El latido del Corazón de Cristo en el corazón de la Iglesia (Vida y espiritualidad eclesial)

escudo_francisco_cerro

Carta Pastoral de
Mons. D. FRANCISCO CERRO CHAVES
Obispo de Coria-Cáceres

Cuaresma, Semana Santa y Pascua
2017

DE ENTRADA

A todos los sacerdotes, para que vivan lo que dice el Común de Pastores: este es el pastor bueno, el que ora mucho por su pueblo.

A los diáconos, vida consagrada y laicos, para que vivan la Liturgia, vida de la Iglesia para el mundo.

En estos momentos en que todo el Pueblo de Dios que camina en Coria-Cáceres marcha hacia la culminación del XIV Sínodo Diocesano, quiero compartir con todos vosotros lo que siempre ha alimentado mi vida cristiana, sacerdotal y episcopal y que vivo con el convencimiento de que es de dónde se debe nutrir esencialmente la vida espiritual. Esto es esencial en el seguimiento de Cristo: orar con la Iglesia, con su Liturgia.

El latido del Corazón de Cristo en el Corazón de la Iglesia es la Liturgia. A lo largo de todo el año litúrgico, la Iglesia celebra los misterios de la vida de Cristo, muerto y resucitado, culminando en la Pascua, celebrada diariamente en la Eucaristía, cada semana, el domingo, en el Día del Señor y cada año en el Triduo Pascual, que se inicia con la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo y se culmina en la Vigilia Pascual.

La centralidad de la vida cristiana es la Eucaristía. Se prepara y vive en la Liturgia de las Horas. Tiene sus momentos más importantes en los Laudes, que nos ayudan a santificar la mañana, celebrando la resurrección de Cristo, y en las Vísperas, que coinciden con el momento en que Jesús entra en el cenáculo y santifica nuestra vida, por amor, al atardecer. Las Completas convierten “nuestro sueño en una humilde alabanza” [1] y nos identifica con Jesús que reposó tres días en el sepulcro.

El Vaticano II habló claro. “El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, Sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia, con una maravillosa variedad de formas” [2].

La Liturgia es la vida y espiritualidad de la Iglesia, aunque no agota toda la espiritualidad de la Iglesia. También la religiosidad popular ayuda a muchos hombres y mujeres a unirse al Señor de la vida.

La Iglesia debe vivir de la centralidad de la Eucaristía y de la Liturgia de las Horas, que nos hace salir de nuestra subjetividad para orar con los textos que reza toda la Iglesia.

“La Liturgia de las Horas se desarrolló poco a poco hasta convertirse en oración de la Iglesia local, de modo que, en tiempos y lugares establecidos, y bajo la presencia del sacerdote, vino a ser como un complemento necesario del acto perfecto de culto divino que es el sacrificio eucarístico, el cual se extiende así y se difunde a todos los momentos de la vida de los hombres” [3].

Cuando rezo la Liturgia de las Horas, los Laudes, el Oficio de Lectura, la Hora Intermedia, las Vísperas, las Completas, me ayuda mucho saber que mi oración es siempre personal y también comunitaria, de toda la Iglesia. Rezo por los que no pueden, no saben o no quieren rezar. Soy voz de los que no tienen voz. Me siento hermano y solidario de toda la humanidad. Es la mejor oración que existe, porque es oración de Cristo al Padre, que ahora la realiza a través de nosotros, su Iglesia, Cuerpo de Cristo, Pueblo de Dios.

“Es verdaderamente deseable que la Liturgia de las Horas penetre, anime y oriente profundamente toda la oración cristiana, se convierta en su expresión y alimente con eficacia la vida espiritual del Pueblo de Dios.

Por eso confiamos mucho en que se despierte la conciencia de aquella oración que debe realizarse ‘sin interrupción’4 , tal como nuestro Señor Jesucristo ha ordenado a su Iglesia. De hecho, el libro de la Liturgia de las Horas, dividido por tiempos apropiados, está destinado a sostenerla continuamente y ayudarla. La misma celebración, especialmente cuando una comunidad se reúne por este motivo, manifiesta la verdadera naturaleza de la Iglesia en oración, y aparece como su señal maravillosa.

La oración cristiana es, ante todo, oración de toda la familia humana, que en Cristo se asocia5 . En esta plegaria participa cada uno, pero es propia de todo el cuerpo; por ello expresa la voz de la amada Esposa de Cristo, los deseos y votos de todo el pueblo cristiano, las súplicas y peticiones por las necesidades de todos los hombres.

Esta oración recibe su unidad del Corazón de Cristo. Él quiso ‘que la vida iniciada en el cuerpo mortal, con sus oraciones y su sacrificio, continuase durante los siglos en su cuerpo místico, que es la Iglesia’ [6]; de donde se sigue que la oración de la Iglesia es ‘oración que Cristo, unido a su cuerpo, eleva al Padre’ [7]. Es necesario, pues, que, mientras celebramos el Oficio, reconozcamos en Cristo nuestras propias voces y reconozcamos también su voz en nosotros” [8].

LA EUCARISTÍA, CENTRO Y CULMEN DE LA VIDA CRISTIANA

La Iglesia se edifica sobre la Eucaristía y la Eucaristía hace que la Iglesia esté viva, pues es Cristo alentando a todo el Pueblo de Dios a la esperanza, al servicio de los más empobrecidos.

Decía san Manuel González que cuando visitaba una parroquia veía su vitalidad por la centralidad de la Eucaristía, por dónde se ponía el Corazón Eucarístico de Jesús.

Donde no se palpaba la centralidad de la vida eucarística, celebrada, comulgada y adorada, no había vida. ¡Es una gran verdad que debemos todos encarnar en nuestra vida cristiana!

La Eucaristía, nos recuerda el Papa Francisco, es Jesús mismo que se dona totalmente a nosotros. Nutrirnos de Él y vivir en Él mediante la Comunión eucarística, si lo hacemos con fe, transforma nuestra vida, la transforma en un don a Dios y en un don a los hermanos.

Nutrirnos de aquel Pan de Vida significa entrar en sintonía con el Corazón de Cristo, asimilar sus elecciones, sus pensamientos, sus comportamientos. Significa entrar en un dinamismo de amor y convertirnos en personas de paz, personas de perdón, de reconciliación, de compartir solidario. Lo mismo que Jesús ha hecho [9].

Cuando se reúnen los Superiores Generales de todos los Institutos de Vida Consagrada, llegan a la misma conclusión, donde se vive, se celebra y se adora la Eucaristía, florecen las vocaciones. Donde se dejó la centralidad de la vida eucarística, languidece la vida cristiana y la vitalidad es bastante escasa.

El Papa Francisco nos dice que “no es útil dispersarse en muchas cosas secundarias o superfluas, sino concentrarse en la realidad fundamental, que es el encuentro con Cristo, con su misericordia, con su amor, y en amar a los hermanos como Él nos amó. Un encuentro con Cristo que es también adoración… [10]

Animo a todos los párrocos, sacerdotes, comunidades religiosas, cofradías… a que, fruto del Sínodo, vuelvan a potenciar y descubrir que la Eucaristía es Cristo vivo y es “por Él, con Él y en Él” donde nuestra vida se transforma y florece. Volver a que todo el Pueblo de Dios, viva esta centralidad, es volver a una fecundidad que ahora no tenemos.

¿No se podría celebrar diariamente en todas las parroquias Laudes y/o Vísperas como oración de todo el Pueblo de Dios?

LA LITURGIA DE LAS HORAS

Cuando descubrí y caí en la cuenta de lo que la Iglesia ponía en mis manos con la Liturgia de las Horas, descubrí un tesoro, que como muchas veces nos pasa, por el envoltorio, no sabemos apreciarlo y no sabemos la gracia tan inmensa que supone el vivir todos los días la Liturgia de las Horas.

La Iglesia nos ha encomendado que lo recemos a los Obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y laicos. No es una oración clerical. Nace precisamente en el Pueblo de Dios, en el entorno de la parroquia y luego salta a los monasterios y la Iglesia la hace suya, como la oración más completa que tiene.

Así nos lo recuerda Pablo VI en la Constitución Apostólica Laudis canticum: “toda vez que el Oficio es oración de todo el Pueblo de Dios, ha sido dispuesto y preparado de suerte que puedan participar en él no solamente los clérigos, sino también los religiosos y los mismos laicos. Introduciendo diversas formas de celebración, se ha querido dar una respuesta a las exigencias específicas de personas de diverso orden y condición: la oración puede adaptarse a las diversas comunidades que celebran la Liturgia de las Horas, de acuerdo con su condición y vocación” [11].

Detrás de esta oración litúrgica está la vida de Jesús que oraba al amanecer, al atardecer, en la noche y que interrumpía el trabajo para orar y unirse al Padre.

También está la vida de la Iglesia que recogida en los primeros momentos de su caminar, reza a la hora tercia, sexta y nona, recordando la vida de Jesús y su propia vida que se hace oración y entrega, para unirse a la oración de Cristo al Padre y que ahora ora con nosotros al Padre.

“La Liturgia de las Horas es santificación de la jornada; por tanto, el orden de la oración ha sido renovado de suerte que las Horas canónicas puedan adaptarse más fácilmente a las diversas horas del día, teniendo en cuenta las condiciones en las que se desarrolla la vida humana de nuestra época. Por eso ha sido suprimida la Hora de Prima. A los Laudes y a las Vísperas, como partes fundamentales de todo el Oficio, se les ha dado la máxima importancia, ya que son, por su propia índole, la verdadera oración de la mañana y de la tarde. El Oficio de Lectura, si bien conserva su nota característica de oración nocturna para aquellos que celebran las vigilias, puede adaptarse a cualquier hora del día” [12].

Jalonando así nuestro día, la Liturgia de las Horas nos ayuda a profundizar en nuestra oración personal. “Puesto que la vida de Cristo en su Cuerpo Místico perfecciona y eleva también la vida propia o personal de todo fiel, debe rechazarse cualquier oposición entre la oración de la Iglesia y la oración personal; e incluso deben ser reforzadas e incrementadas sus mutuas relaciones. La meditación debe encontrar un alimento continuo en las lecturas, en los salmos y en las demás partes de la Liturgia de las Horas. El mismo rezo del Oficio debe adaptarse, en la medida de lo posible, a las necesidades de una oración viva y personal, por el hecho, previsto en la Ordenación general, que deben escogerse tiempos, modos y formas de celebración que responden mejor a las situaciones espirituales de los que oran. Cuando la oración del Oficio se convierte en verdadera oración personal, entonces se manifiestan mejor los lazos que unen entre sí a la Liturgia y a toda la vida cristiana. La vida entera de los fieles, durante cada una de las horas del día y de la noche, constituye como una leitourgia, mediante la cual ellos se ofrecen en servicio de amor a Dios y a los hombres, adhiriéndose a la acción de Cristo, que con su vida entre nosotros y el ofrecimiento de sí mismo ha santificado la vida de todos los hombres.

La Liturgia de las Horas expresa con claridad y confirma con eficacia esta profunda verdad inherente a la vida cristiana. Por eso, el rezo de las Horas es propuesto a todos los fieles, incluso a aquellos que legalmente no están obligados a él.

Aquellos, sin embargo, que han recibido de la Iglesia el mandato de celebrar la Liturgia de las Horas deben seguir todos los días escrupulosamente el curso de la plegaria haciéndolo coincidir, en la medida de lo posible, con el tiempo verdadero de cada una de las horas; den la debida importancia, en primer lugar, a las Laudes de la mañana y a las Vísperas.

Al celebrar el Oficio Divino, aquellos que por el orden sagrado recibido están destinados a ser de forma particular la señal de Cristo sacerdote, y aquellos que con los votos de la profesión religiosa se han consagrado al servicio de Dios y de la Iglesia de manera especial, no se sientan obligados únicamente por una ley a observar, sino, más bien, por la reconocida e intrínseca importancia de la oración y de su utilidad pastoral y ascética. Es muy deseable que la oración pública de la Iglesia brote de una general renovación espiritual y de la comprobada necesidad intrínseca de todo el cuerpo de la Iglesia, la cual, a semejanza de su cabeza, no puede ser presentada sino como Iglesia en oración” [13].

1. Laudes

La mañana celebra tu Resurrección
y se alegra con claridad de Pascua [14]

El israelita piadoso rezaba al amanecer y centraba las alabanzas al Creador que hace maravillas. Los salmos están llenos de estas alabanzas: “Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra” [15].

Ahora, el nuevo Pueblo de Dios, que es la Iglesia “madruga por Ti” [16] y celebra con los Laudes la resurrección de Cristo, la maravilla de las maravillas del Padre. La mañana se alegra y celebra tu resurrección y, desde la mañana de Pascua, la creación vuelve a su estado virginal, inocente “y vio Dios que todo era muy bueno” [17].

La oración de Laudes nos une a todos los cristianos en el Corazón de Cristo, en la Trinidad y, como ola de amor, nos lanza, ya desde la mañana, a la evangelización con nuestra vida, sacándonos de nuestra subjetividad, de nuestro estado de ánimo, para vivir mi relación personal y comunitaria unido a toda la Iglesia y a toda la humanidad.

La estructura de Laudes es sencilla. Primero el invitatorio y después, un himno tomado de la literatura más bella y profunda de la tierra de cada país [18]. Nosotros rezamos con textos de Santa Teresa de Jesús, Lope de Vega, Marín Descalzo…

Después viene un salmo, un cántico del Antiguo Testamento que canta las hazañas del Pueblo de Dios y concluye con otro salmo.

A continuación un texto breve tomado del Antiguo o del Nuevo Testamento, nunca del Evangelio, proclamado por la Iglesia en la Eucaristía.

“El tesoro de la Palabra de Dios entra más abundantemente en la nueva ordenación de las lecturas de la Sagrada Escritura, ordenación que se ha dispuesto de manera que se corresponda con la de las lecturas de la Misa. Las perícopas presentan en su conjunto una cierta unidad temática, y han sido seleccionadas de modo que reproduzcan, a lo largo del año, los momentos culminantes de la historia de la Salvación” [19].

Después del responsorio breve, se hacen las preces, que estas de Laudes siempre tienen como intención santificar el día que comienza a los pies del Señor, “con las cuales se quiere consagrar la jornada y el comienzo del trabajo cotidiano” [20].

En Laudes se reza el Benedictus, el primer canto evangélico, el canto de Zacarías, padre de Juan Bautista, que siempre se reza en Laudes y que se resume en “que nos ha visitado (Cristo) el Sol que nace de lo alto” [21].

La Iglesia recupera, con la reforma de la Liturgia de las Horas, el rezar solemnemente tres veces al día el Padrenuestro: en Laudes, Vísperas y en la Eucaristía. Se une a la más pura tradición de la Iglesia que desde siempre rezó con esta solemnidad el Padre Nuestro tres veces al día [22].

Se concluye con la oración final y bendición si preside un Obispo, sacerdote o diácono. La oración final casi siempre es la oración colecta del misal que nos une a la Eucaristía diaria. La Liturgia de las Horas, o nos prepara o nos prolonga la centralidad de la Eucaristía.

Animo, sé que se hace en nuestra Diócesis, a rezar los Laudes en la mañana como expresión y alimento de la oración del Pueblo  de Dios. También a que incorporemos todos, en los encuentros diocesanos, la oración de Laudes como momento orante de todo el Pueblo de Dios, de toda la comunidad.

2. Hora intermedia (tercia, sexta y nona)

Señor de los minutos, intensa compañía.
Gracias por los instantes que lo eterno nos hilan.
Gracias por esta pausa contigo en la fatiga. [23]

Son horas llamadas menores, pero que ayudan mucho cuando se interrumpe el trabajo de media mañana y experimentamos que en unos minutos podemos unirnos con Dios, el sentido pleno de nuestra vida y de nuestro trabajo.

Detrás de la Hora intermedia está la vida de Jesús, que subió al Calvario a la hora tercia, diez de la mañana, que gritó crucificado en la cruz “tengo sed” [24], a las doce del mediodía y que murió en la cruz a las tres de la tarde, a la hora nona. También está la vida de la Iglesia que en los primeros tiempos subirá al Templo a estas tres horas para unirse a la alabanza en el momento en que se sacrificaban los corderos en el Templo.

Precisamente es San Marcos el que sitúa la muerte de Cristo con la liturgia del Templo del sacrificio de los corderos. La Iglesia, con esta Hora Intermedia y poniendo en nuestras manos este tesoro de oración, nos recuerda que hemos de trabajar para vivir, pero no vivir solo para trabajar.

Esta Hora Intermedia es un buen momento para nuestra vida personal y comunitaria de afinar la búsqueda del Absoluto que es Dios y que a lo largo del día, a veces se nos olvida y no somos capaces de encontrar en el día la presencia de Dios y la vuelta al Hogar de su Corazón.

“La Hora Intermedia se ha dispuesto de suerte que quien escoge una sola de las horas (tercia, sexta y nona) pueda adaptarla al momento del día en el que se celebra y no omita parte alguna del Salterio distribuido en las diversas semanas” [25].

3. Vísperas (la ofrenda de la tarde)

Hora de la tarde, fin de las labores,
Amo de las viñas, paga los trabajos de tus viñadores. [26]

Cuando volvemos a casa después del trabajo, la oración de vísperas, ofrenda de la tarde, nos hace volver a la intimidad del cenáculo y a seguir rezando por una humanidad que necesita la esperanza del Señor.

Como regresa la alondra al hogar, dice un himno, nosotros volvemos al Corazón del Señor, a descansar en “quien sabemos que nos ama” con locura.

La estructura de las Vísperas es sencilla: después del saludo inicial, un himno poético a esta hora de la tarde, dos salmos y un cántico del Nuevo Testamento.

Después de la lectura breve y el responsorio, un silencio meditativo antes de rezar el segundo cántico evangélico, el Magníficat, el cantico de María que nos recuerda todos los días que “el Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes” [27].

Con las preces, que tienen como objetivo llevar en el corazón las grandes necesidades de la Iglesia y de nuestros hermanos, “se hace una oración de súplica, estructurada como la oración universal” [28].

Con el Padre Nuestro y la oración final, que es la misma que la oración colecta, volvemos a sintonizar con la Eucaristía [29], central cada día en nuestra vida de creyentes.

Las Vísperas, personal y comunitariamente rezadas, son un respiro para volver a situarnos con Jesús, que se retiraba cuando caía la tarde, en el monte, a contemplar el mar y unirse a su Padre.

4. Oficio de Lectura (la Lectio Divina)

Escuchemos la voz del Señor
para que entremos en su descanso. [30]

Es verdad que, desde la reforma de la Liturgia de las Horas, en el Oficio de Lectura se ha subrayado la Lectio Divina y no tanto el que se haga en la noche. Se puede adecuar al mejor momento del día, aunque sigue siendo la noche el lugar de la intimidad con el Señor, el momento de las grandes maravillas que se realizan en la noche, desde la Creación, el Éxodo, la Navidad y la Pascua. Nos lanza con el poeta Luís Rosales a orar en la noche: “de noche iremos, de noche, sin luna iremos sin luna que, para encontrar la fuente, sólo la sed nos alumbra”.

El Oficio de Lectura tiene una estructura de Lectio Divina. Se reza después del invitatorio, si es la primera oración de la mañana, un himno y tres salmos seguidos. Los salmos fueron la oración de Jesús y su alimento y oración en los momentos clave de su vida.

Después viene la lectura bíblica, la Lectio Divina. Aquí no es un texto breve, sino un texto del Antiguo Testamento largo. Con la segunda lectura es iluminado el texto bíblico por la Tradición con mayúsculas de la Iglesia, los Santos Padres, el Magisterio de la Iglesia, los santos maestros.

“La lectura cotidiana de las obras de los santos Padres y de los escritores eclesiásticos, dispuesta según los decretos del Concilio ecuménico, presenta los mejores escritos de los autores cristianos, en particular de los Padres de la Iglesia” [31]

Es la lectio divina oficial de la Iglesia, que se puede aprovechar para dejar un rato largo de oración personal y meditar con el Evangelio que día a día en la Eucaristía nos proporciona el Año Litúrgico.

La Lectio Divina tan recomendada por la Iglesia, muy subrayada por los últimos Papas Juan Pablo II, Benedicto XVI y el Papa Francisco, que incluso recomienda a las parroquias un domingo al Año dedicado a subrayar y profundizar en la Palabra de Dios, en la Lectio Divina. Animo a los Arciprestazgos a que en cada parroquia instituyan el Domingo de la Palabra de Dios.

Sería hermoso que en nuestra Diócesis, además de organizarlo desde los Arciprestazgos, en cada parroquia este día de la Palabra de Dios se aproveche para enseñar a la gente la Lectio Divina.

El Oficio de Lectura es la manera más eficaz y sencilla de introducirnos todos en la Lectio Divina. Además lo que día a día, como pan recién salido del horno, pone en nuestras manos la Iglesia. Mi experiencia larga y rica de trato con muchas personas, sobre todo jóvenes, me dice lo que ayuda a la gente el que los introduzcan en la Liturgia de las Horas, en la Lectio Divina, a la cual he dedicado dos cartas pastorales, puede ser un tesoro que cambie su vida, su espiritualidad y nos lanza desde el trampolín que es la santidad.

5. Completas

Antes de cerrar los ojos, los labios y el corazón,
al final de la jornada, ¡buenas noches!, Padre Dios. [32]

Es una oración que me encanta porque es la oración de la humildad, como decimos en un himno de esta liturgia final, como dicen los monjes: “las Completas cuando te quites las calcetas”. Me impresiona orar con el himno que me recuerda mi actitud agradecida al Señor por todo lo que me ha regalado a lo largo del día y por su empeño de “convertir nuestro sueño en una humilde alabanza” [33].

Esta oración es muy breve. Comienza con un examen de conciencia que se recomienda hacer al terminar el día, como un ejercicio de transformar nuestra vida, para vivirla con los sentimientos del Corazón de Cristo. Después viene un himno que siempre subraya el agradecimiento: “Gracias porque al fin del día podemos agradecerte…” [34], con uno o dos salmos, un texto breve, el responsorio y el tercer y último cántico evangélico de la Liturgia de las Horas, el Nunc Dimittis [35], el cántico de Simeón: “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel”.

Terminamos con la oración final y el rezo de una oración mariana. La salve rezada en estos momentos nos une a todos los monasterios de oriente y occidente, a toda la vida consagrada, a todos los cristianos que miran a María en la noche y se encomiendan a Ella en “este valle de lágrimas”. Es el momento del descanso, de terminar bien el día, del “silencio mayor” que decía en los Monasterios a la espera del Esposo que vendrá en la noche.

Francisco Cerro Chaves
Obispo de Coria-Cáceres


[1] Himno de Completas del Domingo.

[2] PABLO VI, Constitución Apostólica Laudis canticum, con la que se promulga el Oficio Divino reformado por mandato del Concilio Ecuménico Vaticano II.

[3] PABLO VI, Constitución Apostólica Laudis canticum.

[4] Cf. Lc 18, 1; 21, 36; 1T 5, 17; Ef 6, 18.

[5] Cf. CONCILIO VATICANO II, Consitución Sacrosanctum Concilium, sobre la Sagrada Liturgia, n. 83.

[6] PÍO XII, encíclica Mediator Dei, 20 noviembre de 1947, n. 2: AAS 39 (1947), p. 522.

[7] Cf. CONCILIO VATICANO II, Consitución Sacrosanctum Concilium, sobre la Sagrada Liturgia, n. 84.

[8] PABLO VI, Constitución Apostólica Laudis canticum, 8.

[9] PAPA FRANCISCO, Rezo del Ángelus. Vaticano, 16 de agosto de 2015.

[10] PAPA FRANCISCO, Discurso al Consejo Pontificio para la promoción de la Nueva Evangelización. 14 de octubre de 2013.

[11] PABLO VI, Constitución Apostólica Laudis canticum, 1.

[12] PABLO VI, Constitución Apostólica Laudis canticum, 2.

[13] PABLO VI, Constitución Apostólica Laudis canticum, 8.

[14] Himno de Laudes. Domingo III semana del Salterio.

[15] Salmo 8. 16 Cf. Salmo 62.

[17] Cf. Gn 1, 10.

[18] Los himnos no son salmos. Ambos son poesía y poesía para cantar, pero la diferencia entre unos y otros radica, sobre todo, en que los himnos no son textos inspirados, sino productos del ingenio humano. El himno es una expresión poética de alabanza. Los himnos traducen líricamente la admiración por la obra redentora de Cristo, confiesan la fe en Él, la adhesión a Él, y narran con imágenes poéticas la historia o los valores de un mártir o de un determinado ciclo del año litúrgico. (FÉLIX MARÍA AROCENA. El Himnario del Oficio hispano. Scripta Theologica. Vol. 44. Año 2012. Pag. 12).

[19] PABLO VI, Constitución Apostólica Laudis canticum, 5.

[20] PABLO VI, Constitución Apostólica Laudis canticum, 8.

[21] Lc 1, 68-79.

[22] Cf PABLO VI, Constitución Apostólica Laudis canticum, 8.

[23] Himno de Hora Intermedia. Jueves I semana del Salterio.

[24] Jn 19, 28.

[25] PABLO VI, Constitución Apostólica Laudis canticum, 2.

[26] Himno de Vísperas. Lunes I semana del Salterio.

[27] Lc 1, 46-55.

[28] PABLO VI, Constitución Apostólica Laudis canticum, 8.

[29] La celebración eucarística halla una preparación magnífica en la Liturgia de las Horas, ya que ésta suscita y acrecienta muy bien las disposiciones que son necesarias para celebrar la Eucaristía, como la fe, la esperanza, la caridad, la devoción y el espíritu de abnegación. Ordenación General de la Liturgia de las Horas, n. 12.

[30] Antífona del Oficio de Lectura. Sábado II semana del Salterio.

[31] PABLO VI, Constitución Apostólica Laudis canticum, 6.

[32] Himno de Completas del viernes.

[33] Himno I de Completas, después de las II Vísperas del Domingo y de las Solemnidades.

[34] Himno I de Completas, después de las II Vísperas del Domingo y de las Solemnidades.

[35] Lc 2, 29-32.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s