La Iglesia, lugar de la misericordia

Carta de
Mons. D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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Domingo 26 de febrero de 2017

Queridos diocesanos:

Venimos subrayando que la razón de ser de la Iglesia es mostrar a Jesucristo, ser signo suyo ante los hombres en cada lugar y en cada tiempo. Ahora bien, lo que contemplamos en Jesucristo no es otra cosa que la misericordia del Padre: todo en la vida de Jesús de Nazaret es un signo de la misericordia de Dios. La esencia del Evangelio es la misericordia. Por eso, si la Iglesia quiere de verdad ser signo de Cristo, tendrá que ser lugar de la misericordia gratuita, espacio en el que se viva el perdón, la donación y la gracia.

De una manera clara y contundente afirmaba el Papa Francisco que “la misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo” (MV 10). La Iglesia entera y cada comunidad cristiana debe ser lugar donde se proclame y se ejerza la misericordia: “donde la Iglesia esté presente, allí debe ser evidente la misericordia del Padre” (MV 12).

La primera misión es anunciar la misericordia. Quizás nos hemos preocupado de otras cosas y hemos olvidado anunciar este mensaje reconfortante y gozoso. Hay que proclamar con gozo que la palabra definitiva de Dios es palabra de ternura y amor apasionado al hombre. Somos transmisores de un mensaje de esperanza y de consuelo para los hombres.

La Iglesia debe, además, ejercer constantemente la misericordia, manteniendo una actitud de apertura a todos, sin excluir a nadie. Todos estamos llamados a salir de la indiferencia, abriendo el corazón a las personas que necesitan nuestra palabra, nuestra cercanía, nuestra solidaridad. Por eso, los cristianos deberemos revisar nuestras parroquias, nuestras comunidades y asociaciones para advertir cómo pueden crecer y alcanzar a ser verdaderos “oasis de misericordia” (MV 12).

Es tiempo de consolar, sanar y salvar. Debemos realizar gestos concretos de cercanía, compasión y ternura. Es la hora, también, de dejar paso a la “fantasía de la misericordia” (MM 18), para que cobren vida nuevas iniciativas con los que se expresa la convicción de que todo el Evangelio se resuelve en la misericordia y para que las obras de misericordia sigan haciendo visible la bondad de Dios.

Nuestra Iglesia debe vivir en un deseo constante de ofrecer misericordia. La meta última es acercar a los hombres a Jesucristo, que es la fuente de la misericordia. El lenguaje y los gestos de los cristianos deben ayudar a que otras personas se acerquen a Él para que sientan, como nosotros, que su amor dura para siempre.

✠ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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