¿Se puede declarar la guerra al hambre?

Carta de
Mons. D. Braulio Rodríguez Plaza
Arzobispo de Toledo
Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez Plaza

Domingo 12 de febrero de 2017

Se puede y se debe. Es lo que se propuso la UMOFC (Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas) en 1959 y, en 1960, las nacientes Manos Unidas/Campaña contra el hambre afirmaron: “Plántale cara al hambre”, Así lleva muchos años exhortándonos esta ONG católica de voluntarios. Es lógico, porque en la dinámica de la vida de un cristiano, ¿cómo va éste a quedarse simplemente “pasmao”, sin hacer nada ante lo que está cayendo? Cuando hay comida para todos, pero no todos comen; cuando hay derroche, excesivo consumo y uso de alimentos para estos fines que no son alimentar a los hambrientos, ¿qué decir?, ¿qué hacer? ¿vamos a callar? Sería vergonzoso.

No es posible. Por eso los voluntarios de Manos Unidas no están quietos y trabajan denodadamente por conseguir dinero, y habilitan medios para llevar a cabo proyectos de desarrollo y alimentación donde hay hambre y podría haber más alimentos, pues es evidente que la madre tierra tiene capacidad de producir mucho más y alimentar a sus hijos, que somos todos, no unos cuantos privilegiados. Pero aquí, en este mundo nuestro, tienen que defender el derecho a la alimentación. Es un derecho que no todos tienen. Este es un derecho a tener acceso, de manera regular, permanente y libre, sea directamente, sea mediante compra por dinero, a una alimentación en cantidad y calidad adecuada y suficiente, que garantice una vida física, psíquica libre de angustias, satisfactoria y digna.

Ese es nuestro compromiso. Nada fácil pero necesario. ¡Cuándo entenderán los Estados la necesidad de conseguir a nivel mundial una producción y un consumo sostenibles! Es el destino universal de los bienes; es el bien común, y es una manera que ayuda a que no haya tantas guerras, para que no haya desequilibrios que llevan siempre al conflicto ¿Por qué hemos los católicos de luchar por estas cosas? Primero para que se respete la dignidad de la persona humana como imagen de Dios. Y la pobreza extrema y el hambre no son justas. Y tenemos que decirlo y, en la práctica, hacer cosas concretas, y no sólo lamentarse y sentir lástima, cuando deberíamos sentir vergüenza, como afirmé poco más arriba.

Pero “el mercado es el mercado”, te dicen los que producen, grandes o pequeños productores. Más los grandes, sin duda, pues otros más pequeños luchan para sacar adelante su empresa pequeña. Y a mí me parece bien que se aluda a las leyes del mercado, pero ¡cuidado!: mercado no es deforestar y, erosionar la tierra para producir más, aunque se emitan polución a toneladas. Eso no es mercado, es pecado, sencillamente. Tampoco es mercado que los alimentos hayan dejado en buena parte, en lugares concretos de nuestro mundo, de ser comida para saciar el hambre de la persona y se han convertido en un activo financiero más con el que los inversionistas puedan especular para ganar dinero pura y duramente. No es mercado acaparar tierras, destruir insensatamente la biodiversidad, o contaminar ríos y tierras por el uso de productos químicos en proporciones destructivas.

Mercado es que todo el mundo pueda vender y no estar condenado a no entrar en los circuitos comerciales, condenando a países y comarcas a no poder poner sus productos y malvenderlos a los que sólo buscan su provecho. Vemos, pues, que el hambre es también cuestión de educación y de radicarse en la fe de Jesucristo, que dice sin retoques que el amor a Dios, primero en la intención, pasa por amar al prójimo, sobre todo al más pobre, que es lo primero en la actuación del cristiano.

Termino con un agradecimiento a cuantos son Manos Unidas, a la Comisión Diocesana, a los que más os exigís en esta campaña. Son muchas mujeres y algunos hombres los que forman una red de trabajo y esfuerzo para que esta y otras Campañas consigan su objetivo de sensibilizar a tanta gente que solo se queda en sentir angustia y tristeza cuando ve a gente hambrienta y hambrunas terribles en tantas partes del mundo. También recuerdo a párrocos y rectores de iglesias que la colecta del día 12 de febrero es colecta imperada, es decir, obligatoria y se ha de entregar íntegra a Manos Unidas, por supuesto.

rodriguez_plaza_firmaBraulio Rodríguez Plaza
Arzobispo de Toledo, Primado de España

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