Vida ascendente

Carta de
Mons. D. Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

jimenezzamoravicente

Domingo 26 de febrero de 2017

Espiritualidad, apostolado, amistad

Queridos diocesanos:

La Iglesia valora y aprecia al Movimiento de Vida Ascendente. Los patronos son Simeón y Ana. Es un Movimiento de apostolado seglar de jubilados y personas mayores, para crecer en la fe, fomentar la amistad y para ser miembros vivos en nuestra Iglesia y en la sociedad. El lema de Vida Ascendente: “espiritualidad, apostolado y amistad”, es todo un programa que lanza a los mayores a la misión de la Iglesia. Las personas mayores son un gran valor, porque, a la luz de la Palabra de Dios en la Biblia, son “testigos de la tradición de fe” (cfr. Ps 44, 2; Ex 12, 26-27); “maestros de vida” (cfr. Eclo 6, 34; 8, 11-12) y agentes de caridad.

La Iglesia y los mayores

El Magisterio de la Iglesia, especialmente de los últimos Papas, quiere que se promueva una mayor comprensión y mejora de la tercera edad, profundizando en la misión y el papel imprescindible de los mayores. San Juan Pablo II habló y escribió mucho de los mayores. Suyas son estas hermosas palabras: “…La Iglesia aún os necesita. Ella aprecia los servicios que podéis seguir dando: vuestra oración constante; espera de vosotros vuestros consejos, fruto de la experiencia y se enriquece del testimonio evangélico que dais día tras día”.

Las personas mayores han de ser consideradas como un tesoro en la Iglesia y en la sociedad. Son los mayores custodios de la memoria colectiva, tienen la perspectiva del pasado y del futuro en un presente que puede estar lleno de eternidad y serenidad. Ellos pueden poner a disposición de todas las generaciones el tesoro de su tiempo, capacidad y experiencias, mostrando así los auténticos valores frente a las meras apariencias. En la Iglesia, unidos en el movimiento Vida Ascendente, los mayores y jubilados son anunciadores de la Palabra y transmisores de la fe en la catequesis, miembros de los equipos de Liturgia, testigos del amor con su servicio de caridad con todos, especialmente con los más pobres, luz del mundo, sal de la tierra y levadura en la masa de la sociedad, impregnándola con los valores del Evangelio.

Y, aunque corren el peligro de sentirse inútiles en ambientes que exaltan la productividad y la rentabilidad economicista, su presencia debe mostrar que el valor económico no es el único ni el más importante. Se ha de valorar al ser humano, por encima de los valores ficticios que la sociedad moderna impone cada vez más: la eficacia, la productividad, la economía. El hombre y la mujer valen más por lo que son que por lo que hacen. La vida es en sí misma un gran valor en cualquiera de sus etapas, y la tercera edad, un supremo regalo. La serenidad del mayor otorga al mundo vida y salud, concebida ésta como armonía física, mental, social y espiritual.

Los mayores pueden aportar a la vida esta sensatez de corazón. La vida tiene su gramática que hay que aprender. Por ella y con ella, distinguimos lo sustantivo de lo adjetivo, lo esencial de lo accidental y aprendemos a conjugar los verbos de la vida. Es necesario ese corazón sensato para hombres y mujeres en la familia, en la sociedad y en la Iglesia. La sensatez es imprescindible para quien quiere alcanzar la calidad de la persona y para quien es guía humano y espiritual de los hijos, de los educandos, de los fieles.

Meditación sapiencial del salmo 89

El salmo 89 de la Biblia nos ofrece una excelente meditación sapiencial sobre la tercera edad: “Señor, tú has sido nuestro refugio / de generación en generación./[…] Enséñanos a calcular nuestros años, / para que adquiramos un corazón sensato./ […]Por la mañana sácianos de tu misericordia, / y toda nuestra vida será alegría y júbilo./ Que tus siervos vean tu acción / y tus hijos tu gloria”.

El autor del salmo pide a Dios un corazón sensato. El salmista pide una armonía, que es más que yuxtaposición y una síntesis, entre corazón y sentimiento, entre campo intelectual y campo afectivo. Es posible alcanzar esta armonía si se vive enraizado en las profundidades de lo real y lo verdadero, si se anda en verdad sobre sí mismo, sobre la vida, sobre el presente y sobre el futuro, sobre el bien y la razón. En definitiva, si se vive enraizado en las profundidades de Dios, fuente de la vida, de la verdad, del bien y de la belleza. Los mayores, con el paso de los años, pueden alcanzar una mayor madurez como inteligencia, como equilibrio y sabiduría.

Los mayores deben lograr la visión recapituladota de la vida, el realismo mayor, la capacidad de relativizar los problemas, la aceptación serena de una existencia entera con el contrapunto de sus luces y sus sombras, la esperanza que no se apaga a pesar de los inconvenientes, el silencio discreto y la paciencia callada, la actitud humilde y agradecida al recibir atenciones y cuidados.

Desde esta carta pastoral agradezco la labor que realiza el Movimiento Ascendente en nuestra Diócesis de Zaragoza, especialmente a su presidente, consiliario y equipo dirigente. Animo a las personas mayores a que se incorporen en este movimiento eclesial.

Con mi afecto y bendición,

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