La ceniza, gesto de humildad

Carta de
Mons. D. Jaume Pujol Bacells
Arzobispo de Tarragona

PujolBalcellsJaume

Domingo 26 de febrero de 2017

«Convertíos y creed en el Evangelio», dice el sacerdote al imponer la ceniza sobre nuestras frentes. La ceniza simboliza la muerte y lo que nada vale, para que caigamos en la cuenta de que «polvo eres y en polvo te convertirás», según la fórmula antigua.

No es que la Iglesia quiera asustarnos una vez al año. Lo que quiere es invitarnos a poner orden en nuestras preferencias para que lo permanente lo valoremos más que lo caduco, el amor eterno más que la satisfacción momentánea, y antepongamos la humildad a la soberbia y la caridad al orgullo. En una palabra, que nos convirtamos.

Hay conversiones famosas, como la de San Agustín, arrastrado a su pesar hacia la verdad por las oraciones de su madre y los sermones de San Ambrosio. O  la de San Ignacio de Loyola, que postrado en cama a causa de sus heridas de soldado, lee con desgana los pocos libros que le prestan y va calando en su alma las lecciones de grandes santos, como Francisco y Domingo.

Pero lo habitual es que las conversiones se produzcan por contacto, como una gripe feliz y contagiosa. Así se expandió la Iglesia desde sus comienzos a partir de los apóstoles y fue alcanzando los límites del imperio romano. Y así llegó el cristianismo a las frías tierras del norte de Europa, a las cálidas regiones ecuatoriales y a todos los continentes.

Este año el 1 de marzo es Miércoles de Ceniza, celebración móvil que marca el comienzo  de la Cuaresma. Es un día en el que está establecido ayuno y abstinencia, prácticas que algunos consideran retrógradas, pero que son válidas si se las ve en su verdadero sentido: prepararse para un tiempo de penitencia y conversión, los 40 días que preceden a la Semana Santa, a la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

No es tiempo de tristeza, porque el final de este camino es un estallido de alegría: ¡la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo!

El novelista Ignacio Agustí tituló su serie narrativa La ceniza fue árbol. Es cierto, en el orden natural primero es el árbol y luego la ceniza, pero en la celebración que hace la Iglesia, comenzamos imponiendo la ceniza y acabamos adorando el árbol de la cruz.  Un árbol del que penden los frutos de misericordia que nos alimentan cada día.

Sea bienvenido el Miércoles de Ceniza, no como entierro de las emociones del carnaval, sino como gesto de humildad en el que nos quitamos la careta para ver a Dios y a nuestros hermanos.

pujol_firma Jaume Pujol Bacells
Arzobispo de Tarragona

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