Santa Misa con el Rito de la Ordenación episcopal de D. Abilio Martínez Varea

Homilía de
Mons. D. FIDEL HERRÁEZ VEGAS
Arzobispo metropolitano de Burgos

14_l

S.I. Catedral de Santa María de la Asunción, Burgo de Osma
Sábado 11 de marzo de 2017

ORDENACIÓN EPISCOPAL Y TOMA DE POSESIÓN
de Mons. ABILIO MARTÍNEZ VAREA

HOMILIA

Textos: Dt 26, 16-19; 1Tes 5, 12-24; Mt 5, 43-48

1. «Doy continuamente gracias a Dios porque es fiel y porque nos ha llamado a vivir en comunión con Jesucristo, su Hijo y Señor nuestro» (cf. 1Cor 1,9).

Estas palabras de San Pablo resuenan también hoy en nuestros corazones como un himno de alabanza y de gratitud, porque estamos reunidos como Iglesia en comunión para compartir, celebrar y testimoniar la fidelidad de Dios con su pueblo, al elegir y consagrar a nuestro hermano Abilio como Obispo de esta porción del Pueblo de Dios que camina en Osma-Soria.

San Pablo vivió profundamente la fidelidad de Dios, que había descubierto en la historia de Israel y que se manifestó en su propia vida: siendo perseguidor de la Iglesia naciente, Dios le hizo experimentar la comunión con el Resucitado, que le transformó en apóstol, consagrado enteramente a la proclamación del Evangelio. Desde esa vivencia radical escribió: El que llama es fiel (1Tes 5, 24), una confesión de fe que tú has elegido, querido Abilio, como lema, es decir, como clave y orientación, para el ministerio que comienzas en la Iglesia de Osma-Soria que hoy te acoge llena de júbilo y esperanza.

El gozo y las dificultades del Evangelio permitieron descubrir a San Pablo que, en medio de sus debilidades, tenía su fuerza en el Señor (Fil 4,13; 2Cor 12,10) hasta poder decir, “es Cristo quien vive en mí” (Gal 2,20). Esa ha sido y será tu experiencia también. La fidelidad de Dios ha sostenido y acompañado tu existencia en tus múltiples tareas al servicio de la Iglesia de Logroño, Iglesia con relaciones muy cercanas en el pasado con esta de Osma-Soria. Él ha dirigido tu vida hasta aquí con su providencia amorosa; y Él te asegura que va a estar contigo en la hermosa historia que hoy inicias. El que llama es fiel. Esa experiencia de gracia, en medio de tu fragilidad humana, te llena de confianza serena, de responsabilidad esperanzada. Sabes que la fidelidad de Dios, como nos recuerda el Papa Francisco, se manifiesta como fuerza, ternura y misericordia. De ahí brotará el aliento de tu nuevo ministerio.

2. La fidelidad de Dios acompaña siempre el ser de la Iglesia, es el fundamento de su misión y la fuerza de su servicio al mundo. Es el mensaje que brota de la Palabra de Dios que se nos ha regalado en esta celebración.

En el texto del Deuteronomio (26, 16-19), proclamado en la primera lectura, Israel, como pueblo, confiesa su fe en el Dios de la alianza, que cumple sus promesas. El Dios fiel, que le elige para ser su propio pueblo, pueblo santo, con una singular misión entre los pueblos de la tierra.

Con palabras de Benedicto XVI, podemos decir hoy lo mismo de nuestra asamblea: «En el “sí” fiel de Dios se inserta el “amén” de la Iglesia» (Audiencia 30.5.2012). Con esa actitud se encuentra hoy reunida la Iglesia de Osma-Soria: los sacerdotes que van a ser tu presbiterio, los consagrados en el seguimiento de Cristo, los movimientos apostólicos y los cristianos de las diversas parroquias y arciprestazgos que sienten el significado eclesial de este acontecimiento… Esta porción del Pueblo de Dios que se hace aquí presente con la variedad de sus carismas y ministerios, quiere ratificar su “amén” y está ante el Señor en actitud orante y agradecida para acoger el don que para ella es el ministerio del obispo. Porque gracias a la acción de Dios, el obispo, incorporado al colegio episcopal, en la comunión de la Iglesia, garantiza y hace visible en esta iglesia local la sucesión y el ministerio de los apóstoles, en un dinamismo evangelizador que llegó hasta estas tierras y que nosotros debemos continuar.

3. Esta comunión y esta misión evangelizadora es el tesoro que debes guardar, querido Abilio, en la Iglesia que el Señor te confía. Es el “ministerio de amor” (officium amoris), según lo definía san Agustín (In Io. 123,5), que realizarás como compromiso de fidelidad y de servicio. Vas a ser consagrado por el Espíritu Santo para ser don de Dios, don que no te pertenece, pues es don para esta Iglesia de Osma-Soria, que hoy te recibe con los brazos abiertos.

Es lo que escuchábamos en la segunda lectura (1Tes 5, 12-24). En su carta a los Tesalonicenses, Pablo pide a los hermanos que muestren estima y amor a quienes les cuidan y trabajan por ellos. Y a continuación les exhorta a vivir la comunidad con los rasgos propios de los discípulos de Jesús, abiertos al Espíritu para acoger la variedad y riqueza de sus dones. Esa será tu tarea en la nueva familia de Dios que por voluntad suya has de regir, acompañar, edificar y confirmar en la fe de la Iglesia. Como dispensador de la gracia de Dios, con una entrega incondicional a todos, para que la comunidad eclesial sea vivida por los fieles de la diócesis como el hogar en el que celebran su fe, en el que redescubren continuamente el gozo del Evangelio, en el que asumen y se sienten responsables de una misión que les compromete con los demás hermanos, especialmente con los más frágiles y necesitados. Para ello es útil recordar el consejo que Ignacio, el obispo de Antioquía apasionado por Cristo, daba a Policarpo, obispo de Esmirna: “Busca la unidad, que es el don más precioso (I,2), y para lograrlo dirígete a cada uno por su nombre” (4,2).

4. Sí. El que te ha llamado es fiel. Y su fidelidad misericordiosa nos desborda, va siempre por delante de nosotros. Así lo escuchábamos en la lectura del Evangelio (Mt 5, 43-48): el Dios fiel hace salir el sol sobre buenos y malos y envía la lluvia sobre justos e injustos, a fin de que todas sus criaturas puedan gustar el sabor de la vida. En el Antiguo Testamento había mostrado ya su sensibilidad y ternura hacia el extranjero, el pobre, el huérfano, la viuda. Ahora por medio de Jesús, el rostro de la misericordia (misericordiae vultus) del Padre va mucho más allá, hasta lo insospechado: hasta amar también a los enemigos, a los que nos desprecian, incluso a quienes nos persiguen. Sólo así seremos hijos fieles del Padre e imitaremos la perfección propia de Dios; o, como dice el texto paralelo de Lucas, seremos misericordiosos como nuestro Padre es misericordioso (6,36).

Ese es el camino que debe recorrer el obispo en su “oficio de amor”, rodeado por su presbiterio y junto con toda su Iglesia. Con un corazón grande y sensible, la mano tendida y el diálogo abierto ante quienes más lo necesitan: los más desfavorecidos y los más alejados de Dios. Ya desde la antigüedad el obispo era visto como padre y defensor de los pobres, considerados como el verdadero tesoro de la Iglesia; también hoy seguirás encontrando ese tesoro en los rostros desfigurados por la miseria, en las llagas de tantas vidas heridas o fracasadas, en las víctimas de injusticias intolerables, en la impotencia y tristeza de nuestro mundo rural despoblado y envejecido.

En ti se va a dar cumplimiento aquella promesa consoladora: “Os daré pastores según mi corazón” (Jer 3,15), que culmina en toda su plenitud en Cristo, nuestro único y buen Pastor. Pero como elegido para ser Pastor de esta diócesis de Osma-Soria, eres heredero del amor de Cristo. Ser pastor con el estilo de Jesús, amando con su propio amor a los fieles que te confía, significa empeño, trabajos, solicitud y entrega sin reservas de la propia vida. Significa ser signo efectivo de su cercanía, sembrador de esperanza y misionero de su misericordia. Significa servir, ante todo servir; este es el fin de todo ministerio en la Iglesia y muy especialmente del ministerio del obispo: ser servidor humilde y fiel de Jesucristo y de su Iglesia; y ser servidor del pueblo que se le ha encomendado: servidor de la fe, de la verdad, de la comunión, de la caridad evangelizadora, de la reconciliación, de la esperanza, de la paz…

Hoy han querido acompañarnos en esta celebración, mostrando su respeto y reconocimiento, representantes de las instituciones públicas y de la sociedad civil que valoran la aportación del obispo y de la Iglesia al bien común. Crearéis sin duda numerosos espacios para el encuentro y la colaboración con todos, cercanos o lejanos, pues el Dios misericordioso envuelve a todos en un mismo abrazo.

5. Querido Abilio: Termino con unas palabras del Papa Francisco, dirigidas a un obispo en su ordenación episcopal (Mons. Angelo de Donatis, obispo auxiliar de Roma, 9-11- 2015): “Vela con amor por todo el rebaño, en el cual el Espíritu Santo te pone a regir la Iglesia de Dios. En el nombre del Padre a quien vas a hacer presente con tu solicitud paternal. En nombre de Jesucristo su Hijo de quien eres constituido maestro, sacerdote y pastor. Y en nombre del Espíritu Santo que da vida a la Iglesia y sostiene nuestra debilidad”. Nuestra Señora, la Virgen fiel, invocada aquí en el Burgo de Osma como patrona bajo la advocación de Nuestra Señora del Espino, te seguirá acompañando y confortando; también san Pedro de Osma y santo Domingo de Guzmán, patronos de la diócesis; y san Saturio, patrono de la ciudad de Soria. Bajo la protección de Nuestra Madre y de estos santos patronos te deseamos un feliz ministerio con abundantes frutos de santidad y fecundidad apostólica.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s