Ordenación episcopal y toma de posesión de la diócesis de Osma-Soria

Alocución de
Mons. D. ABILIO MARTÍNEZ VAREA
Obispo de Osma-Soria

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S.I. Catedral de Santa María de la Asunción, Burgo de Osma
Sábado 11 de marzo de 2017

Vaya en primer lugar mi saludo afectuoso al Sr. Nuncio Renzo Fratini que en su persona hace presente el vínculo de unidad entre la Sede Apostólica y las iglesias particulares. A los Señores Cardenales, Arzobispos y Obispos; al Obispo electo de Plasencia; al Secretario General de la Conferencia Episcopal Española, así como a los Superiores de los Monasterios de Santa María de Huerta, de Santo Domingo de Silos, de La Vid y de Valvanera.

Como no podía ser menos, un saludo muy particular para el señor Arzobispo de Burgos, principal obispo ordenante, y al señor Arzobispo de Barcelona de quien he sido colaborador durante tantos años, y al señor Obispo de mi –hasta ayer– querida diócesis de Calahorra, al que he podido ayudar modestamente en estos meses de episcopado en La Rioja. Gracias, también, por participar de mi ordenación episcopal. Como no podía ser de otra manera, mi recuerdo afectuoso a mi inmediato predecesor, Don Gerardo Melgar.

Saludo a las autoridades nacionales, autonómicas y locales, tanto de Castilla y León como de La Rioja, así como a los representantes de las instituciones políticas, judiciales, académicas y militares, que nos honráis con vuestra presencia.

Cierro este capítulo entrañable de saludos con la persona de Don Gabriel Ángel Rodríguez, Administrador diocesano en Sede vacante, así como con el Colegio de Consultores. Habéis sacado adelante la función de Gobierno, y lo habéis hecho muy bien: tengo constancia de ello.

Finalmente, saludo en el nombre del Señor a todo el Pueblo de Dios que peregrina en esta parcela de la Iglesia, y que se hace aquí presente a través de todos los miembros de Vida Consagrada, hombre y mujeres. A los seminaristas, futuro en el que se apoya la Iglesia. A todos los matrimonios que, unidos en el amor, generan y cuidan la vida. No quiero olvidar a los jóvenes, a los pobres y necesitados, objetivo fundamental y básico de toda actividad pastoral.

He venido a una diócesis en marcha, con un camino recorrido impresionante a la que me sumo como Pastor. Valoro como no puede ser de otro modo el Sínodo Diocesano celebrado allá por la mitad de los años noventa y que preparó a la diócesis para el salto evangelizador del Tercer Milenio; una misión diocesana, ambiciosa y atrevida con el objetivo de “Despertar la fe”, reavivar las brasas de las raíces profundas de fe que tiene esta Diócesis y una organización territorial en Unidades de Atención Pastoral.

Esta estupenda realidad es para mí muy importante: no se limita a plasmar una mera organización territorial, o a dibujar un mapa nuevo de las parroquias. La pretensión es mucho más ambiciosa y estimuladora: trabajar en comunión, en corresponsabilidad. Vivir con alegría la presencia del Espíritu Santo que sopla sobre todos los miembros de la Iglesia suscitando una diversidad de dones y carismas que puestos todos en juego no rivalizan entre ellos, sino que en comunión anuncian que Jesucristo es ayer, hoy y siempre Buena Noticia para el mundo.

No pretendo hoy ni ahora hacer una propuesta de retos y líneas de acción de trabajo para la Diócesis cara a los próximos años.

Lo iremos haciendo entre todos. Si tuviese que resumir mi propósito de actuación lo haría diciendo: Quiero ser un Pastor según el corazón de Jesucristo. O, dicho de otro modo, yo querría hacer vida propia de las palabras de san Agustín en su conocido Sermón n. 46 sobre “Los pastores”. Dice así: “Apacentar a Cristo, apacentar para Cristo, apacentar en Cristo, significa no querer apacentarse a sí mismo, sino a Cristo solamente (…) Que todos los pastores, pues, formen parte del único Pastor; al oír esta voz las ovejas seguirán no a éste o a aquel, sino a su único Pastor. Que todos los pastores hagan, pues, resonar en él una única voz…”, la voz del Buen Pastor.

Concluyo mi reflexión con lo que los documentos eclesiales de mayor enjundia piden al ministerio pastoral de los obispos, desde el Decreto Conciliar “Christus Dominus” hasta el Directorio para el ministerio pastoral de los obispos, titulado precisamente “Sucesores de los apóstoles”, que es lo que realmente son. Y me van a permitir que el resumen del ser y de la misión de un obispo lo haga echando mano de un acróstico (recordando mis muchos años de trabajo con los maestros riojanos), que desentrañe la misma palabra de PASTOR.

1.- Padre de todos, sin hacer distinciones por ningún motivo. Todos somos iguales ante Dios; en todo caso, quiero estar más cerca de aquellos que más necesidades tienen. No solo los materiales, sino las espirituales del corazón: soledad, tristeza, abandono, pesadumbre…

2.- Apóstol del Evangelio de Jesús, convencido de que Jesucristo y su mensaje son la Buena Noticia, la Mejor Noticia, para el mundo. Haciendo una propuesta que abraque los tres ámbitos que el Papa Francisco señala en la Exhortación Apostólica “Evangelli Gaudium”: a aquellos que están en el corazón de la Iglesia, a los que estando en la Iglesia han abandonado la fe, intelectual o prácticamente, y a aquellos que no creen en Jesucristo (Cfr. EG 14).

3.- Sencillo, cercano a todos, consciente de mis propias debilidades y que como todo cristiano debo preocuparme por mi propia salvación. Con San Agustín comparto que el episcopado es “honor et onus”, es decir, una muestra de la confianza que la Iglesia ha depositado en mí, pero también un peso. Ser consciente de la propia debilidad me ha de llevar a estar abierto al diálogo con los demás, a pedir consejo y a estar dispuesto siempre a aprender (Cfr. AS n.42).

4.- Testigo de la fe en el Resucitado: En Evangelii nuntiandi, (n.41) el Beato Pablo VI observa que “el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los testigos que a los maestros o si escucha a los maestros es porque son testigos”. Y testigos de un Dios que ha vencido a la muerte, al mal, un Dios Victorioso.

Un testigo “es quien ha seguido a Jesús desde el inicio y es constituido con los Apóstoles testigo de su Resurrección. También para nosotros éste es el criterio unificador: el Obispo es aquel que sabe hacer actual todo lo que ha sucedido a Jesús y, sobre todo, sabe, junto a la Iglesia, hacerse testigo de su Resurrección” (Papa Francisco discurso a los Obispos 02/2014).

5.- Orante ante los acontecimientos de la vida. La experiencia me dice que la fecundidad espiritual está en proporción directa con la vida de unión con Dios. La oración es, para todo cristiano y para el Obispo, la fuente que mana el agua necesaria para regar la actividad pastoral. La vida sacramental es intrínsecamente necesaria para ser testigo de la fe ante las dificultades de la vida diaria. Jesús llamó a los Doce “para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar (Mc 3,14). Sin raíces el árbol de la evangelización se seca y muere.

6.- Rico en misericordia: Nada mejor que unas palabras del Papa Francisco para describir qué significa ser rico en misericordia. Las tomo justamente de un discurso que hizo a un grupo de nuevos Obispos recién y que dice así: “Los Obispos tienen la misión de ofrecer pastoralmente la misericordia. Es una misión no tan fácil, es importante hacerla accesible, tangible y presente en las iglesias particulares a ustedes confiadas, de tal modo que sean casas donde esté presente la santidad, la verdad y el amor (…). El mundo está cansado de seductores mentirosos. Y me permito decir: de sacerdotes a la moda o de Obispos a la moda. La gente se da cuenta – el pueblo de Dios tiene la percepción de Dios – la gente se da cuenta y se aleja cuando reconoce a los narcisistas, los manipuladores, los defensores de sus propias causas, los promotores de banales cruzadas” (Papa Francisco 16/09/2016)

Acabo mostrando mi más sincero agradecimiento a mi familia, a las parroquias de Autol, Aldeanueva de Ebro, San Pío X de Logroño, a todos los que venís de La Rioja y, por supuesto, a los sorianos que habéis venido de diferentes lugares para acompañarme. Y, sobre todo, y de todo corazón, doy gracias al Santo Padre el Papa Francisco que ha tenido a bien designarme como Obispo de esta Diócesis de Osma-Soria. Con la gracia de Dios y con la ayuda de María, Nuestra Madre, con el auxilio de los santos, especialmente de los Santos Pedro de Osma, Domingo de Guzmán y Saturio, y con la ayuda de todos vosotros, iremos al paso y al ritmo que Dios desea.

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