoy, Manos Unidas sigue manteniendo con mayor fuerza la misma esperanza de que el mundo pueda sentirse libre de la terrible lacra del hambre, que es el resumen de todas las injusticias con su cortejo de subdesarrollo e incultura.

Manos Unidas es la Asociación de la Iglesia Católica en España para la ayuda, promoción y desarrollo de los países en vías de desarrollo. Es a su vez una Organización No Gubernamental para el Desarrollo (ONGD), de voluntarios, católica y seglar.

La Campaña de Manos Unidas quiere ser conciencia crítica de la sociedad y de la Iglesia, que sienten el aguijón de la responsabilidad ante la situación del hambre en el mundo. En la solución de este gravísimo problema hay implicadas muchas responsabilidades, a distintos niveles, que no es éste el momento de concretar, sino más bien de aprovechar la oportunidad que nos ofrece la Campaña de Manos Unidas, para aceptar con todas sus consecuencias lo que nos afecta y compromete a nosotros desde la conciencia humana y cristiana.

Lema de este año

La Campaña de este año 2017 tiene como lema: “El mundo no necesita más comida. Necesita más gente comprometida”. El lema incorpora aspectos centrales del problema del hambre y busca promover un compromiso. Partimos de los que San Juan Pablo II definió como paradoja de la abundancia. Hay alimentos para todos, pero no todos pueden comer. El gran escándalo del hambre, en palabras del Papa Francisco, impide vivir dignamente a casi 800 millones de personas. La gran mayoría de esas personas viven en los países en desarrollo, donde casi el 13% de la población está desnutrida.

Es una cifra vergonzante, ante la que no podemos quedar ni indiferentes ni impasibles. Frente a la globalización de la indiferencia tenemos que practicar la globalización de la solidaridad.

Los fundamentos de nuestro compromiso

Manos Unidas es una ONGD de la sociedad civil y una Asociación Pública de fieles de la Iglesia Católica de España. Esta doble naturaleza exige que busquemos los fundamentos de nuestro actuar en el discurso de la razón y en el compromiso de la fe cristiana.

Desde la razón. El concepto de solidaridad es ampliamente asumido como eje de un modelo de sociedad auténticamente humano. Por otro lado, en todos los países, la lucha contra el hambre es una obligación de derechos humanos jurídicamente vinculante, aunque sigue siendo una asignatura pendiente por falta de voluntad política y cauces jurídicos para exigirlos.

Desde la fe cristiana. El Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia nos ofrecen principios decisivos en la lucha contra el hambre. La opción por los pobres es característica fundamental del amor cristiano. La raíz de la pobreza se sitúa en la injusticia humana. Como testigos de la Buena Noticia de Jesucristo y como una manifestación de nuestro compromiso de fe, hacemos nuestra la causa de los casi 800 millones de personas que pasan hambre en el mundo. Sabemos que, como dice el Papa Francisco, “hoy, creyentes y no creyentes estamos de acuerdo que la tierra es una herencia común, cuyos frutos deben beneficiar a todos. Para los creyentes, esto se convierte en una cuestión de fidelidad al Creador, porque Dios creó el mundo para todos. Por consiguiente, todo planteamiento ecológico debe incorporar una perspectiva social que tenga en cuenta los derechos fundamentales de los más postergados” (LS 93).

Esta convicción está en la base del destino universal de los bienes que exige una distribución equitativa del trabajo, de la renta, de la riqueza y especialmente de los alimentos. Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir y privilegiar a nadie.

El bien común presupone el respeto de la persona y de su inalienable dignidad que, para los cristianos, es manifestación de nuestra condición de hijos de Dios. Ambos principios exigen el reconocimiento y la garantía de los derechos humanos y, en particular, del derecho humano fundamental a la alimentación. Esta obligación de defender y promover el bien común, entendido como mejora de las “condiciones de la vida social”, es la que fundamenta la labor de Manos Unidas contra el hambre.

El Papa Francisco insiste mucho en que vayamos a dar respuesta a los que están en las periferias. Necesitamos la conversión hacia los pobres y los que pasan hambre. Los pobres son para nosotros la ocasión concreta de encontrarnos con el mismo Cristo, de tocar su carne que sufre. Con esta carta pastoral expreso públicamente mi gratitud sincera al Sr. Presidente, al Sr. Consiliario, a todo el equipo de nuestra Delegación Episcopal de Manos Unidas y a todos los voluntarios por su trabajo entusiasta y eficaz. Gracias a Dios, la respuesta de los diocesanos es siempre generosa y nos permite financiar los proyectos propuestos para cada Campaña.

Con mi afecto y bendición,

jimenezzamora_firma

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