El mundo necesita más gente comprometida

Carta de
Mons. D. Julián López Martín
Obispo de León

lopezmartinjulian

Queridos diocesanos:

El pasado domingo 12 de febrero ha tenido lugar en las diócesis españolas la Jornada anual de “Manos Unidas”, la ONG puesta en marcha por iniciativa de un grupo de mujeres de la Acción Católica y que alcanza ya su 58ª edición. Se trata de una convocatoria en el interior de nuestro país, pero proyectada en su entrega y dedicación hacia cualquier lugar del mundo donde pueda ofrecer su ayuda y enviar sus recursos. El comienzo, sencillo y discreto, se produjo a finales de los años cincuenta del siglo pasado. Sin embargo continúa vigorosa como un reto tan importante como el problema al que quiere hacer frente, no tanto la falta de alimentos en nuestro mundo como la pésima e injusta distribución de los mismos, acaparados por unos pocos individuos o sociedades que, en la producción, almacenamiento o venta, no tienen duelo con tal de mantener ganancias y beneficios aunque sea a costa de la pobreza de los demás.

“Manos Unidas”, con todo, no se dedica a denunciar estos hechos que deberían avergonzar a nuestra época, ciertamente marcada también por otros desastres como la emigración forzada de quienes huyen de la guerra o son víctima de nuevas formas de esclavitud, de epidemias, accidentes, falta de agua, de medicinas, etc. Frente a la idea de que el hambre, como otros grandes males de nuestro tiempo, no se podrá vencer, “Manos Unidas” se puso a trabajar espoleando la conciencia de la sociedad del bienestar y saliendo al paso de las urgencias de la pobreza, la malnutrición y la ignorancia. Hoy es una gran organización de la Iglesia Católica en España para la ayuda, promoción y desarrollo de los países pobres, vinculada a la Conferencia Episcopal Española, que la erigió canónicamente en su día y aprobó sus estatutos y confirma sus principales dirigentes. Es un deber atender a su solicitud.

Se ha dicho y con razón que la mayor dificultad para acabar con el hambre es creer que es un objetivo que no se puede lograr. Sin embargo, como el movimiento se demuestra andando, ahí está la tenacidad de estas mujeres que, movidas por su conciencia cristiana y unidas por este objetivo, se lanzaron a la obra. Bien merecen un reconocimiento de gratitud y de admiración que yo quiero ofrecer hoy a nuestra delegación diocesana para la Campaña contra el Hambre en el Mundo y a todas las personas que colaboran en esta importante obra de la Iglesia.

Al mismo tiempo quiero invitar y exhorto a los fieles católicos y aun a todos los ciudadanos a colaborar en esta noble causa. Todo donativo, aunque sea pequeño como el óbolo de la pobre viuda de la que habla el evangelio (cf. Lc 21,2-4), es valioso a los ojos de Dios y contribuye a remediar o paliar la carencia de alimentos que padecen poblaciones enteras.

Con mi cordial saludo y bendición:

lopez_martin_firma✠ Julián, Obispo de León

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